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POR MUCHO tiempo he tenido la idea de que el periodo barroco en Europa fue una provocación americana. La desazón y la supuesta decadencia del espíritu europeo no fueron tanto productos del cansancio del continente, ni de los descubrimientos astronómicos de Brahe y Kepler--descubrimientos éstos que vinieron a echar por tierra la calmada y perfecta cosmología tolemáica, en la que se basó el arte del Renacimiento. Me parece que la semilla del retorcimiento angustiado que el barroco efectuó en el estilo clásico renacentista fue sembrada ya en 1492, el año en que Europa se percató de la existencia de un nuevo continente.
Un siglo después (1593), cuando el carácter de lo que sería esa nueva tierra ya se había constituído, surge en la Italia dominada por España y de la mente alucinada del Tasso la primera obra barroca de la literatura occidental: Gerusalemme conquistata. Refundición de su primera versión, la liberata de 1575 --obra que horrorizó a Galileo por su alegoría (mostrar lo uno por lo otro) y que igualándose a la pintura de Caravaggio en cuanto a su descentramiento y reconocimiento de la …