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El "estado de gracia poético"
no es una visitación de Dios ni un soplo sagrado, sino una percepción más profunda del hombre y del universo, y, sobre todo, una percepción "verbal" que nace y se revive sólo en la escritura de un texto. La conclusión socrática -y luego sobre todo la platónica--atribuye el saber poético a una fuerza en cierto modo externa al creador y que con los siglos recibirá muchos nombres: musa, demonio, ángel, soplo de los dioses. Se trata, en suma, de la "inspiración", ambiguo vocablo. Por cierto que la inspiración -el estado favorable a la creación- no viene defuera, no es una gracia divina en el sentido propio de la expresión, no es un soplo o una voz que dicte palabra alguna al creador. Es simplemente un extraño y poderoso estado del espíritu que muchos poetas describen como si se hubiera abierto un nuevo espacio inusual, en el interior del alma, como si se hubiera alzado la barrera de la rutina que hace grises todas las cosas. En este estado especial el alma está como musicalizada y en armonía con el ritmo universal, o, mejor dicho, el lenguaje se apodera del alma y hace que todo se sienta en forma de lenguaje. La poesía no es un saber de segundo orden ni un conocimiento celestial: es simplemente la creación más alta de esa realidad obvia y, sin embargo, misteriosa que llamamos el lenguaje.
José Miguel Ibáñez Langlois (2)
La experiencia mística
La experiencia mística es la experiencia de la relación personal del alma con Dios, al...
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