|
COPYRIGHT 2003 Universidad de Costa Rica
Yo es otro Arthur Rimbaud
Bretón escribid durante toda la mañana. Aquellos sueños lo habían turbado a tal extremo, que ni él mismo sabía si estaba feliz o trastornado, valga la redundancia.
Automáticamente, como sabía hacerlo, como debía hacerse, la poesía le brotaba cual diapasón de garfios colgados al deseo. Como un vampiro afarensis en el cuadro de Dalí, como sangre de ajo, de su lápiz florecían siglos de agua, tierra, aire y fuego, entreverados en los versos que más tarde incendiarían Los Estados Generales, Plena Margen y rata Morgana.
Quería estar seguro de que el sueño había acabado, aunque no lograba comprobarlo (quizás porque creía que el sueño nunca es un paréntesis), ni siquiera por los golpes insistentes en su puerta, ni por el café que se enfriaba una y otra vez.
Escribía y escribía, tal vez para entender que, encontrándose despierto, el sueño no lo había abandonado. Sueño y vigilia. Bretón no cedía nunca el control de su lucidez, a pesar de escribir en automático. No renunciaba a descubrir el sentido del automatismo, queriendo unir a las riquezas del inconsciente las luces de la conciencia.
Tal era el vínculo entre el sueño y la realidad: la poesía. Tal era el método elegido: el automatismo.
--... ¿Qué me impide embrollar el orden de las palabras y atentar, de esta manera, contra la existencia aparente de las cosas? --se preguntó. ¿No depende esencialmente del poder de enunciación la mediocridad de nuestro universo?
Bretón soñaba con invocar un nuevo mundo al decirlo, insistiendo en la materialidad de la palabra, aquella especie de hondura irreductible que, en tanto abriga su propia evidencia, no significa nada (un signo que se significa a sí mismo). Bretón buscaba una sustancia, pero más que buscar, se sumía en una espera inacabada y autoreflejante, pues la palabra intenta equipararse al mutismo de los objetos, siendo entonces una cosa que expresa cosas. Al ser la palabra objeto, la distancia entre sujeto y objeto se desvanece sin remedio.
La escritura automática, entonces, tenía para Bretón un poder insospechado --apenas descubierto por Dadá-- que confería...
Read the full article for free courtesy of your local library.
|