|
COPYRIGHT 2000 Universidad de Chile, Facultad de Filosofia y Humanidades
Rodolfo Lenz Danziger nació el 10 de septiembre del año 1863 en la ciudad alemana de Halle. El 5 de diciembre de 1889 se casó con Johanna Talaszus. Su hija Herta, la única que alcanzara la adolescencia y fue escritora, se unió en matrimonio con el destacado geólogo y profesor de la Universidad de Chile, Dr. Juan Brüggen, cuyas hijas fueron Helga, Herta e Inge. En enero de 1890 llegó el Dr. Lenz a Chile.
Una luxación de cadera desde su nacimiento, lo hizo cojear permanentemente; a ese defecto se sumaron las consecuencias de un asma y de una bronquitis crónica, hasta fallecer de una pulmonía el 7 de septiembre del año 1938. Pero así como supo sobreponerse a su limitaciones corporales, adquirió también el temple para efectuar una enorme y valiosísima labor intelectual.
Asombran y atraen hasta hoy su recia formación académica, su capacidad de trabajo, su rigor científico, su perseverancia, su sensibilidad y su modestia, entre otras cualidades que hacen de él un verdadero investigador, maestro y sabio, cuyos trabajos marcaron una senda que después de sesenta y cuatro años de su muerte resulta ejemplar y muestra relevantes aportes a las disciplinas a las cuales se dedicó; la Filología y la Lingüística con énfasis en la Lexicografía, la Fonética, la Gramática, la Ortografía; la Etnología, la Pedagogía en la enseñanza de lenguas modernas, y la investigación de la cultura folclórica.
Estas contribuciones de Lenz a distintos campos del conocimiento provenían de una poderosa y eficaz relación entre su infatigable tenacidad de estudio y su excelencia universitaria.
De la primera hay pruebas que se remontan a su niñez: "He hecho mis estudios secundarios en diferentes gimnasios alemanes. En aquel tiempo se enseñaba en latín durante siete años con diez horas semanales, y en los últimos dos con ocho... Al griego se dedicaban seis horas por semana durante siete años. Cuando era alumno del cuarto año, comencé a estudiar el italiano sin profesor y alcancé a leer unos cuantos libros modernos y clásicos durante los cinco años restantes del gimnasio. Al llegar a la Universidad oí por primera vez la lengua hablada. Al cabo de corto tiempo conseguí comprender perfectamente un discurso académico pronunciado en dicha lengua" (Lenz, Carta al señor don Julio Saavedra Molina, 1919: 22).
Después agregaba: "Había aprendido el francés según el antiguo método gramatical, con el famoso libro de Ploetz. En el curso del séptimo año, obligado por un cambio de domicilio de mis padres, pasé a incorporarme al gimnasio de Metz, donde la mayor parte de los alumnos hablaba prácticamente el francés junto con el alemán. Yo no había oído nunca hablar el francés. ¡Cuál no fue mi sorpresa, cuando al llegar a Metz noté que los alumnos, en vez de continuar la lección siguiente de...
Read the full article for free courtesy of your local library.
|