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En la década de 1980, los investigadores Alvaro Quesada Soto y Juan Durán Luzio rescataron exitosamente la novela futurista de Máximo Soto Hall El problema (1), la cual, en 1899, había sido publicada en Costa Rica por la imprenta Lines. La novela, considerada la primera novela antiimperialista (2), cuyo desenlace implica la anexión de Centroamérica a los Estados Unidos en 1928 y, por otra parte, las tensiones políticas vividas en Centroamérica durante la década mencionada, en gran medida suscitadas por las continuas intervenciones de los Estados Unidos, se establecía un paralelismo que justificaba plenamente su rescate (3). Ambos investigadores señalaron, entonces, el desconocimiento de la novela en el medio costarricense y la falta de interés por parte de la historiografía y la crítica literarias costarricenses (4).
Gracias a sus aportes, la novela se editó por primera vez en Costa Rica después de 93 años y ha sido incorporada al 'corpus' literario costarricense; sin embargo, faltan piezas en el rompecabezas. ¿Se origina la omisión de la novela (6) en la falta de repercusión entre los contemporáneos de Soto Hall? (7). La coyuntura histórica parece indicar lo contrario, pues en la década de 1890 se combinó una fuerte preocupación nacionalista en Costa Rica y los efectos de la Guerra del 98, además, Soto Hall participó activamente dentro de la intelectualidad costarricense y, desde el punto de vista literario, la inclusión de la temática antiimperialista es frecuente en la incipiente literatura costarricense.
Después de una revisión de los periódicos publicados en los meses de setiembre a noviembre de 1899, disponibles en la Biblioteca Nacional, resulta evidente que El problema causó polémica, y en ésta se advierte el interés de la generación del Olimpo por confirmar un corpus de literatura costarricense, así como las tensiones internas de esa generación a la hora de plantear el proyecto de la formación de la nación, pues trascendieron posiciones ideológicas encontradas ante la novela de Soto Hall.
Entre los periódicos revisados, encontré artículos y notas en los siguientes: La Revista, La República, El Heraldo de Costa Rica, La Prensa Libre, El Tiempo y El Anunciador Costarricense, órgano dirigido por María viuda de Lines, la propietaria de la imprenta Lines. La Biblioteca Nacional no conserva la totalidad de los ejemplares publicados en los meses indicados y eso impidió consultar artículos de cuya existencia sabemos gracias a otras fuentes. El artículo escrito por "El Bachiller", por ejemplo, en el primer número del periódico El Progreso es mencionado por Néstor Daeciez en un artículo de La República, y el artículo de Francisco García Cisneros aparece consignado en la sección "Revista de la Prensa" de La Prensa Libre del 7 de noviembre de 1899 (8).
1. La publicación de El problema
En primer lugar, esta revisión nos permite constatar que la salida al mercado de El problema de Máximo Soto Hall se había anunciado prácticamente con una semana de anticipación, en la primera plana de El Anunciador Costarricense (del 1 de setiembre), periódico de la imprenta Lines. La fecha de publicación de la primera edición de la novela, cuyos ejemplares de tapa amarilla se vendían a 75 centavos, corresponde al 6 de setiembre de 1899, así lo informan La Revista, y El Heraldo de Costa Rica (9); y en su salida al mercado, en fechas aproximadas, la acompañaron dos obras costarricenses más: Odas breves y leyendas y Costa Rica pintoresca, escritas respectivamente por Emilio Pacheco Cooper y Manuel Argüello Mora, que formaban parte, al igual que Máximo Soto Hall, de la llamada generación del Olimpo. Esta primera generación de literatos costarricenses la conformaban los miembros de la oligarquía liberal quienes, en los albores del siglo XX, buscaban cómo construir y formar la identidad costarricense (10).
Al respecto, el 6 de setiembre publica La Prensa Libre que "gracias á aquellos escritores, se interrumpirá la monotonía de nuestra vida cotidiana" y señala:
Indudablemente hay progreso literario, si alguien lo negare, sírvanse recordar que en la era de nuestras dos veces madres no se publicaban novelas sino novenas, y en vez de diarios el almanaque del año, cuando más (11).
La misma opinión externa Marjolín en La Prensa Libre del 21 de setiembre de 1899, al señalar que la literatura nacional está haciendo 'su estreno': "días ha se nota cierta corriente de literatura y cierto resuello de literatos y aspirantes á literatos, que antes no lo había" (12). Según las investigaciones recientes sobre la historia literaria costarricense, Marjolín y La Prensa Libre no se equivocaban. Quesada señala que la novela de Soto Hall debería "ser considerada cronológicamente la primera novela nacional, de no haber sido escrita por un guatemalteco" (13). Por otra parte, la cronología de acontecimientos culturales en Costa Rica realizada por Margarita Rojas, demuestra que hasta esa fecha se publicaban, en periódicos generalmente, la vitrina ideal para los futuros escritores (14), crónicas, novelas de folletín, cuentos, fábulas y sobretodo cuadros de costumbres (15).
La novela no puede desligarse de la 'polémica sobre nacionalismo literario', que inició en 1894 y tuvo repercusiones hasta 1900, fecha de publicación de El Moto, texto considerado como la primera novela costarricense. En la primera parte del debate realizado en 1894, los miembros de la generación del Olimpo, a raíz de la publicación de Hojarasca de Ricardo Fernández Guardia, formaron dos bandos: los nacionalistas, quienes defendían el potencial artístico autóctono y sostenían la importancia de inspirarse en 'material' nacional para consolidar una cultura nacional; y los cosmopolitas quienes contaban entre sus filas con Fernández Guardia, según los cuales Costa Rica no proporcionaba material de base para la producción artística. Fernández, en respuesta al nacionalista Gagini, escribió "se pudo sacar la Venus de Milo, de una parisiense graciosa la Diana de Houdon (muy señora mía); pero de una india de Pacaca solo se puede sacar otra india de Pacaca" (16).
Al parecer, Soto Hall quiso demostrar que el medio costarricense sí tenía posibilidades de surgir (17) y, además, de hacerlo sin necesidad de utilizar el 'habla local' (18), comúnmente utilizado en los cuadros de costumbres mencionados. Señala Marjolín:
Muy provechoso es esto, sobre todo para mostrar al mundo extranjero que no somos tan sonsos en materia de arte como por allá nos creen; y sobre todo que tenemos hermoso filón dentro de la casa, que podemos explotar. En lo que sí no he formado criterio todavía, es en lo de si esas obras tendrán de veras mérito artístico ó no lo tendrán (19).
Por otra parte, así como se anticipa la publicación, se anticipa el recibimiento de 'juicios' sobre El problema, pues algunos ya habían leído el libro en cuartillas y lo habían calificado de "libro de combate merecedor de quieta lectura" (20). Marjolín escribe que, generalmente, en este 'mundillo literario', al día siguiente de la publicación aparecen en los periódicos "la sarta de elogios y lisonjas que estaban preparadas desde un mes antes de forjar la obra su autor" (21).
Vale la pena adentrarse en la dinámica periodística de fin de siglo para comprender mejor lo indicado por Marjolín. Entre 1870 y 1890, "empieza a consolidarse un grupo de lectores interesados en la literatura nacional e internacional", el periodismo costarricense se consolida, la cantidad de impresos crece desmesuradamente. Esto último debido al avance tecnológico y a la necesidad, en un país cuya población y dispersión geográfica aumentan, de los partidos políticos de buscar simpatizantes (22).
Sin embargo, señala Patricia Vega para el período 1870-1890, un grupo de 32 escritores "permanece publicando en los periódicos de manera sistemática" y participan en más de un impreso a la vez y cita el caso de Rafael Machado, uno de los colaboradores de La Prensa Libre quien, además, es redactor o responsable en los siguientes periódicos: La República, Costa Rica Ilustrada, El Anunciador Costarricense, Diario Costarricense, Un Periódico, El Correo de Costa Rica y El Heraldo de Costa Rica (23). Soto Hall, por ejemplo, colaboraba en el periódico El Heraldo de Costa Rica, el cual había sido fundado por Pío Víquez, y el novelista --junto al salvadoreño Alberto Masferrer-- había fundado El Diario de Costa Rica en 1885; José María Zeledón estaba vinculado con La Prensa Libre, Eduardo Calsamiglia colaboraba con el periódico La Revista y Antonio Zambrana publicaba en Costa Rica Ilustrada, El Heraldo de Costa Rica y en La Prensa Libre.
Esta participación múltiple se debe a que "los periódicos empiezan un proceso de especialización y los escritores se adecuan a los intereses de cada uno". Además, el periodismo no es un oficio "permanente ni remunerado", los que desean escribir en un periódico por anticipado deben pagar entre 0,30 centavos y un peso por texto, dependiendo del "tipo de letra, la extensión del texto y los elementos icónicos que lo acompañan" (24). Debían, entonces, disponer de suficiente capital para mantener activa esta participación.
Asimismo, en el período estudiado por Vega Jiménez, el principal tema del selecto grupo de escritores no gira entorno a la política, sino a la literatura. Constata Vega Jiménez que la crítica literaria y la polémica nacionalista ocupan una posición...
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