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Byline: Guadalupe Loaeza
Desde que leí el primer párrafo de "La tía Pita y otras muertes no ordinarias" (Plaza & Janés), supe que se trataba de un libro mágico y diferente. Siempre he creído en el amor a primera vista. Esto también suele suceder con los libros: o se enchufa uno desde la primera página, o se deja para cuando no se tenga nada mejor que leer.
Pero, en el caso de la novela de Victoria Haro, el lector se siente completamente enchufado. Leamos el principio: "La tía Pita se murió, literalmente, de un pedo. Pero no por exteriorizar la flatulencia, sino por guardarla. Dicen que la tía Pita era tan vanidosa, que ni en absoluta soledad permitía que su bello ser emitiera olores desagradables. Dicen que la tía Pita nunca liberó un solo gas intestinal y un día contuvo uno tan fuerte que le asfixió el corazón y se murió". ¿Verdad que de inmediato se sintieron enchufados? ¿Verdad que dan ganas de seguir leyéndola para saber más acerca de la tía Pita?
Todas las historias no ordinarias que aparecen en el libro no nada más divierten, sino que hacen reflexionar sobre un tema que procuramos evitar: la muerte. Pero Victoria Haro lo hace con tal frescura y humor que, de pronto, se nos olvida que se está describiendo esa calaca tan fría y desalmada. A esa huesuda con cara de perro que cuando estamos a las puertas del sepulcro nos saca los dientes y nos guiña un ojo, como diciendo: "Ahora sí, ya te tocó".
Cuando iba por la página 26, juro que ya estaba completamente enamorada de la escritora. Y mientras leía: "No había por qué llorar por ella (la tía Pita), pero podía llorar por mí, que me quedé sin sus historias. En ese…