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Sabemos desde Barthes que lo real no es representable, sino solamente demostrable pues no se puede hacer que coincidan un orden pluridimensional, como lo es la realidad, con un orden unidimensional, como lo es el lenguaje, en nuestro caso, la literatura. De ahí, que este trabajo se inscriba dentro de esa línea y pretenda hacer un análisis literario de un personaje literario. No obstante, y retornando de nuevo a Barthes, la literatura "... es el resplandor mismo de lo real ella hace girar los saberes, ella no fija ni fetichiza a ninguno, les otorga un lugar indirecto ... la literatura no dice que sepa algo, sino que sabe algo de algo ..." (1). Las afirmaciones citadas nos permiten abordar el texto desde la literatura, sin dejar de leer en él las conexiones que se establecen con alguna realidad.
El tibio recinto de la oscuridad (2) del autor costarricense Fernando Contreras, demuestra que la sensibilidad de género puede ser expresada por algunos escritores, que el género masculino es capaz de percibir y entender la complejidad de lo femenino, y sobre todo, de expresarlo desde el lenguaje, construido para manifestar en formas gramaticales masculinizadas, aquello que es común a los humanos, por tanto, aborda solamente a los aspectos masculinos, y desde esta perspectiva, se nos impone una particular visión de mundo.
Así, por ejemplo, el mismo García Márquez ha reconocido que sus mujeres son mujeres varoniles, de ahí su fuerza como personajes "femeninos". Este no es el caso de ella, la mujer sin nombre, protagonista de la obra de Contreras. A partir del lenguaje ella, como personaje, se construye a sí misma: mujer. Por ser una mujer sin nombre, podríamos asegurar que se constituye en plural, es decir: mujeres. Aunque conserva rasgos particulares que la individualizan, por ejemplo: su oficio de escritora o su decisión de aislarse del mundo, en el senectario. Su género sexo (3) y su condición la vuelven plural, es ella quien representa a miles de mujeres que de alguna manera viven, padecen y gozan de las mismas situaciones.
"En mi sueño alcancé a la niña en mi sueño la mecí en mis brazos la arrullé con un canto antiguo, la alcancé sobre mi cabeza y vi su rostro: la niña era yo misma de...
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