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RESUMEN
Este trabajo analiza dos ocasiones claves de una visita canónica hecha por el vicario general de la diócesis de Tucumán al monasterio de las Carmelitas Descalzas de San José de Córdoba en 1776: una interrogación y luego un auto dedicado a los aspectos que estaban sujetos a reforma. Partiendo de esbozos teóricos propuestos por Michel Foucault, este trabajo analiza el proceso de la "producción de la verdad" acerca de la observancia del claustro perpetuo estipulado para las monjas en un tiempo marcado no sólo por las reglas impulsadas por el Consejo de Trento sino también por el proyecto para restablecer la disciplina en los monasterios, llevado a cabo por la monarquía Borbón. Señala que frente al poder eclesiástico, las declaraciones de las monjas no son precisamente uniformes: ofrecen matices, impresiones particulares respecto a posturas avanzadas en el discurso y los temas tratados, y también a los valores asignados en aquella etapa de la vida monástica.
PALABRAS CLAVES: Escritura conventual, monjas, visita canónica, clausura.
ABSTRACT
This paper analyses two key occasions of a canonical visit by the vicar general of the diocese of Tucumán to the monastery of Carmelitas Descalzas of San José de Córdoba in 1776: a questioning and after an auto dedicated to aspects subjected to reform. Starting from the theoretical outlines proposed by Michel Foucault, the paper examines the process of "production of truth" about the observance of the perpetual cloister stipulated for the nuns, at a time marked not only by the rules prompted from the Council of Trento but also by the project to reestablish discipline in monasteries, undertaken by the Bourbon monarchy. It points out that before the ecclesiastical power, the declarations of the nuns are not precisely uniform: they offer hues, particular impressions as regards positions put forward in the discourse and the subjects displayed, and also the values assigned at that stage of the monastic life.
KEYWORDS: Monastic writing, nuns, canonical visit, cloister.
VISITA Y CLAUSURA
LAS VISITAS PERIODICAS de superiores a los claustros de regulares y de monjas son especialmente encomendadas por el Concilio de Trento (1545-1563); en el marco de la reglamentación centrada en la reforma de la vida religiosa, en el restablecimiento y conservación de "la antigua y regular disciplina", ellas aparecen como instrumento para asegurar la observancia (1). Su valor queda subrayado en el tratado que santa Teresa de Jesús dirige a los visitadores de la orden de carmelitas descalzas, escrito en 1576 (Santa Teresa de Jesús, 1986) (2). A sus ojos este procedimiento debe servir para "con amor poder corregir y quitar faltas poco a poco" y evitar así la relajación (Santa Teresa de Jesús, 1986: 843). Debe asimismo permitir la constatación del cumplimiento de la regla y las constituciones por parte de la priora. Pero la visita de los monasterios de mujeres posee además en su escrito una función aleccionadora, cobra el valor de signo frente a posibles transgresiones. "Y lo principal de todo (...) para govierno de mujeres, es menester que entiendan tienen cabeza, que no se ha de mover por cosa de la tierra, sino que ha de guardar y hacer cumplir todo lo que fuere relisión y castigar lo contrario, y ver que tiene particular cuidado de esto en cada casa, y que no sólo ha de visitar cada año, sino saber lo que hacen cada día" (Santa Teresa de Jesús, 1986: 851).
En coincidencia con las disposiciones conciliares, el tratado teresiano remarca la necesidad de indagar sobre distintos aspectos del funcionamiento de la vida cotidiana, a través de los cuales se concretan los votos profesados. La revisión del libro de gastos, de las labores realizadas, del número de freilas admitidas aparece junto a las advertencias acerca de religiosas melancólicas, o de amistades particulares entre algunas de ellas, atravesadas por la tensión entre el ideal a alcanzar y las posibles fracturas o deslices ligados a la práctica diaria.
La preservación rigurosa de la clausura material, la elusión de contactos con modos de existencia secular (lenguaje, vestido) y de una "comunicación" excesiva con los confesores (Santa Teresa de Jesús, 1986: 845-846) constituyen elementos centrales en la configuración del orden trazado por Teresa. El convento y los cuerpos deben pensarse como huertos cerrados: replegarse, obturar eventuales grietas. Si en este punto de vista puede reconocerse la voluntad de asegurar un espacio apto para el recogimiento y el diálogo con Dios, y por lo tanto la aspiración a la "clausura interior" ansiada por la reforma carmelita (Sánchez Lora 1988: 162) (3), cabe advertir también en él huellas de las disposiciones tridentinas acerca del obligatorio encerramiento de las monjas.
Tales disposiciones están ligadas a la concepción sobre la mujer dominante en la época. De acuerdo a José Luis Sánchez Lora (1988), la masculinidad se torna elemento central de la escala de valores del antiguo régimen. El honor constituye para los grupos privilegiados la garantía de perduración de la sociedad estamental amenazada en sus cimientos. La tradición misógina proveniente de la Edad Media, que veía en aquélla un instrumento del demonio para arrastrar al hombre al pecado, incorpora en esta etapa otro componente: su representación en términos de factor de disolución social, derivada de la profunda descalificación de la que es objeto y que afecta incluso a su corporeidad: "(...); nacida de un hueso torcido, se equipara al esclavo, presentándose como un ser espúreo y deforme, la mujer como monstruo será otra de las constantes de la cultura barroca" (Sánchez Lora, 1988: 48). La custodia de la honestidad femenina (4) se vuelve por ello "una de las claves del sistema social" y es el varón quien debe emprenderla, pues su fractura vulnera a la misma honra masculina (Sánchez Lora, 1988: 51). En el marco de esta perspectiva, "el convento es ante todo un...
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