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Systems of objects and systems of actions. Production of space and social construction of nature
Resumen
Ligar lo geográfico con lo natural es una concepción fuertemente arraigada en el imaginario colectivo y en la práctica científica. El objetivo de este trabajo es encontrar el camino metodológico mediante el cual la naturaleza sea incluida como dimensión significativa del proceso de producción y organización social del espacio geográfico; esto es, como naturaleza socialmente construida, a través del análisis e interpretación dialécticas de sus diversas manifestaciones, para romper definitivamente con uno de los principales obstáculos que reviste el avance teórico y metodológico de la geografía. El pasaje de la naturaleza del orden de las cosas al orden de los objetos, su prospectiva e intencionalidad en tanto sistema de objetos, la valoración cultural y la valorización económica de ésta y su papel en la reproducción social, y su manipulación espacio-temporal, mediada por la ciencia y la tecnología, serán las dimensiones analíticas del pasaje del orden vital al orden racional.
Palabras clave: totalidad; producción del espacio; construcción social de la naturaleza; sistemas de objetos y sistemas de acciones.
Abstract
To tie to geographic space with nature is a strongly ingrained conception in collective imaginary and in scientific practice. The purpose of this paper is to find the methodological way for the one which nature is included as significant dimension of process of social production and organization of geographic space, this is, as socially built nature, through the dialectical analysis and interpretation of its diverse manifestations, to break up definitively with one of the main obstacles that had the theoretical and methodological advance of geography. The passage of the nature from the order of things to the order of objects, its prospective and premeditation as long as system of objects, their cultural valuation and economic appraisement and their function in social reproduction, and their space-time manipulation, mediated by science and technology, they will be the analytic dimensions of the passage from the vital order to the rational order.
Key words: whole; production of space; social construction of nature; objects and actions systems.
Introducción
El propósito de este trabajo es hallar el camino metodológico mediante el cual la naturaleza en tanto construcción social pueda insertarse en el proceso de producción del espacio geográfico, sin caer en equívocos epistemológicos, y garantizando la coherencia metodológica. No es, ciertamente, una tarea fácil. La articulación de la naturaleza como dimensión interpretativa de la producción del espacio deviene en un tema urticante para la geografía, puesto que se configura en su verdadero talón de Aquiles, ora por el largo período en que ésta sucumbió al discurso del naturalismo positivista, ora por la sistemática y rotunda exclusión del campo disciplinario de la que resultó objeto la naturaleza en tanto construcción social. Nos atreveríamos, incluso, a señalar que la construcción social de la naturaleza es el nudo central de buena parte de los dilemas de la geografía, cuyo correcto abordaje y resolución implicaría la inserción definitiva de la disciplina en el campo de las ciencias sociales. Un abordaje, desde la teoría social, del papel de la naturaleza en la configuración del espacio geográfico, se constituiría en el pilar fundamental desde el cual construir apropiadamente una metateoría geográfica.
En primer término, entonces, construiremos una breve reseña acerca de las relaciones conceptuales establecidas entre geografía y naturaleza a lo largo de la evolución epistemológica de la primera en torno a su objeto de estudio. Desde el positivismo hasta las perspectivas cuantitativas, las maneras de analizar e interpretar la naturaleza desde la geografía no han variado. A partir de la construcción de una geografía crítica en los años setenta, nociones tales como 'producción social del espacio', 'naturaleza primera' y 'naturaleza segunda', han cobrado cierta relevancia, pero no han sido suficientes para desterrar falsas dicotomías e inútiles analogías. Es por ello que, a continuación, intentaremos deconstruir el dualismo naturaleza primera - naturaleza segunda, heredado del materialismo histórico ortodoxo, a través del análisis e interpretación del proceso de construcción social de la naturaleza, mediado por la configuración de las cosas en objetos en tanto realidad filosófica, provistos de una finalidad provista por la acción social.
En tercer lugar, elucidaremos críticamente la noción de la naturaleza como sistema de objetos y acciones, animada por contenidos racionales, prospectivos e intencionales. En cuarta instancia, abordaremos el proceso de valoración cultural y valorización económica de la naturaleza, vinculado estrechamente a la reproducción social y la configuración asumida por el proceso de producción del espacio. A continuación, develaremos los mecanismos de manipulación espacio-temporal -material, organizacional y simbólica- a la que la naturaleza resulta sometida a cada instante del proceso de totalización, animada por los vectores de la modernidad en curso. Esto nos permitirá ensayar una periodización del pasaje de la naturaleza desde el orden vital hacia el orden racional, sustentada en las nociones propuestas por Milton Santos (1996) de medio natural, medio técnico y medio técnico-científico informacional. Por último, daremos cuenta de las conclusiones a las que este trabajo ha arribado.
Espacio geográfico y naturaleza. Algunas consideraciones metodológicas
En el pasado, la búsqueda de los fundamentos de la geografía en el seno de tradiciones naturalistas, corológicas y positivistas, seguidas, más tarde, por la hegemonía de perspectivas cuantitativas y meramente analíticas, desembocó en una concepción fetichista del espacio. El impulso acrítico y sistemático a la realización de estudios sociales bajo el imperio de los postulados de las ciencias naturales, igualando la dinámica y estructura social al comportamiento de los seres vivos, convirtió a la geografía en seno y fuente de varios reduccionismos, tales como la transferencia mecanicista / determinista de los hechos del mundo físico al mundo histórico-social, la ignorancia acerca del contenido real del espacio, la atribución de un carácter repetitivo y recurrente a los fenómenos sociales, análogo a los procesos naturales, y la aceptación acrítica de la imagen, sistemáticamente introyectada en el imaginario social, de lo físico como la esfera inescrutable de lo exacto, independiente del contexto, fuente de verdades definitivas y absolutas. Tales perspectivas ignoraban, como señala Gottmann (1947: 5), que "no se puede esperar de las colectividades humanas un comportamiento semejante al de los seres vivos más elementales".
Sin embargo, décadas más tarde, el determinismo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, tan caro al marxismo ortodoxo, ahogó al espacio en simples descripciones ideológicas y en un vaciamiento de las categorías de análisis fundamentales. Impregnada de los contenidos derivados de las discusiones históricas y sociológicas acerca del materialismo histórico y el estructuralismo, esa geografía intenta desterrar esa concepción empirista del espacio, imponiendo una perspectiva netamente social. El núcleo de dicha propuesta epistemológica se arraigó básicamente en el estudio de la relación dialéctica entre espacio y sociedad, mediada por el trabajo humano, y expresada en torno a una dimensión no sólo social, sino también histórica. La rica noción, desarrollada desde la sociología por Lefevbre (1974), acerca del proceso de producción social del espacio, se tornó esencial para esta perspectiva, que hallaba en los postulados centrales del marxismo una pista para la indagación de los procesos sociales desde la geografía.
Pese a este significativo aporte, el espacio se tornó el reflejo mecánico de una sociedad o modo de producción en un momento histórico dado, repitiendo el error heredado del neopositivismo, en el cual los patrones espaciales reflejaban de manera burda y taxativa la estructura social. En otros términos, y bajo otro prisma ideológico, el espacio fue concebido por esa corriente epistemológica como el mero reflejo del proceso de acumulación capitalista y la lucha de clases. La visión absoluta del espacio, sustentada en interacciones simples entre espacio y sociedad, continuaba impertérrita, desconociendo que "dos objetos pueden interactuar o reflejarse mutuamente sólo sí, en primera instancia, pueden ser delimitados como objetos separados" (Smith, 1990: 77). El marxismo persistía en la falacia de considerar que la sociedad ocupaba o se extendía en el espacio, convirtiéndolo en un mero soporte de evolución de las fuerzas productivas y desarrollo de las relaciones de producción y, al mismo tiempo, desechaba a la materialidad intrínseca al espacio por considerarla fuente del fetichismo al que tan acérrimamente desacreditaba.
Hoy día asistimos a una vuelta, firme, sostenida y renovada, de la geografía al estudio de los procesos de construcción y organización territorial. Pero dicho regreso supone desterrar aquellos prismas positivistas y materialistas en los que el espacio se tornó una simple materialidad ajena al ser social, ora como sustrato físico-natural, ora como mero continente de las fuerzas productivas, o -incluso-, como vacío epistemológico aniquilado por el tiempo. Debemos, pues, evitar el absurdo equívoco que nos señala Santos (1990: 100), en el cual los geógrafos, "en vez de perseguir un saber nuevo, preferimos deleitarnos en la reproducción del saber viejo". Sin embargo, también se impone la necesidad de sortear la tentación de despreciar la totalidad de los aportes heredados.
Para ello, no debemos ignorar taxativamente los aportes de la geografía crítica, sino, por el contrario, engarzarlos en una perspectiva mucho más amplia, para tornarlos piezas fundamentales de una metateoría geográfica incrustada en el seno de la teoría social. Una amalgama entre los aportes del materialismo histórico y las perspectivas existenciales, permitirá que la geografía descubra, construya, sistematice y aplique perspectivas epistemológicas más interesantes. Es tiempo ya que el espacio geográfico se torne nuevamente en objeto de construcción y discusión, tanto desde una perspectiva ontológica como epistemológica. Más tampoco debemos caer en el eclecticismo, tan caro al pensamiento postmoderno, en el que se torna costumbre tomar "un poco de aquí, otro poco de allá y, sin la disciplina de una lógica de conjunto o de compatibilidad de conceptos", se organiza "de forma mecánica un postulado, que en el mejor de los casos, lo que se ha convenido en denominar sofisticación o elegancia de la frase, se apoya exclusivamente en la lógica formal, externa a la realidad en cuestión" (Santos, 1990: 46).
Por ello, partimos del supuesto teórico básico de considerar al espacio geográfico como un conjunto indisoluble, solidario y contradictorio de sistemas de objetos y sistemas de acciones, mediados por las normas (Santos, 1996). Esos sistemas se articulan a través de un proceso específico de producción del espacio, puesto que "el acto de producir es, a la vez, un acto de producción espacial" (Santos, 1990: 179). Así, pues, como los objetos son inseparables de las acciones, y viceversa -en todo caso, esa escisión es sólo analítica-, "no hay producción que no sea producción del espacio, no hay producción del espacio que se de sin trabajo. Vivir, para el hombre, es producir espacio. Como el hombre no vive sin trabajo, el proceso de vida es un proceso de creación del espacio geográfico. La forma de vida del hombre es el proceso de creación del espacio" (Santos, 1995: 81). Si comprendemos al espacio en tanto totalidad concreta, que se escinde y reúne nuevamente a cada instante del proceso de totalización, debemos interpretar a las diferentes modernidades y la trama del proceso de modernización, como configuraciones sistémicas específicas de la vida social que anima la trama de movimiento de la totalidad, y cuya expresión fundamental es la división del trabajo.
Esa renovación del objeto de estudio geográfico no ha implicado, sin embargo, un cambio sustancial en lo que a la naturaleza atañe en tanto dimensión constitutiva del espacio geográfico. La geografía continúa estudiando e interpretando a la naturaleza como antaño, es decir, como simples formas pasibles de un análisis biológico, geológico, etc. Aún hoy día, resulta cotidiano, incluso banal, dar cuenta de la geografía en tanto disciplina ligada al estudio de los fenómenos naturales, físicos o ambientales. No son escasos los exponentes de otras disciplinas y ciencias, sociales o no, en cuyo pensamiento permanece arraigada la imagen positivista de la geografía del Siglo XIX. Esa imagen representacional de la geografía en tanto ciencia vinculada al estudio de la orografía, los climas, el régimen hídrico, los suelos y la vegetación, se encuentra firmemente afianzada, tanto en el imaginario colectivo como en la práctica científica, al punto tal de desconocer los progresos teóricos, metodológicos y epistemológicos desarrollados por la disciplina en los últimos cincuenta años.
Por otra parte, abundan también aquellas perspectivas que promueven, abierta y explícitamente, el rotundo desplazamiento de la naturaleza en tanto contenido existencial del espacio geográfico. No faltan, además, ciertos exponentes, activos impulsores de la geografía radical, que afirman que el objeto de estudio de la disciplina se halla constituido por las relaciones sociedad-naturaleza. De esta manera, es claro que la naturaleza en tanto dimensión analítica y explicativa del espacio deviene en un problema epistemológico urticante para la geografía, y quizás, en su verdadero talón de Aquiles en lo que respecta a la producción de conocimiento, ora por el largo período en que la disciplina sucumbió al discurso del naturalismo positivista, ora por la sistemática y rotunda exclusión del campo disciplinario de la que ha resultado objeto la naturaleza en tanto construcción social. En este sentido, el correcto abordaje y resolución del papel de la naturaleza en la producción y organización del espacio implicaría la inserción definitiva de la disciplina en el campo de las ciencias sociales. Un abordaje, desde la teoría social, del papel de la naturaleza en la configuración del espacio geográfico, se constituiría en el pilar …