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Resumen: En este artículo se pretende señalar que los sentimientos no sólo tienen un lugar, sino también un tiempo. El desarrollo señala cómo los sentimientos han sido, en varios casos, valorados y devaluados. Sin embargo, una recuperación de los mismos puede hacerse en el marco de la fenomenología mediante el análisis del pathos como un acontecimiento que va más allá del comportamiento intencional y conforme a reglas. Así puede pensarse que el sitio de los sentimientos es el cuerpo. El autor propone de este modo que quien habla de sus sentimientos también lo hace desde su perspectiva y con ello enfatiza la dimensión afectiva del sentimiento en relación con la importancia de la corporeidad.
Palabras clave: corporalidad, phatos, epoché, fenomenología, sentimientos
Abstract: The aim of this article is to point out that feelings not only have a place, but also a time. The course of this investigation points out how feelings have been, in many cases, valuated and depreciated. However, a reapropiation of them can be done inside a phenomenological frame thru the analysis of the pathos as an event that goes beyond intentional behavior and according to rules. Thus, we can think the body as the locus of feelings. The author, in this manner, proposes that he who speaks of their feelings does this from his own perspective and thus emphasizes the emotive dimension of feelings in relation to the importance of corporality.
Key words: corporality, phatos, epoche, phenomenology, feelings
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Los sentimientos tienen no solamente su lugar, sino su tiempo también. En la actualidad podemos hablar de un renacimiento múltiple de los sentimientos. Esto concierne, por un lado, a la filosofía misma, especialmente a la ética. Toda moral a partir de leyes llega a sus límites, si no se trata únicamente de razones justificadas conforme a derecho, sino de razones que operan como móviles que no encuentran ningún punto de partida sin el sentimiento de sí y el sentimiento de lo extraño. La formación del sí mismo, como es tratada en las diferentes teorías de la socialización y también en el psicoanálisis, no se desarrolla como una mera adquisición y modificación de roles, sino como un proceso expuesto a crisis e impregnado por vínculos y separaciones afectivos. El aprendizaje en que se ocupa la pedagogía, pierde su sostén cuando se enfrenta al desinterés y desaliento. En la neurobiología ha aumentado la importancia de aquellas áreas cerebrales que son asociadas con la realización de sentimientos; el cerebro es, por ende, no un mero aparato procesador de datos, sino un órgano vivo que selecciona y 'evalúa' lo que es 'relevante'. Por último, la comparación intercultural muestra en qué medida la preferencia unilateral por el entendimiento y la voluntad, que caracteriza el racionalismo occidental, proviene de una actitud típica ante el mundo y la vida, además de una actitud, por cierto, muy masculina, como destacan los diversos estudios sobre la diferencia de género. (1) Las siguientes reflexiones --precedidas por un esbozo orientador histórico-- apuntan a una redeterminación fenomenológica de los sentimientos, la cual parte del carácter páthico de la experiencia y se nutre de la corporalidad de la experiencia.
REPRESIÓN Y RETORNO DE LOS SENTIMIENTOS
Los sentimientos experimentan en la era moderna condiciones difíciles. Naturalmente, todos sabemos que los sentimientos existen, pero ¿cómo y dónde existen? Su valoración oscila entre el menosprecio y el entusiasmo. Quien invoca el sentimiento como "su oráculo interno", "pisotea la raíz de la humanidad", dice Georg W. F. Hegel en el prefacio de la Fenomenología del espíritu: "Lo inhumano, lo animal consiste en el permanecer en el sentimiento y poder expresarse únicamente mediante éste". Sí a los sentimientos, pero sólo como un inicio aún no desarrollado, vago y no verbal. Es al mismo tiempo que Fausto entona ante Margarita, no sin segundas intenciones, el Cantar de los Cantares sobre los sentimientos: "¡Nómbralo Felicidad, Corazón, Amor, Dios! / ¡No tengo nombre / Para ello! Es sentimiento / Todo, el nombre, una nadería / Nublando un ardor celestial". Si las valoraciones resultan tan opuestas, se impone la sospecha de que exista una complicidad secreta: se reprocha o alaba sobremanera lo que no es fácil de soportar. Mas Heinrich Heine es ya el autor que vierte agua en el vino de los sentimientos alemanes. En un breve texto, escrito en 1854, dice poco antes de su muerte: "Es característico que a nuestros pícaros alemanes siempre se les queda adherido un cierto sentimentalismo. No son fríos pillos racionales, sino infames con sentimiento. Tienen corazón y simpatizan de modo más caluroso con la suerte de los que ellos han robado, y deshacerse de ellos es imposible". (2)
El largo ir y venir de revaloración y devaluación refleja la subjetivación de los sentimientos propia de la modernidad, que forma precisamente la parte complementaria del desencanto del cosmos. La naturaleza, como mero conjunto de mecanismos causalmente explicables y dominables, no sólo carece de sentido, sino de sentimientos también. Puede que el eterno silencio de los espacios infinitos produzca horror; pero éste es un mero sentimiento restante que remite al observador a sí mismo. Edmund Husserl muestra en su obra Krisis que la reducción del mundo de la vida cósmico a un mundo externo físico se compensa por la "abstracción complementaria" de un mundo interno psíquico. (3) De ahí en adelante todo aquello que no puede ser clasificado cognitivamente como cualidad material o prácticamente como utilidad para un fin, pertenecerá a la esfera de los sentimientos. En su forma elemental, los sentimientos son estados privados de un sujeto: "Tengo el sentimiento de que ...", ¿cómo voy a saber que tú sientes algo parecido? El análisis cuasi-fisicalista lleva a admitir datos sensitivos atómicos de la sensación, llamados sensation, que divagan y buscan conectarse. En esto tratamos, como Lichtenberg lo observa con ironía, los afectos como "tiritas de belleza sobrepuestos" que nos hacen olvidar la rudeza de las sensaciones. (4) Los sentimientos se consideran irracionales, que no siguen ninguna regla mientras estén abandonados a sí mismos. La división que hace René Descartes entre el alma/espíritu y el cuerpo, genera una esfera de sentimientos dual en la que los sentimientos superiores espirituales, como el orgullo o la tristeza, se separan de los sentimientos inferiores animales, por ejemplo, la voluptuosidad o el asco. También la esfera de los sentimientos tiene su part maudite. Si bien existen sentimientos sociales, éstos radican en lo propio y pueden compensarse, en caso de necesidad, por sentimientos de lo propio. El "individualismo posesivo" no para ante los sentimientos. De este modo, los sentimientos pierden poco a poco su orientación hacia el mundo. En el sentimiento, cada cual se encuentra inicialmente solo consigo mismo. En eso radica una verdad, pero sólo parcial, y es precisamente este empobrecimiento afectivo del mundo que Hegel ataca con sus mediaciones. Desde luego, hay tendencias opuestas como el Sentimental Journey de Sterne, donde la sensación llega a ser el hilo conductor de un viaje por varios países lleno de sorpresas. La literatura y el arte se encargan, como ocurre con tanta frecuencia, de representar una causa en proceso de desaparición …