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Resumen
El movimiento revolucionario, concebido como la lucha armada por la reivindicación agraria que se inició en el norte y se consolidó en el centro del país, ha sido sometido al ejercicio crítico y a la revisión desde nuevas perspectivas, que han permitido extender su estudio a todas las regiones mexicanas para entenderlo en un sentido más amplio y complejo. En este panorama insertamos nuestros apuntes sobre la historia campechana. El recorte temporal propuesto comprende el inicio del último periodo de gobierno con sello porfirista en el estado, 1905, y concluye con la consolidación de los gobiernos revolucionarios constitucionalistas, 1919. Estudiamos las características que en Campeche tuvieron las etapas de la dictadura, la revolución maderista y el constitucionalismo, destacando los aspectos y matices locales, en el marco de los sucesos nacionales.
Palabras clave: Campeche, discurso, informes de gobierno, política, revolución.
INTRODUCCIÓN
El estudio del movimiento revolucionario concebido en los términos de la gran lucha armada por la reivindicación agraria que se inició en el norte y se consolidó en el centro del país ha sido sometido, en las últimas décadas, al ejercicio crítico y a la revisión a partir de nuevas perspectivas, lo que ha permitido ampliar el conocimiento de este proceso a todas las regiones mexicanas, enfocándolo desde diferentes ópticas, con la finalidad de entenderlo en un sentido más amplio y complejo.
Consideramos que un referente importante para estudiar los efectos de los acontecimientos y cambios sociopolíticos es el lenguaje que caracteriza a cada época o momento singular. Especialmente significativo resulta el estudio del discurso oficial, porque mediante sus transformaciones, leves o radicales, podemos constatar las preocupaciones que privilegiaron los actores políticos y observar los virajes en las dinámicas locales y nacional.
Aunque la situación y condiciones imperantes en el sureste mexicano, a lo largo del tiempo, signó a esta región con diferencias sustanciales que determinaron patrones de desarrollo propios, distanciándolo en ocasiones de otras pautas vividas dentro del territorio nacional, el estado de Campeche no estuvo ajeno a las inquietudes que sacudían a otras latitudes del país; tal fue el caso del movimiento revolucionario. Sin embargo, es importante explicar la realidad histórica que imperó, matizada por los parámetros establecidos por el funcionamiento de la propia región.
En este panorama insertamos nuestros breves apuntes sobre la historia campechana en el marco de la etapa que corre del final del porfiriato al triunfo del constitucionalismo, tomando en cuenta sus propios patrones de desarrollo, su problemática particular, sus mecanismos de lucha y de defensa, su paisaje político, su situación económica y la forma en que todo esto afectó a la sociedad campechana; se pone también especial cuidado en las implicaciones y repercusiones de la situación nacional en el interior del estado.
El recorte temporal propuesto responde, respectivamente, al inicio de la última administración con sello porfirista en el Estado, 1905, y concluye con la consolidación de los gobiernos revolucionarios constitucionalistas en 1919. Consideramos que es posible estudiar las características que en este lapso de transición en la vida política tuvieron en Campeche las etapas del régimen porfiriano, la revolución maderista y el constitucionalismo, destacando los aspectos y matices locales, enfrentados a veces, pero siempre insertos en el marco de los sucesos nacionales. Para ello tomamos como referente fundamental los informes oficiales rendidos por los diferentes personajes que estuvieron a cargo del Poder Ejecutivo en el estado durante las dos primeras décadas del siglo XX, procurando entender sus discursos incorporados dentro de la lógica imperante en el país e intentando establecer la correspondencia entre sus contenidos discursivos y sus acciones de gobierno.
ANTECEDENTES
Campeche se erigió como estado de la federación mexicana en 1863. Su historia se entrelaza estrechamente con la de Yucatán, al cual estuvo unido desde la consolidación de la dominación española hasta los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX. En la contienda electoral de 1857 las diferencias, los enfrentamientos, las desavenencias entre campechanos y yucatecos llegaron a su punto más crítico. El rompimiento definitivo entre los partidarios de los dos principales candidatos al gobierno de Yucatán condujo al resurgimiento de antiguos intereses separatistas campechanos, mismos que, en esta oportunidad, se concretaron en el marco de un panorama nacional conflictivo --amenazado por presiones internacionales y conmocionado por problemas internos-- que requería el fortalecimiento del Estado federal y la eliminación de las grandes concentraciones territoriales que, habiendo manifestado ambiciones independentistas en reiteradas ocasiones durante la primera mitad del siglo XIX, ponían en riesgo la integridad nacional. La riqueza del territorio, por otro lado, hacía temer nuevos avances de la ambición estadounidense.
El movimiento electoral y separatista de 1857 estuvo acaudillado por los campechanos Pablo García Montilla y Pedro Baranda y Quijano, quienes después del triunfo de su causa se enfrentaron por el control de los mecanismos de poder estatal y rompieron relaciones de manera drástica y definitiva. Estos dos personajes se constituyeron en los ejes aglutinadores de los intereses políticos, económicos y sociales al encabezar los dos grandes grupos que dominaron la escena local durante la segunda mitad del siglo XIX y la primera década del XX.
La distancia entre la capital de la nación y el estado campechano, aunado a su carácter de puerto, le ha permitido estar al margen de los vaivenes y políticas centrales, a las que se ha sujetado dentro del marco de su propias condiciones. Así pues, el escenario de la política local lo definieron, por un lado, García Montilla y junto a él Tomás Aznar Barbachano, su permanente compañero, y por el otro, Baranda y Quijano y sus colaboradores. A partir del rompimiento entre ambos personajes, el gobierno quedó en manos de Pablo García, (1) quien detentó el mando de 1857 a 1871. En ese año, en buena medida gracias al poder que los Baranda tenían en el ámbito nacional, concluyó un proceso legal en contra de García por el desacato a algunos artículos de la Constitución, con el fallo condenatorio del Congreso. (2) Ante esta situación, García Montilla tuvo que abandonar el territorio campechano. El camino estaba despejado para que Joaquín Baranda y Quijano, hermano menor de Pedro Baranda, asumiera el gobierno. (3) Inició así un periodo de poder barandista que habría de prolongarse hasta 1902, cuando nuevamente los relevarían los partidarios (para entonces descendientes) de García Montilla y Aznar Barbachano.
Los gobiernos de García Montilla y sus descendientes, y de Baranda y Quijano y sus partidarios, estarían marcados por el control personalista que, sin llegar a ser dictatoriales, concedían un pequeño margen de libertad política, con oposiciones débiles, en los que el descontento social no lograba establecer fórmulas de organización que permitieran su clara manifestación. Estos dos grupos dominaron totalmente el acontecer campechano y se alternaban en el poder. La transición del régimen porfirista (garcía-montillista en Campeche) al maderismo (castillista) se daría en medio de un clima de efervescencia social acorde con los tiempos de la dinámica nacional.
DEL PORFIRIATO AL MADERISMO
GOBIERNO DE TOMÁS AZNAR Y CANO
El último gobernante cobijado a la sombra de Porfirio Díaz fue Tomás Aznar y Cano (1905-1910), miembro del grupo garcía-montillista que relevó al de los barandistas en la conducción del estado desde 1902. (4) Al estudiar los informes que Aznar pronunció durante los años que estuvo al frente del gobierno, constatamos los estrechos vínculos entre el poder local y el central, evidenciados en el trazo de los proyectos políticos instrumentados en la entidad. En el marco de la política nacional dominada por los criterios científicos y positivistas era natural que las preocupaciones del gobierno campechano se centraran en dos puntos fundamentales: el desarrollo de mejoras materiales (que incluía lo relativo al comercio, la industria y el agro) y de la educación. (5) Los ideólogos del porfiriato, entre los cuales destacaba Justo Sierra, estaban convencidos de que la consolidación de esos dos puntales se traduciría en prosperidad social.
En el renglón del desarrollo económico un elemento característico del discurso oficial de Aznar y Cano fue el de poner énfasis en el reconocimiento de las graves carencias y problemas que enfrentaba la entidad, procurando resaltar su intento por mantener saneados los presupuestos con la aparente finalidad de no ensombrecer más el panorama local. En tal sentido, con la intención de difundir entre la sociedad la idea de su alto grado de conciencia y preocupación por el bienestar de la entidad y sus moradores, en 1909 haría pública la noticia de que se había rehusado a comprometer al estado con el endeudamiento, a pesar de haber "recibido oferta formal de un préstamo que podría hacerse llegar hasta dos millones de pesos", y que tal ofrecimiento fue rechazado con el fin de no "gravar el porvenir con una carga que pudiera llegar á ser pesada". (6)
Desconocemos las cuestiones internas que definieron la posición del gobernador respecto del empréstito, pero lo que sí podemos afirmar es que durante la administración de Aznar y Cano la economía campechana se vio seriamente afectada por la crisis en los mercados internacionales del henequén y del palo de tinte --ya que con el inicio de la guerra ruso-japonesa se perdieron importantes plazas para este producto--. Ante el problemático escenario se procedió a la organización de los propietarios de tierras mediante el establecimiento de la Cámara Agrícola de Campeche y la Junta Agrícola del Carmen.
Acordes también con las tendencias modernizadoras del régimen, el gobernador haría hincapié en los esfuerzos encaminado a fomentar y consolidar el desarrollo de las redes de comunicación por medio de la firma de contratos para el establecimiento de vías férreas y de tranvías. Lo cierto es que, más allá del afán discursivo y de los muchos proyectos que sólo se quedaron en el papel, en los hechos se logró avanzar muy poco en la materia; durante su gestión únicamente se construyeron 19 kilómetros de camino ferroviario, correspondientes al proyecto del Ferrocarril Campechano. (7) Otro asunto en el cual se insistió de forma reiterada fue el otorgamiento de concesiones a empresas extranjeras en los diversos ramos de la economía, sobre todo en los referentes a la extracción; lo que no se decía era que esos contratos realmente representaban beneficios muy limitados para el estado y sí, por el contrario, fomentaban la concentración de grandes extensiones territoriales en unas cuantas compañías. En cambio, poco se abordaba el tema de la situación que imperaba en el puerto, el cual, a pesar de continuar funcionando para la realización del tráfico de altura, mostraba preocupantes signos de decadencia, que se explicitaban en las bajas constantes de los ingresos por los rubros de exportaciones e importaciones ante la incapacidad para competir con los puertos de Veracruz y Yucatán.
En el margen entre lo económico y lo social, e inscrito en el mismo sentido de las preocupaciones por lograr concretar las aspiraciones de orden y progreso de la administración porfirista, se situaba el proyecto colonizador. Aunque las empresas colonizadoras habían sido consideradas durante las primeras décadas del gobierno de Díaz un importante factor que contribuiría al perfeccionamiento de la sociedad desde una doble perspectiva, por un lado, como estrategia de fusión racial mediante la cual superar la condición del indígena y, por el otro, como una fórmula para combatir el abatimiento del campo gracias a la implementación de la propiedad individual que fomentaría la formación de un grupo de pequeños terratenientes; en Campeche la estrategia estuvo encaminada a tratar de satisfacer las graves carencias que vivía el agro, marcado por la escasez de mano de obra y las dificultades para el abastecimiento de agua. (8)
En su primer año de gobierno, Aznar tuvo que combatir las alteraciones provocadas por "varios colonos agrícolas, huastecas los unos, jamaiquinos los otros", (9) en las fincas de campo Chilib, en el partido de Hecelchakán, y San Pablo, en el partido de Champotón; los tumultos fueron originados por "diferencias con los administradores". En el mismo año de 1905 peones de la hacienda San Pedro, perteneciente a la familia Repetto, se rebelaron y asesinaron al administrador del lugar (Diccionario histórico ..., 1990, t. I, 220). Otro incidente tendría lugar en 1906, cuando un grupo de peones yaquis se fugó de la finca de campo San Lorenzo y fueron perseguidos y aprehendidos. (10)
Escudado en el temor ante este tipo de manifestaciones de inconformidad social que se tornaban en pequeñas alteraciones de la vida pública, y a pesar de que en ninguna ocasión alcanzaron tal magnitud que pudieran representar situaciones fuera del control gubernamental, durante su mandato Aznar apoyó la idea de que la fuerza de la policía rural no bastaba para controlar el orden y permitió la existencia de "fuerzas auxiliares organizadas, mediante autorización oficial, por algunas empresas agrícolas de importancia". (11)
En 1908, esta vez en el partido del Carmen, un grupo de peones agrícolas armados abandonó su centro de trabajo; a pesar que el incidente no cobró mayores dimensiones, se destacó una sección de gendarmería para que vigilara el área y mantuviera el orden. Aunque, obviamente, el gobernador no lo menciona en sus informes, era un hecho repetido que los peones escaparan de las haciendas, de forma individual o en pequeños grupos, lo que patentizaba …