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Byline: Germán Dehesa
"En este sosegado apartamiento/ lejos de cortesanas ambiciones/ libre curso dejando al pensamiento/ quiero escuchar suspiros y canciones./ íEl himno de los bosques!..." (Manuel José Othón, 1858-1906). El injustamente olvidado Othón fue un poeta de muchas singularidades; nombro dos: jamás experimentó la tentación de venir a la capital a buscarse un lugar en nuestro Olimpo de huacales y prefirió gozar y sufrir en San Luis Potosí; como poeta se propuso un extraño objetivo: cantarle únicamente a aquello cuya existencia le constara. De esta segunda peculiaridad podemos deducir que en el Siglo 19 mexicano había bosques y que éstos eran merecedores del canto. En el año 2000 no sería tan sencilla la tarea para el poeta; nuestros bosques están heridos, desgarrados, disminuidos e irracionalmente explotados. Los mexicanos nos hemos enfrascado en una competencia monstruosa: en esta esquina, la parte más consciente de la ciudadanía mexicana y el sector más patriótico del Estado mexicano (que también existe); en esta otra esquina, los que incendian, los que talan, los que rozan y queman; los que consiguen frondosas fortunas mediante la creación de desiertos; los que miran todo esto como si no fuera asunto suyo, o no pudieran hacer nada. Los primeros plantan, conservan, defienden, denuncian y se comprometen; los segundos se alían con lo peor de México, reparten dinero, aducen tradiciones, pobreza e ignorancia; se apoltronan en facilismos ideológicos, o sencillamente saquean sin más coartada que la impunidad. ¿Quién va a ganar en este enfrentamiento? No hay respuesta. Tal enfrentamiento no tendría por qué existir y no se requiere mucha ciencia para saber lo fácil y rápido que es destruir y lo lento y costoso que es edificar. ...