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El alegato dram�tico calderoniano a favor de la libertad de arbitrio.(Pedro Calder�n de la Barca, dramaturgo)(Ensayo cr�tico)

Publication: Kanina

Publication Date: 01-JUL-03

Author: Moya B., Juan Diego
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I. Consideraciones introductorias

El objetivo genérico de nuestra pesquisa consiste en constatar la presencia substancial del momento teológico-dogmático de la Escolástica católica renacentista y contrarreformada, en una comedia devota y en drama filosófica de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), en el respecto de la concepción de las relaciones existentes entre la predestinación divina, el otorgamiento de la gracia y el libre arbitrio humano.

Nuestros objetivos específicos se enumeran a continuación:

1. Exponer compendiosamente la teología tomista de la predestinación (cf. Summa Theologiae, I. XXIII/ Quaestiones disputatae de Veritate, VI).

2. Exponer lacónicamente el concepto tomista de libertad de albedrío (cf. Summa Theologiae, I, LXXXIII).

3. Precisar el concepto calderoniano de libre arbitrio.

4. Precisar la relación existente entre ambos: el tomista y el calderoniano.

5. Precisar la posición calderoniana a propósito del nexo entre el albedrío humano y el destino.

Nuestra pretensión fenomenológica será el precisar convergencias, paralelismos y tangencias entre las tesis esgrimidas por el dramaturgo.

En este sentido, nuestra pesquisa será preponderantemente descriptiva.

Nuestro marco conceptual-tético no es otro que la teología tomista; nuestro marco teorético, el concreto desarrollo teórico teológico tomista respecto de la predestinación de los elegidos. El marco teorético será solamente estipulado; no argumentaremos en favor de su adecuación intrínseca, ni procederemos a inteligirlo o a elucidado desde la perspectiva de sus condiciones sociales de producción discursiva, ni desde el punto de vista de su incidencia o repercusión sociales (de su pertinencia y fundamento ortoprácticos).

Nuestro objeto material será el conjunto de las obras dramáticas por examinar; nuestro objeto formal terminativo (u Obiectum formale quod) u objeto conceptual, la obra artística literaria en cuanto vehículo de reflexión teológica. Finalmente, el objeto formal motivo (u Obiectum formale quo) de la presente investigación será la consideración teológica de los textos, desde la perspectiva de la teología de la predestinación. El método por emplear será el hermenéutico, y la concreta técnica de investigación a que apelaremos, la documental bibliográfica.

II. Prenotandos teológicos

La predestinación puede definirse como la ciencia y la preparación de los beneficios divinos, merced a los cuales libéranse (del pecado) todos aquellos que lo hacen (cf. Aurelio Agustín: De Dono Perseverantiae, XIV, xv (cf. Enciclopedia filosofica de Sansoni (1967), Volumen VI, columna 236). Así, pues, la predestinación implica una preordinación de medios a los fines apetecidos y propuestos por la causa primera. Cabe precisar, en conexión con esta última, que Dios no es stricto Sensu un agente presciente o provisor, en la medida en que no puede afirmarse el que exista en el tiempo, y el que pueda participar de las relaciones inducidas por la existencia en el orden de la duración (cf. Brugger, 1995: p. 441). Dios es, en efecto, un agente pretertemporal y ucrónico. Sea de esto lo que fuere, la cognición divina del universo creado abarca también la consideración de las acciones libres de carácter futuro. Las acciones futuras libres son parte de las condicionadamente futuras, i. e., aquéllas que sobrevendrán como fuere satisfecha una colección de requisitos o de condiciones necesarias. En esta medida, las acciones futuras libres son objeto de expresión por parte de un aserto de índole contrafáctica: Como se dieren tales o cuales condiciones, entonces sobrevendrá el acto. De acuerdo con una perspectiva, Dios conoce la conducta futura del agente moral finita por cuanto Él mismo induce la concreción de las condiciones referidas (cf. Brugger 1995: p. 441).

De conformidad con el Ángel de las Escuelas, Tomás de Aquino, Dios conoce los hechos futuros libres (futuros condicionados o contingentes, esto es, futuribles) mediante introspección, i. e., mediante el examen (autoscópico) de sus propios decretos (de su voluntad consecuente o decretante), los cuales predeterminan al querer humano (Loc. cit.). Con arreglo a los teólogos molinistas, en cambio, Dios conoce los futuros libres en sí mismos, i. e., en cuanto se ofrecen al conocimiento divino. Participa así, pues, su gracia, a todo aquél respecto del cual sabe, por conducto de su Ciencia media, que hará un recto empleo de ella. La predestinación es la presencia y la predistribución de los dones por conducto de los cuales se cimenta la certidumbre completa respecto de la salvación de los santos. Puesto que existen, en la predestinación, dos elementos: gracia y gloria, la predestinación puede especificarse como completa o incompleta. Completa es aquélla que contempla a ambos momentos (cf. Ferrater 1994: 2878).

Dios glorifica a los predestinados, y participa su gracia suficiente con el solo propósito de que los elegidos merezcan la santificación y la glorificación. Así pues, Dios ha predestinado el asistir con su gracia (1) a los preordinados al bien (sumo) de la beatitud (o de la visión beatifica), que ninguna naturaleza creada, por acendrada que sea su inteligencia, podría alcanzar por sí, en cuanto librada a las solas fuerzas anejas a su naturaleza esencial operativa y eliciente.

En la medida en que la predestinación involucra anticipación, previsión y predeterminación, puede extenderse hasta la esfera misma de lo inexistente. La divina predestinación es solamente el preestablecimiento según el cual, Dios procederá a conferir la gloria a quien hubiere reunido merecimientos. De ninguna manera se traduce en la necesidad absoluta o geométrica del recto actuar, por parte del sujeto o del agente morales. Estos apetecen en formas tales, que satisfechos los requisitos todos del apetito, podría el agente abstenerse de inclinarse por el objeto. Sólo el bien absoluto puede inducir un incoercible apetito, incapaz del desligarse de su objeto. El sujeto moral posee la aptitud para autodeterminarse en función de una intelección esclarecida y esclarecedora.

La predestinación es la presciencia y la predistribución de los dones mediante los cuales se certifica a cabalidad e indubitablemente, la salvación de los justos (cf. San Agustín: De Dono Perseverantiae, XXXV; cit. en Enciclopedia filosofica, VI (Sansoni. Firenze, 1967 (vol. VI), col. 236):

Pracscientia est praeparatio beneficiorum Del, quibus certissime liberantur quicumque liberantur. (De Dono Perseverantiae, XIV, xv)

La predestinación es completa o incompleta, en la medida en que involucra dos elementos: la gracia y la gloria. Si importa a ambos, entonces es completa. Dios sabe, desde la eternidad, quiénes serán condenados. La libertad de estos, empero, persiste, dado que, si bien es cierto que Dios continúa participando la gracia, los precitos la recusan libremente. En esta medida, la salvación parece entrañar una misteriosa connivencia de don divino, y de asentimiento humano. Asimismo, aunque el individuo no tenga conocimiento de su estado último, no ha de despojarse de la esperanza (cf. Ferrater 1994: 2878).

Según el tomismo, existen dos influencias de Dios: una de ellas extrínseca, ya teorizada por San Aurelio Agustín (354-430), y una intrínseca: la premoción física. Si no se asume la tesis de la premoción física, se incurre en la herejía pelagiana o en el neopelagianismo. El socinismo renacentista ha sido la expresión protomoderna del neopelagianismo (Loc. cit.).

La gracia sobrenatural difiere del concurso general divino (cf. Ferrater 1994: 1498). La gracia restablece a la naturaleza caída, menoscabada por el pecado originario. La concesión de la gracia es así, una condición necesaria de la salvación del agente moral pecaminoso. En acuerdo con Agustín, la gracia es inmerecida y, por ello mismo, cabalmente gratuita. Es la gracia la condición misma de la posibilidad de la libertad, en la medida en que confiere fortaleza a la voluntad para que ésta apetezca el bien. De conformidad con el enfoque agustiniano, la libertad procede a identificarse con la gracia (cf. Ferrater 1994: 1498). La gracia sobrenatural altera decisivamente el curso de la voluntad humana, y funda la posibilidad real misma del recto empleo del libre arbitrio (Loc. cit.) (2).

De acuerdo con los bañezianos, Dios promueve intrínseca y físicamente, para la acción, a las causas segundas, sin que su premoción se traduzca en obliteración de la libertad de arbitrio. Las causas segundas dependen de la causalidad ejercida por la primera. La doctrina de la premoción no es consistente con la del influjo exclusivamente extrínseco, ni con la del concurso simultáneo. Domingo Báñez, O. P. (1528-1604), adversó, como sabemos, al molinismo, en cuanto procedió a negar el que Dios concurra, como causa parcial y en acuerdo con una ciencia media, con la creatura --tesis que, desde la perspectiva del dominico, venía ineluctablemente a entrañar pehtgianismo (3). Báñez debeló, por ende, la tesis de la acción coordinada con arreglo a una ciencia media (cf. Ferrater 1994: 2889).

Cinco son las tesis católicas a propósito de la predestinación. No hemos de olvidar que la reforma y el debate por ella suscitado, actuaron como causas procatárticas (u ocasionales) para la precisión de las tesis específicamente católicas a propósito del tópico indagado. Los teólogos católicos se esmeraron en su determinación de posiciones o de soluciones de carácter transaccional, destinadas a guardar términos medios virtuosos entre los extremos viciosos del neopelagianismo (4) (V. Gr. el sociniano), y el predestinacionismo acentuado de los luteranos y de los calvinistas (cf. Enciclopedia filosofica, VI, col. 237), grandemente afectos a la tesis de la Praedestinatio gemina, i. e., la doble predestinación (independiente de y absolutamente anterior a cualesquiera méritos previstos de los agentes morales) de, respectiva, los predestinados a la gloria y los predestinados a las ilimitadamente duraderas penas del Averno (5). Las tesis por enumerar son las siguientes:

La predestinación es cabalmente gratuita. La...

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