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COPYRIGHT 2003 Universidad de Concepcion
RESUMEN
El propósito de este trabajo consiste en desplegar ciertos argumentos que faciliten la tarea de esclarecer el problema genológico y el valor literario del ensayo. Para ello hemos recurrido a una distinción entre las poéticas esencialistas y condicionalistas. Estas últimas han resultado de mayor efectividad, en razón de que se ajustan mejor al examen de un género de la modernidad renacentista, no previsto por la poética clásica. Las poéticas condicionalistas plantean la propiedad literaria de los textos en relación con los niveles contextuales y no cotextuales. La estrucutura argumentativa del ensayo constituye la bisagra que reúne el ordenamiento más o menos sistemático del pensamiento, por lo que se acerca al discurso teorético, pero la preocupación pot la 'dispositio' y la 'elocutio' de las estructuraciones retóricas, lo proyecta hacia una noción artística.
PALABRAS CLAVES: Teoría literaria, poética, retórica, discursos ensayísticos.
ABSTRACT
The purpose of this work consists of unfolding certain arguments that facilitate the task of clarifying the gender issues and the literary value of the essay. For it we have resorted to a distinction between the essential theory and the conditional poetics. The latter has been of great effectiveness for they adjust better to the examination of a literary gender of Renaissance modernity, not anticipated by the classical poetic. The conditional poetics raise the literary property of texts in relation with the contextual and non co-textual levels. The argumentative structure of the essay constitutes the hinge that assembles the more of less systematic order of thought, reason why it approaches the theoretical discourse, but the preoccupation about the "dispositio" and the "elocutio" of the rhetorical structures projects it towards an artistic notion.
KEYWORDS: Literary theory, poetics, rhetoric, essay discourses.
EL ENFOQUE GENOLOGICO
ES NOTABLE que el ensayo, un género discursivo tan frecuentado, no cuente proporcionalmente con más estudios de profundo valor científico. Obviamente, no faltan trabajos que intentan penetrar con rigor los caracteres formales de este discurso, aunque en la mayoría de los casos son breves pero de pretensión panorámica o bien, simplemente, circunscriptos a aspectos muy específicos. Tampoco faltan, en el arborescente conjunto de estudios y tratados, las antologías, que parecieran constituir una tentación para los que frecuentan el asunto, organizadas por temas, cronologías o, lisa y llanamente, a partir de las preferencias del antólogo. En principio, nuestro interés por el discurso ensayístico se coloca al margen de los abordajes señalados, puesto que hemos centrado la atención en los aspectos formales del discurso ensayístico, desde una doble perspectiva, diacrónica y genológica (1). Desde un punto de vista teórico, si admitimos que discurso y contexto constituyen una unidad de análisis (2), podemos plantear la hipótesis de que, en determinadas situaciones de interacción social, se configuran géneros discursivos específicos, cuya particularidad consiste en la forma en que se haya codificado un contenido, operantes bajo condiciones pragmáticas determinadas. De acuerdo con este principio, nos proponemos tratar el discurso ensayístico con el propósito de indagar la inherencia moral que se sobreimprime en el mismo. Lo dicho debe entenderse en el sentido de que el ensayo es la forma más apta para la expresión de ciertos contenidos críticos (3), circunstancia que podría marcarse con claridad en períodos específicos: como por ejemplo, en momentos de la emergencia del género ensayo durante el Renacimiento (siglo XVI), la Ilustración (XVIII) --por tomar dos instancias de la cultura europea--, y el siglo XIX hispanoamericano. En todos los casos se produce una legitimación del espíritu crítico en consonancia con la admisión del género ensayístico como una opción discursiva indispensable.
Por otro lado, una segunda motivación guía nuestra reflexión genológica sobre el discurso ensayístico, la que procura inquirir en torno de su condición literaria. Como es sabido, la cuestión de los géneros constituye una de las disputas que ha protagonizado la historia de la poética, desde Aristóteles hasta nuestros días, y que no pareciera tener una solución definitiva (4). Si aceptamos el consenso existente en torno a la clásica división tripartita de los géneros literarios, el ensayo no podría ser considerado una escritura artística, de manera que una revisión de la clasificación genérica es uno de los problemas que debemos afrontar con la intención de dilucidar la especificidad literaria del discurso ensayístico. En suma, el estudio genológico nos permite realizar un movimiento de lo particular a lo abstracto, es decir, del texto al género, con el propósito de asentar de pleno derecho al discurso ensayístico dentro de la institución literaria.
DISCURSO ENSAYISTICO E INSTITUCION LITERARIA
Pero la sola revisión genológica no sería suficiente para despejar acabadamente los problemas planteados. Paul Hernadi ha abogado por una indagación más filosófica que histórica, en un intento de "describir algunos tipos básicos de la literatura que puede escribirse y no las numerosas clases de obras que se han escrito". De ahí que sitúe la discusión en el orden de la literatura y no solamente en los límites entre los géneros literarios (5). La reflexión teórica de Hernadi nos interesa por el hecho de que plantea la cuestión genérica dentro de los límites de la institución literaria (6).
Por lo tanto, el enfoque genológico del discurso ensayístico no puede eludir la pregunta sobre la institución literaria que lo admite o rechaza. En términos generales, la teoría de los géneros clásica le ha negado entidad artística al discurso apelativo-comunicativo por integrar la esfera de lo práctico y lo útil. Como lo apelativo-comunicativo es lo propio del ensayo, si pretendemos establecer su especificidad literaria habrá que situar el rasgo en el mismo nivel y con la misma entidad que lo expresivo-sintomático, cuya naturaleza literaria estaría fuera de dudas, en el proceso de comunicación artística (7). Para plantear el problema de los géneros simultáneamente con la pregunta sobre el ser de la literatura y evitar hundirnos en un abismo, el interrogante sobre el ser de la literatura debe formularse en relación con el discurso que intenta hablar de ella, es decir, el objetivo final --una ontología de la literatura-- se sustituye por el recorrido (8). Como la propiedad literaria del discurso ensayístico no es un asunto sencillo de resolver, su consideración no es para zanjarlo definitivamente, sino que, de su esclarecimiento, pretendemos obtener algunos puntos de apoyo para la orientación de nuestras reflexiones (9). El recorrido, entonces, puede allanarnos el camino tanto para la apertura de una cuarta categoría genérica (Hernadi, al igual que otros tratadistas, ha intentado superar el principio monista de clasificación genérica, recurriendo a la noción de sistema conceptual policéntrico (10)), como el planteamiento de una tipología del discurso, como lo prefieren Bajtín y Todorov, desde sus respectivos puntos de vista.
Por lo expuesto, nos ha parecido prudente adoptar una concepción del género partiendo de la doble condición que lo caracteriza, es decir, las permanencias sistémicas y las variantes históricas (11). El género literario, entonces, es un conjunto de constantes semióticas y retóricas, con cierta regularidad histórica y presente en un determinado número de textos literarios. Ello obliga, en primer término, a no confundir los nombres con las propiedades que los informan y en segundo, a hacer hincapié en la relación entre entidad estructural y fenómeno histórico (12). En el caso determinado del discurso ensayístico, el enfoque diacrónico es el que permite advertir que las primeras tipologías no fueron exhaustivas ni mucho menos podían prever el despliegue de géneros poéticos posteriores (13).
A la pregunta de cómo aparece o desaparece un género, Claudio Guillén ha contestado diciendo que "el género queda establecido sólo por imitación, reiteración o remodelación: los epígonos de Montaigne erigen el ensayo" (14). Dicho en otros términos, el ensayo tiene un origen en la obra de Montaigne por haberle asignado no sólo la denominación, sino también, y fundamentalmente, por la creación de un modelo. Aunque el género como tal queda instituido desde el momento en que Francis Bacon adopta el modelo y lo continúa. También, la respuesta dada por Guillén al problema de la constitución de un género impone la necesidad de dar cuenta de los principios constructivos que regulan históricamente una clasificación genérica, tanto desde el punto de vista de la conciencia creadora como desde la recepción por parte de una comunidad lectora.
Bajtín supuso que el género debía ser estudiado en sus orígenes: "El género vive en el presente pero siempre recuerda su pasado, sus inicios, es representante de la memoria creativa en el proceso del desarrollo literario /.../ Por eso, para una correcta comprensión del género es necesario remontarnos a sus orígenes" (15). La perspectiva adquiere el carácter de método, en virtud de que el estudio de un texto es incompleto si antes no se establecen las claves genéricas del mismo y la tradición en la que se inserta (16). Así pues, toda descripción de un texto es una descripción de un género (17). Sin desdeñar el factor histórico, la flexión hacia el origen del género ensayístico es también sistemática, como consecuencia de que, en términos generales, no existiría un "antes de los géneros" cronológicamente hablando. Todorov, más que una respuesta para algún género en especial, ha planteado el interrogante sobre el origen en los siguientes términos: "¿qué es lo que determina siempre el nacimiento de un género?" (18). Para ello es indispensable el tratamiento de los géneros literarios desde una perspectiva teórica, principalmente, ya que es propio de la naturaleza del lenguaje su pertenencia a la abstracción, a lo genérico (19).
Al no existir lo individual en el lenguaje, la especificidad del texto, dice Todorov, se alcanza mediante la descripción del género. El alcance metodológico de una reflexión sobre los géneros se aprecia mejor en el hecho de que su estudio significa reconocer las relaciones que el texto mantiene con los textos ya existentes. "Los géneros --sigue Todorov-- son precisamente esos eslabones mediante los cuales la obra se relaciona con el universo de la literatura" (20). Esta relación se produce mediante un doble movimiento que va de la obra a la literatura (o el género) y de la literatura (del género) a la obra.
Por su parte, García Berrio supone que la plasmación del género, como estructura comunicativa, se produce en el entrecruzamiento de las unidades de contenido temático y las modalidades de realización expresiva que se seleccionan. La historicidad de esta relación permite dar cuenta de las transformaciones que se producen: por hibridación, contaminación o sustitución (21). García Berrio sostiene que un ajustado tanto como adecuado planteo de una teoría de los géneros literarios consiste en observar la articulación y actualización histórica de las clases expresivas fundadas en presupuestos de universalidad natural genérica (22). Sin embargo, el criterio de la "universalidad natural genérica" lejos está de ser admitido pacíficamente por las más recientes teorías sobre el género.
A nuestro juicio, la articulación natural/histórico, en la teoría de los géneros, no puede menos que matizarse en los términos que Genette lo realiza. En efecto, para Genette ninguna instancia es por esencia más natural o más ideal, en razón de que los grandes "tipos" ideales, que se oponen tan frecuentemente a los géneros medios, no son más que formas más amplias y menos especificadas. La distinción entre géneros (categoría propiamente literaria) y modos (categorías que dependen de la lingüística) es, empíricamente, la diferencia existente entre relato (modo) y novela (género):
No pretendo --escribe Genette-- de ninguna manera negar para los géneros literarios toda clase de fundamento "natural" y transhistórico: considero, por el contrario, como otra evidencia (ambigua) la existencia de una postura existencial, de una "estructura antropológica" (Durand), de una "disposición mental" (Jolles), de un "esquema imaginativo" (Mauron), o, como diríamos corrientemente, de un "sentimiento" propiamente épico, lírico, dramático --pero también trágico, cómico, elegíaco, fantástico, novelesco, etc.--, cuya naturaleza, el origen, la permanencia y la relación con la historia (entre otras cosas) quedan aún por estudiar. Niego solamente que una última instancia genérica, y sólo ésta, pueda definirse por medio de términos que excluyen...
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