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Resumen: Con ocasión de la publicación de la encíclica Deus caritas est, el artículo aborda el servicio cristiano de la caridad en el contexto de la acción social. Tras aludir a los principales desafíos que ha encontrado la acción caritativa desde el siglo XIX, trata de ubicarla en el conjunto del mensaje cristiano para extraer al menos algunos rasgos esenciales del amor cristiano al prójimo.
Palabras clave: Caridad, Deus caritas est, Cuestión social.
[DEUS CARITAS EST AND SOCIAL ISSUES]
Abstract: On the occasion of the publication of the encyclical Deus caritas est, the article discusses the Christian service of charity in the context of social action. After reference to the main challenges that charity has faced since the 19th century, charity is placed in the context of the Christian message, so that some essential traits of Christian love of one's neighbour are highlighted.
Keywords: Charity, Deus caritas est, Social Issues.
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Considerado como objeto de reflexión, el amor presenta multitud de facetas que lo dotan de una extensión y profundidad oceánicas. No resulta extraño tratándose de una experiencia humana fundamental que ocupa a la vez un puesto central en el cristianismo, tanto por lo que respecta al misterio de Dios en sí mismo, como al ser y a la misión de la Iglesia. Este panorama, ya de por sí extenso, se ve todavía ampliado si tenemos en cuenta la historia del último siglo, preñada de vicisitudes que una teología de la caridad no puede desatender.
En su encíclica Deus caritas est (DC), Benedicto XVI ha abordado la cuestión en dos momentos que están estrechamente vinculados: la esencia del amor, como misterio de Dios que se dona al hombre y que por eso mismo guarda una relación intrínseca con la realidad del amor humano (primera parte); y en una perspectiva más práctica, la manera en que la Iglesia --constituida como comunidad de amor-- cumple el mandamiento del amor al prójimo (segunda parte).
Las páginas que siguen pretenden ofrecer una panorámica del servicio cristiano de la caridad en el contexto de la acción social. En primer lugar, se aludirá a los principales desafíos que ha encontrado la acción caritativa desde el siglo XIX hasta nuestros días. Evidentemente, la acción caritativa se remonta en el tiempo tanto como la Iglesia, pero es en ese periodo cuando las cuestiones alcanzan su configuración actual. En un segundo momento, convendrá situar la acción caritativa en el conjunto del mensaje cristiano, para poder extraer finalmente desde esa perspectiva sistemática algunas indicaciones teológicas sobre el amor cristiano al prójimo.
1. LA ACCIÓN CARITATIVA EN EL CONTEXTO DE LA <
1.1. Introducción
Las dimensiones masivas y los aspectos cualitativos novedosos que alcanzó la pobreza en Europa desde el siglo XVIII, propiciaron una evolución tanto en el plano de las respuestas de orden práctico como en el de la reflexión doctrinal sobre el problema. A medida que las sociedades toman conciencia del carácter estructural del pauperismo, los estados lo irán asumiendo como una responsabilidad propia. Así, al lado de la compleja red de instituciones caritativas de carácter religioso (1), aparece y va ganando importancia la asistencia pública y el desarrollo de políticas sociales por parte de los estados. Entre los factores emergentes que marcan esa evolución se pueden mencionar: la percepción de la insuficiencia de iniciativas personales y de la necesidad de una mayor organización, el crecimiento de las competencias y del poder de acción del estado, la consolidación del pensamiento económico científico, la importancia creciente y la nueva configuración del trabajo, etc. Se trata de un proceso largo y complejo que aparecerá ya en el siglo XIX bajo el rostro de la <
Si los problemas de organización social se planteaban de una forma nueva, las propuestas de solución emergían con una radicalidad ideológica hasta entonces desconocida. El periodo que arranca en la segunda mitad del XIX y abarca el siglo XX, se ve dominado por el choque entre la ideología liberal sustentadora del capitalismo, y en esa medida de sus devastadoras consecuencias sociales, y de otra parte las nuevas propuestas socialistas de corte utópico y revolucionario, que sólo ven una salida de la situación mediante una ruptura violenta.
Los cristianos por su parte, al menos en su mayoría, no supieron advertir y responder con rapidez a las nuevas dimensiones del problema social, aunque algunos sectores manifestaron preocupación por la cuestión y apuntaron vías de solución. Es necesario recordar a este respecto el surgimiento del movimiento social cristiano, así como el interés del moderno magisterio social, desde la última década del XIX en adelante.
Evidentemente, esos procesos trascienden en muchos aspectos el servicio cristiano de la caridad y desbordan por tanto nuestro objetivo. Sin embargo, se han evocado aquí porque constituyen el trasfondo de la caridad en el período, tanto en lo que respecta a la acción y a la evolución de las estructuras caritativas, como también a los planteamientos intelectuales.
En efecto, desde las diversas corrientes de la Ilustración, a lo largo del siglo XIX se multiplican y radicalizan progresivamente las acusaciones dirigidas contra la acción de caridad, no sólo porque se juzga insuficiente como solución al problema social, lo cual exigiría reforzarla al mismo tiempo que completarla con otras vías de acción, sino porque --en interpretación de los maestros de la sospecha-- comienza a verse como parte del problema. No en vano se ha podido hablar de un declive de la caridad o de la necesidad sentida de una rehabilitación (3).
Son bien conocidas las protestas de Proudhon contra la Iglesia hacia la mitad del siglo XIX y su acusación de someter a servidumbre al trabajador bajo lo que denomina <
Esta objeción a la caridad asistencial entendida como solución única a la cuestión social, viene reiterada y extendida hasta el siglo XX por las distintas vetas del pensamiento marxista, como ha señalado la encíclica (cfr. DC 26 y 31). Partiendo de la confianza revolucionaria en la eficacia de la acción, fruto del protagonismo que se atribuye al hombre como constructor exclusivo de la historia, la caridad se juzga como sentimentalismo blando e ineficaz, como espiritualismo que apela a actitudes subjetivas allí donde lo que hace falta es resolver el problema social (6). Tal observación viene completada por la sospecha y la consiguiente denuncia: el ejercicio de la caridad está al servicio de la conservación del orden impuesto por el explotador, en …