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En todas las culturas, latinoamericanas o no, el desarrollo de cualquier actividad cultural depende de las instituciones establecidas para instruir, para fomentar y para dirigir el rumbo que dicha actividad debe tomar dentro y fuera de las fronteras nacionales. En El Salvador de hoy en día, por ejemplo, el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) es una de las instituciones de mayor relieve con varias dependencias que hacen posible la difusión de la cultura, tanto a nivel nacional como internacional (1). En el campo de la literatura, esta organización, a través de la Dirección de Publicaciones e Impresos, no sólo intenta reconstruir los valores literarios que por diversas razones en la historia del país se fueron estancando, sino también difundir ampliamente la producción del libro salvadoreño y proyectarlo más allá de las fronteras.
Inicialmente, bajo la dirección del pintor Roberto Galicia, CONCULTURA ha logrado escalar a dimensiones nunca antes intentadas. Además de editar y publicar obras completas o selectas de autores nacionales, dicha institución ha emprendido la tarea de promoción y difusión masivas de la literatura salvadoreña. En 1996, se publican los primeros diez volúmenes de la Biblioteca Básica de Literatura Salvadoreña y en 1997 se lanzan los próximos diez al mercado local y mundial. El proyecto, que tenía como objetivo la publicación de treinta obras de los mejores autores nacionales, logró su objetivo en 1999 con la publicación de los últimos diez volúmenes. Los escritores seleccionados van desde los clásicos Francisco Gavidia, Alberto Masferrer, Arturo Ambrogi, Claudia Lars y Alfredo Espino hasta los más contemporáneos como Roque Dalton, Álvaro Menén Desleal, Matilde Elena López y Claribel Alegría, con un tiraje de 50,000 copias para cada uno de los treinta autores.
Las excelentes actividades de CONCULTURA demuestran cómo la cultura del país está dirigiéndose hacia el progreso a pasos inusitados. De instituciones como ésta dependen el desarrollo y la vida de las diversas ramas culturales y es en ellas donde esencialmente los creadores encuentran apoyo. Más importante aún, en calidad de entidades oficiales a cargo de la cultura, su papel es contribuir al florecimiento cultural de la nación y marcar los senderos para la superación y salvación intelectual de las futuras generaciones. Ahora, veamos cuáles eran las principales instituciones con vehículos propiciadores de una agitación cultural en El Salvador de antaño y sobre todo las que contribuyeron a formar vasos comunicantes e intelectuales en las distintas ramas del saber.
En Centroamérica, en general, es importante destacar el sofisticado auge cultural al que se llegó especialmente en el siglo XVII, el cual tuvo mucho que ver con la implantación de instituciones claves y medios para la difusión de la cultura. La región era una unidad geográfica y lo que se aplicaba a Guatemala que era la ciudad capital se aplicaba a las otras provincias que en años posteriores pasarían a tener su propia identidad. En 1660, por ejemplo, llega la imprenta al Reino de Guatemala, la Universidad se funda en 1676 y la Nueva Catedral en 1680. Los conventos también eran de gran importancia porque como afirma Eduardo Arellano, "donde había conventos abundaban los libros" (1987, p. 23), y era precisamente a través de los libros que se estimulaba el intelecto y se mantenía contacto con el mundo transoceánico. El ejemplo americano de más relevancia es el de la mexicana Sor Juana Inés de la Cruz quien por sí misma y con la ayuda de los libros que logró adquirir, llegó a ser la intelectual más destacada de su época.
Las actividades culturales que estaban gestándose durante ese período, gracias al respaldo de la diversidad de instituciones, logran entablar el camino para las futuras generaciones cuyas producciones artísticas, literarias y de otra índole se han venido manifestando hasta el presente. Obviamente, el progreso cultural de las cinco fracciones territoriales que conformaban...
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