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La liturgia del trabajo. "Levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mi" (JN 12, 32) en la experiencia de San Josemaría Escrivá de Balaguer.

Scripta Theologica

| May 01, 2006 | Derville, Guillaume | COPYRIGHT 2006 Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra. (Hide copyright information)Copyright

Resumen: Con la exaltación de la Cruz, las palabras de Jn 12, 32 profetizan el abajamiento y la glorificación de Cristo, cuyo amor así manifestado atrae a todos los hombres. San Josemaría recibe el texto joánico de manera original: es el trabajo del hombre lo que eleva la cruz en el mundo y lleva a la humanidad entera hacia ella. Jn 12, 32 se interpreta también como anuncio del culto cristiano, y particularmente de la Eucaristía. Así, culto y trabajo se encuentran: son obra de Dios, oración, sacrificio y apostolado. En torno a la ofrenda de la vida se perfila una verdadera liturgia del trabajo.

Palabras clave: Redención, Trabajo, Liturgia.

[THE LITURGY OF WORK <> (JN 12:32) IN THE EXPERIENCE OF ST JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER]

Abstract: The words of Jn 12, 32 prophesy the humiliation and glorification of Christ on the Cross. His lave, manifested in this way, attracts all of mankind. St. Josemaría understands the Johannine text in an original way. He takes it to mean that the Cross is raised up in the world and attracts humankind whenever a Christian performs his ordinary work in a holy way. Jn 12, 32 is also traditionally interpreted in relation to Christian worship, particularly to the Eucharist. In this sense, ordinary work and worship meet: both ate God's work; prayer; sacrifice; apostolate. An authentic <> may be said to derive from the idea of Christian self-oblation.

Keywords: Redemption, Work, Liturgy.

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SUMARIO: 1. JN 12, 32: INTERPRETACIÓN GENERAL Y LECTURA PARTICULAR DE SAN JOSEMARÍA. 1.1. La cruz como polo de atracción y triunfo del amor divino. 1.2. La interpretación de Jn 1Z 32 en una experiencia de San Josemaría. 2. JN 12, 32 COMO PROFECÍA DEL CULTO: ORACIÓN Y EUCARISTÍA. 2.1. Culto y trabajo como obras de Dios. 2.1.1. Cristo no estd aislado, vive en nosotros. 2.2. Tres razones por las cuales el trabajo es oración. 2.2.1. La promesa y la permanencia: Cristo, su oración y nuestro trabajo. 3. EL TRABAJO Y LA EUCARISTÍA, UN SOLO CULTO PARA EL MISMO FIN. 3.1. Creación, trabajo y Eucaristía. 3.2. Trabajo y Eucaristía: permanecer en Dios y amarle. 3.3. Cuatro finalidades comunes al trabajo y al sacrificio eucarístico. 3.3.1. Adoración. 3.3.2. Acción de gracias. 3.3.3. Petición. 3.3.4. Reparación. 3.4. La Eucaristía exige d trabajo. 4. EL CULTO DEL TRABAJO COMO SERVICIO Y APOSTOLADO. 4.1. La dimensión apostólica del trabajo. 5. CONCLUSIÓN.

El Papa Benedicto XVI bendijo el 14 de septiembre de 2005 la estatua de San Josemaría Escrivá de Balaguer instalada en un nicho exterior de la basílica de San Pedro (1). En este acontecimiento se da una coincidencia entre la fecha de la ceremonia, fiesta de la Cruz gloriosa, y el sentido de las palabras de Jesucristo grabadas en la parte inferior de la obra de mármol, sobre un libro que un ángel sostiene abierto: <> (Jn 12, 32). La atención recae sobre esta profecía de Cristo. ¿Cuál es el motivo que ha llevado a la elección de estas palabras y no de otras? Es obvio pensar que se trata de un pasaje de la Escritura particularmente significativo en la vida y en el mensaje del Fundador del Opus Del. Josemaría Escrivá es conocido, con merecido título, como <> (2), y como el apóstol de la santificación del trabajo. Pero ¿qué relación tiene esto con Jn 12, 32?

La respuesta a esta cuestión será el primer objeto del presente esfuerzo de meditación teológica. A continuación, reflexionando sobre Jn 12, 32, se podrá conectar la noción de trabajo con la de culto. Esto permitirá ilustrar algunos aspectos de la relación entre trabajo y oración, y entre trabajo y Eucaristía, especialmente en el marco de las enseñanzas de San Josemaría, para concluir con una referencia a la proyección apostólica del trabajo.

1. JN 12, 32: INTERPRETACIÓN GENERAL Y LECTURA PARTICULAR DE SAN JOSEMARÍA

1.1. La cruz como polo de atracción y triunfo del amor divino

Después de su entrada triunfal en Jerusalén, Cristo es glorificado por su Padre en una misteriosa teofanía, para asombro de las muchedumbres. Como más tarde en Getsemaní --en un momento de angustia, pero también de intimidad con el Padre, y seguramente de alegría interior (3)--, las dos voluntades del Verbo encarnado convergen en la aceptación de la cruz; la voluntad humana de Jesús se somete a su voluntad divina: <<¿Y qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora?, si para eso vine a esta hora>> (Jn 12, 27). Cristo pronuncia entonces lo que podríamos llamar una revelación: <>. El evangelista precisa: <, (Jn 12, 33). La elevación de Cristo, sobre la cruz y simultáneamente en la gloria, es ante todo un anuncio de su muerte, como había ocurrido en una revelación de sí mismo a los judíos: <> (Jn 8, 28).

La fiesta del 14 de septiembre se llama exactamente in exaltatione Sanctae Crucis, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz. La Liturgia de las Horas incluye ese día un pasaje de una homilía de San Andrés de Creta, que retorna la frase de San Juan y describe cómo gracias a la cruz somos llevados a las alturas: por la cruz, Cristo ha vencido la muerte; la cruz, sufrimiento y trofeo, se convierte en gloria y exaltación de Cristo. La Liturgia de la Palabra, en la Misa de esta misma fiesta, hace una referencia a la tipología de la cruz, que se compara al mástil sobre el cual Moisés eleva la serpiente de bronce en el desierto como signo de salvación (cfr. Nm 21, 4-9, interpretado como señal de misericordia por Sab 16, 7 y evocado por Jn 3, 14). Con la lectura del himno de la carta a los Filipenses (2, 6-11), la liturgia proclama además el abajamiento y la exaltación de Cristo, que culminan con la evocación del culto rendido a la gloria de Dios. Por último, con la proclamación del evangelio de Juan, desvela el corazón mismo del misterio de la redención: <> (3, 16). Josemaría Escrivá resume el misterio del Crucificado diciendo que Jesús está en la cruz <> (4). La muerte de cruz del Hijo es el signo del amor de Dios hacia los hombres: he aquí la razón que explica que éstos sean atraídos por Él.

Pero la cruz no es sólo amor: es también el triunfo del amor. ¿Cómo se puede hablar de exaltación de la Santa Cruz? Poco antes de su profecía sobre la atracción de todos los hombres hacia él, Cristo escucha la voz del Padre que alaba la aceptación de la muerte por el Hijo. En respuesta a su abandono filial a la voluntad del Padre, y por tanto al consentimiento acerca de su muerte 0,Padre, líbrame de esta hora ... Si para eso vine a esta hora. ¡Padre, glorifica tu nombre!>>), Jesús escucha la voz del cielo: <> (.In 12, 27-28). Cristo rogará más tarde a su Padre asociando de nuevo la gloria de ambos a su propia muerte: <> (Jn 17, 1). Joseph Ratzinger explica esta misteriosa glorificación --no sólo de la cruz, sino de la muerte misma de Cristo-- a la luz de la institución de la Eucaristía: <> 5. Con estas breves pinceladas queda ya esbozado el marco evangélico y teológico en el cual se inscribe la experiencia mística vivida por Josemaría Escrivá el 7 de agosto de 1931, seis años después de su ordenación sacerdotal, y a menos de tres años de la fundación del Opus Dei. Dejemos ahora que hable la historia: la de un alma, cuyo relato en este punto se funde con el de una Obra. ¿Por qué esta inscripción en el mármol?

1.2. La interpretación de Jn 12, 32 en una experiencia de San Josemaría

El texto de San Juan abarca dos aspectos significativos de la historia y del carisma del Opus Dei. El 7 de agosto de 1931, Josemaría Escrivá de Balaguer celebraba el sacrificio eucarístico cuando, de repente, durante la elevación de la hostia, justo después de la consagración, se presentaron a su espíritu de manera impetuosa las palabras de Jn 12, 32. La relación de todo cristiano con el evangelio comporta una dimensión íntima y personal. La Palabra de Dios y la vida de Cristo constituyen la clave de toda vida auténticamente cristiana. Sin embargo, en este caso tiene lugar un fenómeno particular, en la forma de lo que se suele denominar locución divina: las palabras de la Escritura martillean el alma de una manera ineluctable, con un sentido evidente y a la vez nuevo. San Josemaría recoge así el episodio en sus Apuntes íntimos. <> (6). La experiencia golpeará al joven sacerdote, en tanto que fundador, pues afectará a toda su concepción de la existencia cristiana.

Josemaría Escrivá entiende (intelectualmente, sin duda: no se trata de una voz) las palabras de Cristo en la versión de la Vulgata: <>; la neo-Vulgata retoma la fórmula mayoritaria en los manuscritos, <> (pantas), en lugar de <> (panta). Pero no me detendré sobre este punto, porque el sentido de ambas es equivalente, y la cuestión resulta además relativamente marginal por lo que respecta a la perspectiva de este artículo (7).

¿Cuál es entonces el horizonte fundacional que se dibuja en la locución de Jn 12, 32? Pedro Rodríguez ha señalado sus grandes líneas (8). Sitúa la perícopa en el contexto evangélico, y completa el cuadro con algunas citas de San Josemaría, para poner de manifiesto finalmente el sentido espiritual que adquirió este versículo en el alma del fundador. En el tiempo de la Iglesia, la redención, realizada por Cristo de una vez para siempre ofreciéndose a sí mismo (<>; cfr. Heb 7, 27), es constantemente actualizada por el Espíritu Santo en los corazones (<>) (9). La exaltación sobre la Cruz, acto culminante de la redención objetiva, inseparable de la resurrección y de la ascensión, para Escrivá expresa la redención subjetiva: Cristo quiere ser elevado de nuevo. San Josemaría ve aquí la exaltación de la cruz con una luz particular: en la actividad secular, el cristiano, si está unido a Cristo, alza la cruz, amor salvador; siempre unido a Cristo, levanta la cruz ante el mundo del que forma parte. El bautizado está llamado a santificar su trabajo, a santificarse en su trabajo, y a santificar a los demás con su trabajo. Esta triple dimensión --objetiva (hecho con perfección técnica y ética, como ofrenda a Dios), personal (que lleva a la mejora, a la maduración humana y cristiana, y a la identificación con Cristo) y social (realizado como servicio a los demás, en testimonio de apostolado y como contribución a la resolución de los problemas sociales)-- hace del trabajo una actividad santa y santificante, un lugar de encuentro con Cristo, de conversión personal y de evangelización; un medio de identificación misteriosa con Jesús, una progresiva divinización, un proceso de crecimiento en la filiación divina. Curiosamente, la palabra trabajo encuentra nuevamente aquí, por su unión a la cruz, su primera etimología (tripalium, instrumento de tortura); pero …

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