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COPYRIGHT 2002 Prohistoria
Resumen
Martín González de Cellorigo ha sido considerado, por lo general, un arbitrista. Este término, si bien no permite establecer ningún tipo de filiación específica, ha sido interpretado comúnmente como sinónimo de economista--lo que constituye un anacronismo que, por lo demás, no elimina la indefinición. Esta visión, que ha predominado en los distintos análisis realizados sobre su Memorial publicado en el año 1600, no ha sido la única- Otras buscaron indagar en su doctrina política, o enfatizaron sobre sus disquisiciones explicativas acerca del declive de la hegemonía castellana. Sin embargo, casi todas estas interpretaciones tienden a ubicar al autor del Memorial como un precursor del pensamiento
laico. Este trabajo se propone ubicar texto y autor en la compleja dimensión del entramado social, evitando asignarle intenciones e influencias más allá de las expresamente manifestadas. Se considera que si realmente se aspira a comprender aquella sociedad, cuya trama no se tejía sobre nuestros marcos conceptuales sino merced a relaciones que comportan para nosotros un completo extrañamiento, la vía más adecuada es la de atender a las representaciones de los propios autores, respetando e intentando reconstruir su alteridad antes que nuestra contemporaneidad fuera de tiempo.
Palabras Clave
Siete Partidas--justicia distributiva--gracia real--paradigma jurisdiccionalista--Inquisición--crisis
Abstract
Martin González de Cellorigo has generally been considered an arbitrista. This concept, even though it does not allow us to establish any specific meaning, has traditionally been interpreted as a synonym of "economist"--which, in some sense, is an anachronism. This view, which has prevailed among the different analyses about his Memorial published in 1600, has not been the only one. Other views tried to inquire into his political thought or focused on its explanations about the decline of the Castile hegemony. However, almost all these interpretations tend to consider the author as being a pioneer of lay thought.
This article places the Memorial and its author within his social and cultural context, avoiding assigning it intentions and influences beyond those clearly stated. It considers that the best way to understand the society of Cellorigo's time is to reconstruct his representations from that reality, without giving them a contemporary character.
Key Words
Siete Partidas--distributive justice--royal favor--jurisdictional paradigm--Inquisition--crisis
Introducción
La España que fuera testigo de la construcción del Escorial, de la Plaza Mayor de Madrid, de las pinturas de "el Greco" y de Velázquez, de obras inmortales de la literatura como El ingenioso Hidalgo ..., ofrecía, como ocurría en otras sociedades del momento, una contracara no tan brillante. Una gran crisis se abría paso sobre Castilla en los años que daban cierre al siglo de la gran expansión imperial. Un tiempo de magnificencia arquitectónica y brillantez literaria que había tenido su correlato en el orden geopolítico y en la exaltación religiosa, sentía nacer en sus entrañas los elementos que a la postre se tornarían capaces de conducirlo a su decadencia y descomposición.
El hambre y la peste, muy a menudo olvidados cuando se hace referencia a aquel denominado Siglo de Oro Español, (1) arreciaban en esos años. Los campesinos y los sectores medios de las ciudades, soportes esenciales de la tributación, iban a constituirse en las víctimas más inmediatas. El número de pobres y menesterosos, que deambulaban ajenos a las maravillas que el arte estaba produciendo, se incrementaba sin cesar. Éstos eran quienes padecían las más graves afecciones, pero no eran los únicos. Algunas fracciones de la aristocracia también acusaron un duro golpe. Como muy bien señala Bennassar, para una misma época, en un mismo país, numerosas gentes pueden vivir una edad de hierro, mientras que otros conocen un tiempo de esplendor. (2)
Entre aquellos que percibieron los síntomas de la crisis, hubo quienes dejaron importantes testimonios escritos. Memoriales, tratados, avisos, entre ellos los que comenzaban a conocerse con el nombre de arbitrios, intentaban llegar al monarca proponiéndole soluciones para los más diversos problemas. Recordemos que en coyunturas como la del período analizado, el rey acostumbraba consultar antes de tomar resoluciones. Estas consultas --tal el término que aparecía en aquellos llamamientos reales-- pueden ser interpretadas como una forma de buscar consenso por parte de la Corona; pero fundamentalmente, han de ser consideradas como un pedido de consejo, ante el cual los vasallos debían brindar una respuesta; un mecanismo que se encontraba en total consonancia con las relaciones de reciprocidad feudales. Estas vinculaciones con el rey eran "concebidas en términos de servicios y recompensas" (3), en el entramado de una sociedad que tenía aún fuertes concepciones pactistas. (4)
Desde la Baja Edad Media, puede apreciarse una creciente participación de "letrados" en las funciones gubernamentales. Esta política de promocionar especialmente a juristas, para ocupar importantes cargos, hizo que prosperaran las universidades y colegios mayores. El paso por una de estas instituciones brindaba la posibilidad de iniciar una carrera en la Corte. Los Colegios veían cómo, poco a poco, sus plazas iban siendo ocupadas por nobles. (5) Entre los numerosos funcionarios letrados encontramos, hacia fines del siglo XVI, a Martín González de Cellorigo. Oriundo de la Rioja, de modesta pero vieja nobleza castellana, se desempeñó durante veintiocho años como abogado de la Chancillería. Lo propio haría en el Santo Oficio. Rubricaba sus trabajos como "Abogado de la Real Chancillería y del Santo Oficio de la ciudad de Valladolid". En 1619, firmaba una alegación como "Juez de bienes confiscados" de la Inquisición de Toledo. La obra que aquí nos ocupa, (6) respondía, según él mismo lo señalaba, a un pedido que oportunamente le realizara el Rey Felipe II (7). A la muerte de éste, decide ofrecer el memorial al entonces reinante Felipe lII, para "servir, obedecer ... socorrer y ayudar a todos los buenos propósitos, mandatos, deseos de V.M...." (8)
Por lo general, los historiadores han considerado y consideran a Cellorigo un arbitrista. Este término tiende a ser interpretado como sinónimo de economista. (9) Tal vez por esta razón, han sido analizados preferentemente los aspectos económicos del memorial, sesgando de alguna manera la percepción que de los problemas de aquella sociedad este autor poseía. Consideramos que resulta necesario volver al memorial de Cellorigo despojados de presupuestos que impidan realizar una lectura más compleja del mismo. Nuestra propuesta es revisitar esta obra apostando a lograr una visión integradora de los problemas allí tratados, privilegiando reconstruir su alteridad antes que nuestra contemporaneidad fuera de tiempo. Si en el siglo XVII no se especulaba separadamente sobre política, economía o religión, estimamos inadecuado que se pretenda parcelar o, lo que es aun más grave, etiquetar con categorías actuales a quienes produjeron sus escritos con un marco referencial por completo extraño al nuestro y cuyo universo categorial nos resulta igualmente ajeno.
Cellorigo parcelado
La mayoría de las obras de arbitristas se corresponden cronológicamente con la decadencia y crisis de la hegemonía castellana, (10) en virtud de lo cual las soluciones que en estos escritos se proponen se enmarcan fundamentalmente en el intento de superar esa situación. Puesto que las interpretaciones acerca de la crisis del siglo XVII en España se han abocado sobre todo a abordarla en términos económicos, la mirada inquisidora de los estudiosos buscaba leer en los textos de la época sólo los aspectos que remitieran específicamente a estas cuestiones. Por esta razón se han dejado de lado, en numerosas ocasiones, ciertos conceptos que podrían enriquecer notablemente esos mismos análisis.
Así, cuando Pérez de Ayala comienza su "Estudio Preliminar" de la obra, titula el primer apartado "El 'economista Cellorigo'", haciendo referencia a distintos historiadores que han apreciado al autor del memorial como economista profesional. (11) Ayala, lejos de separarse de esta postura, la profundiza. Lo considera como un teórico de la política financiera, un adelantado "a las más avanzadas corrientes teóricas de la Ciencia Económica." (12) A diferencia de lo que sostienen la mayoría de los autores, nos dice que
"las ideas de Cellorigo no son --me atrevería a afirmarlo rotundamente-- las de un arbitrista [...] su Memorial es muy pobre en fórmulas y soluciones salvadoras, además de prudente y mesurado. El mayor mérito suyo está en el que (con un lenguaje moderno) calificaríamos análisis económico-positivo (macroeconómico, para ser más exactos) sobre la realidad de su tiempo." (13)
Ya en la década de 1950, dentro de esta misma tónica, Pierre Vilar lo había considerado un precursor en cuestiones económicas:
"El hombre ha penetrado en el corazón del problema ... Opone a la masa productora la masa parasitaria [...] descubre claramente el juego de la deuda pública (los 'juros') y de la deuda privada (los 'censos'), por cuyo medio la garantía del dinero de las Indias ha permitido en España una inflación de títulos-papel. Anticipándose a Lenin, Cellorigo nos describe lo que espera a los pueblos que viven de 'cortar el cupón'." (14)
Más adelante, enfatizando aún más su carácter progresista, señala que lo admirable es que haya vinculado la superestructura mítica y mística de su país y de su tiempo al carácter parasitario de la sociedad. (15)
Por su parte, Bartolomé Yun Casalilla lo incluye como referente en un análisis que privilegia casi exclusivamente lo económico: "El capital urbano, mercantil o no, huye hacia prácticas inversoras rentistas y poco productivas desde el punto de vista económico general. Todo ello no hace sino ratificar las impresiones de algunos coetáneos, como Cellorigo ..." (16) Con posterioridad lo retoma también al analizar la decadencia de la agricultura castellana. (17)
No han faltado, por supuesto, las miradas realizadas desde otras perspectivas. J.H. Elliott lo define como "uno de los más agudos arbitristas". Su trabajo se centra en analizar las diversas interpretaciones que de la decadencia castellana tuvieron los contemporáneos, en este sentido, entonces, destaca los conceptos de "declinación" y "restauración" que atraviesan el memorial. (18)
En su excelente libro La España del Siglo de Oro, Bartolomé Bennassar contempla numerosos elementos de la obra de Cellorigo, a quien define como "uno de los reformadores más audaces de su tiempo." (19) No repara sólo en lo económico, sino que considera sus propuestas desde ángulos más abarcadores. En este sentido, atiende a diversos aspectos del memorial, incorporándolos en su trabajo en concordancia con los temas que va desarrollando. Finalmente, juzga sus proyectos entre las "... reformas 'progresistas', portadoras de valores burgueses, cuyos exponentes más notables, a caballo entre los dos siglos, eran precisamente Pérez de Herrera o González de Cellorigo." (20)
Por su parte, en un artículo muy sugerente, Jesús Villanueva propone situarlo dentro del contexto intelectual de la época. Sostiene que "... falta un tratamiento monográfico de la parte tal vez más importante de la obra, la doctrinna política, pues su autor seconsideraba a sí mismo ante todo como 'político' y era en este aspecto en el que hacía residir su aportación más novedosa." (21) La novedad ya no radica en lo económico como cree Pérez de Ayala, sino en lo político. Afirma que Cellorigo, al tomar elementos de Maquiavelo y de Bodin, pretendía "... realizar su plan de introducir en España la ciencia política moderna, con la convicción de que ésta ofrecía la base de la política que la monarquía española debía seguir para enfrentar. se a la crisis que la cercaba." (22)
A nuestro entender, parcelar el análisis de la obra en económico, social o político, excluyendo otros aspectos, constituye un anacronismo. Cellorigo no era un economista, ni un político, ni un sociólogo, sencillamente porque esas distinciones, tal y como se las ha intentado considerar, no existían en el 1600, ni aún mucho tiempo después. Se pretende, desde diversas disciplinas --en este caso economía o ciencia política-- rastrear los elementos genéticos constitutivos de las mismas en las sociedades antiguas; partiendo de un objeto conocido y acabado, se intenta retrotraerlo hasta tiempos cuasi inmemoriales. Si realmente se aspira a comprender la sociedad de aquel momento, la única vía posible parece ser la de atender a las representaciones de los propios autores, quienes escribieron alejados de nuestra sensibilidad contemporánea y "ajenos a la génesis de nuestro propio mundo". Resulta necesario evitar el "efecto de modernización de la sociedad histórica, con el círculo vicioso de la evidencia que ya está en los presupuestos de la investigación." (23)
Como sostiene Clavero, en la sociedad europea moderna "... hay una economía que no resulta exactamente económica, un derecho que...
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