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Resumen: En este artículo se presenta una propuesta de estado del arte sobre investigación y evaluación de programas educativos que tiene como característica estar mediados por tecnologías de la información y la comunicación (TIC). En el artículo se revisan las principales intenciones y modelos de los enfoques evaluativos de tales programas, las tendencias generales en lo que respecta a la evaluación de impacto, las tendencias en el uso de indicadores y marcos de evaluación, los principales métodos y técnicas de evaluación, y finalmente el abordaje del tema de la equidad social en la evaluación educativa. Con estos elementos se realiza un balance que permite proponer una lectura del estado actual en esta novel temática.
Palabras clave: Programas Educativos, Mediación Tecnológica, Evaluación de Programas, Estado de la Cuestión, Investigación, Indicadores, Técnicas de Evaluación, Métodos de Evaluación.
Introducción
La discusión sobre la valoración de las repercusiones de la introducción de la informática a programas educativos se puede ubicar desde los comienzos mismos de estos programas en Europa, Norteamérica y Latinoamérica (Crook, 1998; Plaz, 1999). Luego de diversos avances en esta dirección el tema de la evaluación de tales programas sigue siendo uno de los más relevantes, y sobre el cual se dirigen múltiples esfuerzos en la actualidad (por ejemplo véase CAIBI, 2000 y 2001; Prat, 2001).
Es importante para toda investigación que se dirija a valorar los resultados, efectos o impactos de programas educativos que introduzcan el uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (1) tener una visión general de cómo la investigación evaluativa ha sido planteada en este campo. Sin embargo, dado el extenso volumen y la diversidad de la información existente sobre la temática, se prefiere hablar de una propuesta del estado del arte; puesto que lo que se ofrece a continuación es una posibilidad entre otras, de sintetizar el estado de la cuestión en este campo del conocimiento.
El desarrollo del documento se estructura en seis partes. En la primera se presentan las principales características de los documentos revisados. En la segunda se explicitan las intenciones y los enfoques evaluativos que han seguido las investigaciones y propuestas teóricas en esta temática. Las tendencias en la evaluación de impacto social se abordarán en la tercera parte y se complementa en la sección cuarta, con una revisión de indicadores y los marcos de evaluación empleados. En la quinta se plantean los principales métodos y técnicas de evaluación. En la sexta sección, siguiendo nuestro interés por presentar las relaciones entre las TIC en educación y la equidad, se expondrá la forma en que esta temática ha sido abordada por las investigaciones. Finalmente se presenta una síntesis de aspectos generales que se desprenden de esta propuesta del estado de la cuestión y sus repercusiones en la investigación evaluativa.
I. Características de la revisión documental
La construcción de este documento supone una revisión de modelos de evaluación de proyectos que integran TIC en educación y en otros ámbitos. Esta revisión se basa en el estudio de diversas publicaciones sobre el tema. Se incorporan antecedentes de metodologías y discusiones conceptuales sobre evaluación e investigación del impacto social. Ello sin embargo, implica una exploración de carácter general y flexible, abierta a la consideración de marcos o propuestas de evaluación de impacto de proyectos o programas que integren componentes tecnológicos, aún y cuando su ámbito de aplicación trascienda el educativo y se instaure en lo organizacional, lo comunal o el desarrollo sostenible en general.
Con respecto a las evaluaciones generales que no hacen explícito el componente educativo pero que, sin embargo, realizan estudios que incorporan el uso de TIC (Athanasou 1999; Díaz-Albertini 2001; UNRISD 1998; Menou, 1999a; Menou & Potvin, 2000, Lanfranco & Balson, 2000; Young, 1997; Miller & Slater, 2000; Rohozinski, 1998; Hamelink, 1999; Gómez & Hunt, 1999; Olivier 2000; Wood 1997; Camacho, 2000a, 2001a & 2001c; Blau, 2001; ACP-PSRM, 2001; McConnell, 1998; Daly, 1999), se observa una tendencia a analizar instituciones, programas y organizaciones más que individuos particulares. En su mayoría, estos documentos conciben la evaluación de TIC como evaluación de la Internet, de los procesos e interacciones en ella, de las redes de trabajo y de los espacios virtuales.
En cuanto a los estudios que hacen referencia explícita al ámbito educativo, destacan por su particularidad, aquellos que se refieren a telecentros dado que éstos se enfocan en el área rural (Gómez y Hunt, 1999; Ernberg, 1998; Colin & Walker, 2001; Hudson, 2001; Menou, 2001b), y aquellos documentos que refieren específicamente a la aplicación de tecnologías en el ámbito escolar. Estos últimos incluyen la evaluación de aspectos como el software (Britain & Liber, 1999 y Honey, McMillan & Carrig, 1999), las condiciones infraestructurales para la incorporación de las TIC en programas educativos (OECD, 2001; Lemke, Martín, Capella; 2001), las características de los ambientes de aprendizaje (FOD, 1995b), el papel de los docentes en la puesta en práctica de programas educativos apoyados en las TIC (Alvarez, Roman, Dobles, Umaña, Zúñiga, García, Potashnik y Rawlings, 1998) y de los procesos de capacitación de los docentes (FOD, 2000a).
II. Intenciones y modelos de los enfoques evaluativos
La reflexión en torno a los modelos subyacentes a los documentos sobre evaluación revisados, permite distinguir variados aportes conceptuales y metodológicos según los supuestos y las características del enfoque mismo de evaluación.
Si bien casi todos los documentos parecen conservar el sentido de la palabra evaluación como elemento de juicio para la toma de decisiones (Athanasou, 1999; Jackson, 2001; Menou, 1999; Menou & Potvin, 2000; Menou, 2001; Potvin, Lanfranco & Balson 2000; Young, 1997; Wood 1997; ACP-PSRM, 2001); el modelo y la intencionalidad de esta evaluación, son distintos.
El primer gran rasgo identificable en cuanto a la intencionalidad específica de la evaluación, corresponde al interés por proveer a los diseñadores y administradores de proyectos, de un conjunto de elementos de juicio que permitan determinar si la forma en que se está conceptualizando el programa podría obtener el impacto buscado. En esta tendencia destaca la propuesta de Jackson (2001), cuya lógica apunta a evaluar la coherencia en el establecimiento de los problemas, objetivos, estrategias y actividades específicas del programa sujeto a valoración. En este enfoque, la consistencia en los diversos niveles de especificidad, la jerarquización y la priorización, son entonces los elementos claves para planear, diseñar, implementar y evaluar proyectos (Jackson, 2001).
Una posición similar presentan los documentos de consultores internacionales para la valoración del impacto de la introducción de las TIC en el ámbito organizacional; en donde la evaluación es concebida como el proceso de aplicación de un método, que determina el desempeño de un programa para la consecución de los resultados esperados, durante un período de tiempo determinado. Ello con la intencionalidad de apoyar la toma de decisiones y la resolución de problemas; siendo el matiz particular, el de valorar el éxito en función del aporte que el uso de las tecnologías hayan brindado para el cumplimiento de la misión organizacional y sus objetivos (Carver, 1999; Drucker, 1999; McClure & Lopata, 1999; Advance Strategic Management Consultants, 1999; Camacho, 2000a, 2001a, 2001c).
Otro ejemplo de esta intencionalidad presente de los marcos de evaluación, es el caso expuesto Athanasou (1999) quien, en su propuesta de evaluación de programas educativos de capacitación para el comercio y la industria, apunta que el fin que busca la evaluación del aprendizaje asistido por computadora en el ámbito del comercio, es que mediante la valoración de los programas se puedan tomar decisiones con respecto a los mismos, que contribuyan a la vez con su mejoramiento.
Un caso particular es expuesto por ACP-PSRM (2001) quienes proponen una metodología para evaluar proyectos que implementan el uso de las TIC pero desde una perspectiva de género. En este modelo le que se busca es valorar como ha sido tomado en cuenta el factor género en tales programas y cuáles han sido sus impactos en esta dirección. Resultados de esta perspectiva serían empleados tanto para el mejoramiento, la retroalimentación, la valoración y la planificación de otros programas.
Otra tendencia subyacente que es posible reconocer, remite a la intencionalidad comparativa al interior de los proyectos mismos como mecanismo de orientación para la toma de decisiones en el transcurso de las diversas fases de implementación. Esta es la situación en las propuestas metodológicas de Menou (1999a, 1999b) y Menou & Potvin (2000) quienes enfatizan la necesidad de documentar la situación previa al inicio del proyecto como condición base o control que se contrasta con la situación en diversas thses y que permite, en un modelo longitudinal, el monitoreo y la evaluación de impacto. Cabe apuntar sin embargo, que tanto Menou (1999a, 2000, 2001a), como Potvin (2000), y Potvin, Lanfranco y Balson (2000) formulan estos prerrequisitos y lineamientos a partir de sus lecciones aprendidas en evaluaciones expost de impacto con proyectos que introducían componentes tecnológicos en diversos contextos. De estas experiencias rescatan además, como elementos primordiales las siguientes recomendaciones:
--Necesidad de una estandarización conceptual y un marco de trabajo rural que permita integrar las diversas poblaciones de interés.
--Importancia de establecer dominios de impacto de tal forma que pueda trascender la unidireccionalidad que se ha impreso a la evaluación del flujo de cambio y se puede valorar el impacto en la modificación reciproca entre tecnología y sociedad.
Específicamente, de la evaluación del impacto social de proyectos que utilizan tecnologías digitales, y particularmente en el marco de los preparativos para el pilotaje de la OPA Online Proposal Appraisal-, IDRC (2000); Menou y Potvin sugieren la conveniencia de realizar distinciones en los hallazgos según éstos resultados inmediatos, efectos, consecuencías, grado de satisfacción o impacto. Son también ejemplos de monitoreos o evaluaciones concurrentes las propuestas de Wood (1997); UNRISD (1998) y Athanasou (1999), quienes respaldan la realización de evaluaciones en distintas etapas de los proyectos con el fin de darles seguimiento a los procesos, o bien valorar el cumplimiento de tareas y la efectividad de las diversas fases entre otros.
La identificación de diversos dominios de impacto en los cuales se observen los hallazgos, parece ser otro rasgo común en las propuestas de los marcos de...
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