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Al otro, a Perón, es a quien le ocurren las cosas. Perón camina por Buenos Aires y se detiene, acaso ya mecánicamente, a alzar los brazos desde el balcón de la Casa Rosada y a exclamar "¡Compañeros!" Del otro Perón tiene noticias a través de las propagandas radiales del programa "Un mundo mejor", de injurias impotentes garrapateadas en paredones de barrio o en los muros de la Recoleta, de fotos publicadas en el diario oficialista Democracia, de los Boletines Oficiales con proyectos de ley para bautizar una escuela o un hospital con su nombre.
A Perón le gusta denunciar complots de la oligarquía, asistir al Luna Park para ver encuentros de box, presidir manifestaciones multitudinarias el diecisiete de octubre, ser llamado "General", sostener lances de esgrima, acariciar caniches, palmear a descamisados, quedar bien con todo el mundo, sonreír, fumar Saratoga, darse la biaba y usar gomina. Le desagrada de su persona la erupción de psoriasis que le cubre el rostro y que se ve obligado a disimular con cremas y talcos. A veces piensa que habrá dejado al mundo y a su patria algunas cosas valiosas que lo justifiquen, como beneficios mutuales, implementación de derechos laborales, alzas en los salarios, enfriamiento de los alquileres, el Estatuto del Peón y las Veinte Verdades Peronistas. Otras, lo sobrecogen las dudas y piensa que sus adversarios harán notar el amordazamiento de la prensa crítica del régimen, la subordinación de los sindicatos, la cooptación de la clase obrera, el reemplazo de la Corte Suprema por un Tribunal adicto, la eliminación de la oposición, la suba inflacionaria y la crisis económica, los actos de beneficencia y el asistencialismo estatal en servicio de la propaganda oficial.
Perón fue Presidente electo de la Argentina en tres oportunidades (dos de ellas consecutivas), aunque fue llamado "dictador" y "primer trabajador argentino". Tuvo idéntico número de esposas (dos de ellas muertas consecutivamente de cáncer uterino). Escribió numerosos volúmenes de doctrina y estrategia política. Se constituyó en la figura histórica más importante del siglo XX en la Argentina. Dividió al país. Se alió con la "juventud maravillosa" y con López Rega.
Perón ya no sabe quién enuncia su discurso.
Prolegómeno
Bien podría el líder justicialista en persona haber escrito estas líneas, si hemos de creerle a Evita, quien en La razón de mi vida afirma la enigmática existencia de dos Perón, acto que origina el desdoblamiento de la Primera Dama: "A la doble personalidad de Perón--afirma sin mayor elucidación--debía corresponder una doble personalidad en mí: una, la de Eva Perón, mujer del presidente [...] y otra, la de Evita, mujer del Líder [...] puente tendido entre las esperanzas del pueblo" (71). El acto más extraordinario y sorprendente es que este librito plagado de lágrimas y de clichés melodramáticos, paradigma de la literatura residual, exacerbación de los mecanismos propagandísticos y demagógicos hasta bordear la auto-parodia, se anticipó en seis años a uno de los textos claves de la literatura culta y de vanguardia, escrito por el arquetipo del escritor argentino del siglo, parangón del anti-peronismo acérrimo y ecléctico antipersonalista, nada de lo cual tenía que ver con postulados populistas que hacían ostentación de sentimentalismo a través de un bombardeo mediático. Borges, de él estamos hablando, había hecho de toda contención emotiva y represión de la intimidad un dogma (acerca de esta animadversión estética entre Borges y el peronismo, consultar el ensayo de Tomás Eloy Martínez, "Sombra terrible").
"Borges y yo" fue publicado en 1957, pero en 1951 La razón de mi vida ofrecía pasajes asombrosamente parecidos a los del autor canónico, conservando en germen la desconcertante revelación de una existencia paralela: "De Eva Perón no interesa que hablemos. Lo que ella hace aparece demasiado profusamente en los diarios y revistas de todas partes", dice Eva de la otra Eva (71). Sobre la fama, Borges confiesa algo semejante: "de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico" (Hacedor 50).
La insólita coincidencia nos enfrenta a un enigma con serias derivaciones. ¿Quién es realmente el otro de Perón, Borges y Evita? ¿Qué significado se puede extraer de esta confluencia? ¿Existe más de un sentido para este aparente juego de espejos? Si es así, más allá del aparato filosófico latente en toda conjetura literaria o autobiográfica, queda abierto el espacio para la interpretación política del tema del alter ego, tan caro al Director de la Biblioteca Nacional.
La alteridad constituye el yo (el uno); (1) "ambos" Borges son Borges y "ambas" Evitas son Evita y ostentan idéntico nombre. Para ponerlo en términos psicológicos, el otro está inscrito en el yo. El individuo se constituye al ponerse límites que lo separan de otros, como es repetido ad nauseam por los seguidores del psicoanálisis. Mi interés es llegar al entendimiento de la lógica de la dicotomía que albergan los textos, para lo cual hay que destacar las múltiples líneas de sentido simbólico y la enorme carga alégorica que conlleva el tema del doble con relación al peronismo.
Desde esta perspectiva, el tópico del alter ego cataliza un nódulo de significaciones de distinto tenor. A manera de contenido manifiesto de un sueño proyectado obsesivamente (puesto que reaparece en numerosos textos de y sobre el régimen), la narración puede ser reconducida para revelar diversos pensamientos latentes, entendidos como el inconsciente político de tal formación (obviamente, tomo este concepto en el sentido dado por Fredric Jameson).
En primer término, siguiendo la corriente de análisis propuesta por Beatriz Sarlo de ver en la multiplicación de Eva una germinación del poder (según la teoría de Kantorowicz), considero dicha figura como una codificación alegórica del enmascaramiento de una voz falocéntrica en la letra femenina de La razón de mi vida. En segunda instancia, la percepción del acto autobiográfico como puesta en escena demanda de la alegoría un efecto de lectura, el del poder de polarización política que ostentó el peronismo en la sociedad argentina. Esta interpretación es sugerida por Derrida en su lectura de Nietzsche. En tercer lugar, en relación con los textos borgeanos, propongo una diferencia entre el escritor y la Primera Dama en cuanto a la identidad personal: si Evita quiere impedir el despojamiento de su nombre propio y perdurar en su ser, Borges promueve la alienación a través de la letra autobiográfica, anticipándose a postulados filosóficos y lingüísticos contemporáneos, descriptos, entre otros, por Foucault, Barthes y Deleuze. Finalmente, el análisis de "El simulacro" y de un ensayo de Borges permite ampliar el campo de las significaciones de la multiplicación identitafia para entender la práctica social y política como una performance. Al cotejar estos textos con las ideas de Zizek, podemos rescatar de ellos una compleja representación de la realidad ideológica en que se encuentran inmersos el gobernante y los súbditos. La última tesis que propongo, extrapolada de esta serie de reflexiones, es que el populismo reemplaza, como un fantasma nostálgico, la relación fetichista medieval entre el "pueblo" y el líder.
Eva y yo
Vatios autores percibieron la duplicación de Evita y ensayaron darle un significado a lo que aparentemente es una anomalía en relación con la simplicidad kitsch y popular del resto de su obra. (2) Beatriz Sarlo participa en el debate a la luz de la teoría de la "persona geminada" de Los dos cuerpos del rey de Kantorowicz. El pensador italiano Giorgio Agamben se había basado en esa noción al definir al soberano como un homo sacer; transponiendo este debate al caso que nos compete, se puede decir que Evita seria lafemina sacra cuya muerte es un sacrificio que hace posible la ley. La persona del poder es geminada: macho y hembra, Perón y Eva, una "sociedad política de dos cabezas, hegemonizada por el hombre en la cual la mujer tenía fueros especiales [...]. Las imágenes de esta sociedad bipolar son un mecanismo tropológico …