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Se puede afirmar que con la publicación, en 1919, del Diccionario de costarriqueñismos (1), por el profesor Carlos Gagini, se inician los estudios académicos sobre el español de nuestro país. A partir de ese momento, y durante casi todo el siglo XX, se han publicado bastantes trabajos descriptivos de esta variedad dialectal, aunque por supuesto su número es reducido si se compara con los realizados para el español de otros países. La mayoría de estos trabajos están metodológicamente fundamentados en principios de la geografía dialectal, de la dialectología y, en épocas más recientes, enfocados desde la sociolingüística. Todos ellos han dado una esclarecedora visión de los elementos característicos del español de Costa Rica y han ayudado también a orientar la comprensión de nuestra diversidad lingüística, además de proporcionar importantes bases para la toma de decisiones en cuanto a políticas lingüísticas se refiere. No obstante, falta aún mucho camino por recorrer y, en este sentido, se propone aquí un nuevo acercamiento al estudio del español de Costa Rica: el enfoque pragmalingüístico.
La pragmática lingüística no es una corriente nueva dentro de nuestro campo pero su aplicación sistemática al análisis de parcelas lingüísticas sí es reciente. Dentro de esta perspectiva, se rescata la participación del hablante como elemento fundamental para entender el uso del lenguaje. Así, a diferencia de las corrientes que consideran el lenguaje como una abstracción (gramática normativa, estructuralismo lingüístico o gramática generativa, por ejemplo) desligada de la realidad de uso, la pragmática lingüística propone más bien el análisis del lenguaje a partir siempre del uso y de los propósitos que el hablante tenga al emplearlo. Por ello, el contexto de comunicación tiene una importancia capital para esta corriente pues es el espacio de comunicación en el que los enunciados adquieren sus significados.
Dentro de los estudios de pragmática lingüística, tradicionalmente se toman en cuenta aspectos como el estudio de los deícticos, elementos de la lengua que solo puede interpretarse en su relación con el contexto; de los actos de habla, como las unidades básicas para estructurar los intercambios de habla; y todo lo relativo al significado nn, como lo llama Grice (1976) en tanto que se plantea que el hablante siempre comunica más de lo que dice. Dentro de lo comunicado (pero no dicho) por el hablante, se hace referencia a las implicaturas y especialmente a su función dentro del proceso de negociación del significado. Todos estos elementos se analizan, sobre todo, en la estructura de la comunicación oral. Por último, y más recientemente se han incluido, dentro de los estudios de corte pragmático, análisis sobre las estrategias de cortesía verbal que usan los hablantes.
El interés por el estudio de la cortesía verbal surge a partir de los postulados de Goffman (1967), que luego serán desarrollados ampliamente por Brown y Levinson (1987) y se centran en determinar cómo los hablantes mantienen una imagen social (face) por medio de sus conversaciones. Según este modelo, cada hablante posee una imagen social con dos componentes básicos: la imagen social positiva y la imagen social negativa, las cuales definen como sigue: "Central to our model is a highly abstract notion of "face" which consists of two specific kinds of desire ("face wants") attributed by interactants to one another: the desire to be unimpeded in one's actions (negative face), and the desire (in some respects) to be approved of (positive face)."
Postulan este concepto como universal y a los comportamientos de los individuos, tendientes a satisfacer esta imagen, los denominan "face work" (actividades de imagen). Sobre esta base, describen una serie de estrategias que los hablantes ponemos en práctica para atenuar la amenaza implícita a la imagen negativa que suponen ciertos actos verbales, especialmente las órdenes y las aserciones. Por otra parte, también describen cuáles son las estrategias típicas de refuerzo a la imagen positiva, las cuales se concretan generalmente en actos de habla como el saludo, el cumplido y el agradecimiento. Habría, además, formas de evitar actos típicamente amenazadores de la imagen negativa del otro, los cuales son necesarios en las interacciones verbales de los hablantes: los llamados actos indirectos de habla, en los cuales se comunica por medio de implicaturas. Este tipo de actos revisten suma importancia pues reflejan la concepción que una comunidad lingüística tiene de lo que es ser cortés verbalmente ya que, por medio de ellos, se evidencian estrategias que los hablantes emplean para no dañar la imagen del otro. En última instancia, constituyen un elemento fundamental para deslindar lo que una comunidad de hablantes considera como su identidad en términos del uso del lenguaje.
No obstante lo anterior, la validez de universalidad de este concepto de "face", tal y como lo definen Brown y Levinson, ha sido cuestionada en estudios posteriores. En primer lugar, Matsumoto (1988), al estudiar la cultura japonesa, encuentra que partir de la noción de individuo no es posible si se quiere llegar a tener una idea de cómo funciona la cortesía verbal dentro de esta comunidad. Por ello, rechaza la visión individualista que Brown y Levinson asignan al concepto de imagen (es el individuo el que protege o proyecta su imagen) y más bien propone la idea de que la imagen se construye a partir del grupo social: "A Japanese generally must understand where s/he stands in...
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