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La aventura de Henry Ford en la Amazonia. (Belterra, Brasil)(TT: The adventure of Henry Ford in the Amazon) (TA: Belterra, Brazil)
Publication: Américas (Spanish Edition) Publication Date: 01-MAR-96 Author: Dempsey, Mary A. |
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COPYRIGHT 1996 Organization of American States
Olvidados en un lugar recòndito de la selva brasileña, los pueblos de Belterra y Fordlândia son los ûltimos vestigios de la empresa cauchera de este magnate del automóvil
Belterra parece un lugar de ensueño. Está situada a orillas de una playa bordeada de casas de madera con ventanales verdes, sillas de mimbre en las galerías, flores en los jardines y magníficos pinos que producen una pacífica sombra. Hace seis décadas, en las fiestas se bailaban danzas típicas norteamericanas y se escuchaban poemas de Henry Wadsworth Longfellow. Pero Belterra, deliberadamente construida según el modelo de los pueblos de los Grandes Lagos, que tanto amaba el pionero automovilístico Henry Ford, se encuentra en medio de la Amazonia brasileña.
Hace tiempo que ya no existen las pantallas de cine al aire libre que hace medio siglo deleitaban con sus borrosas imágenes de Hollywood a los trabajadores que extraían caucho a 240 kilómetros al sur del ecuador. En las veredas de asfalto aún pueden verse las bocas de incendio con la marca de un fabricante de Michigan. Los habitantes de este pueblo adormecido no recuerdan hoy dónde se hallaba la biblioteca, pero aún pueden señalar un baldío cubierto de maleza donde se encontraba el campo de golf. Hace más de medio siglo circulaban por las calles los Fords T, pero son los Volkswagens los que hoy se ven estacionados bajo toldos.
Todo lo que queda del sueño de Henry Ford de convertirse en productor de caucho, es Belterra y su ciudad gemela Fordlândia, situadas en las profundidades de la oscura selva tropical y accesibles sólo por vía marítima.
A principios de siglo, las ruedas de los automóviles Ford T eran de caucho brasileño. Pero la calidad de éste no era tan buena como la del caucho de Asia, donde la falta de plagas naturales permitió que florecieran las plantaciones de árboles de caucho gracias a las semillas provenientes de Brasil. Algunos historiadores sostienen que Ford se fijô en Brasil para quebrar el monopolio inglés y holandés que mantenía los precios muy elevados. Otros dicen que simplemente le parecía absurdo traer el caucho del otro extremo del mundo, cuando podía producirse fácilmente en las Américas.
Ya en 1923 el gobierno de los Estados Unidos comenzó a evaluar el potencial de Venezuela, Brasil y de otros lugares en Centroamérica como fuentes de caucho. Un informe escrito para el gobierno por Carl LaRue, botánico de la Universidad de Michigan, elogiaba el potencial cauchero de una zona del Brasil cerca de donde el río Tapajó desagua en el Amazonas. Dicho informe cayó en manos de Henry Ford.
Las autoridades brasileñas, esperanzadas de que el fabricante pudiera iniciar un auge del caucho como el que estimuló su economía en el siglo XIX, le otorgó un millón de hectáreas en medio del Amazonas, protección policial y el ingreso libre de derechos de todos los equipos y suministros de Ford. A cambio de la tierra, Ford se comprometió a entregar a las autoridades locales y nacionales, después de doce años, el 9 por ciento de las utilidades de la...
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