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Ahora los ataba otro vínculo, la mujer tristemente sacrificada y la obligación de olvidada.
Jorge Luis Borges
Según se comunica en el periódico "La Estrella" de Valparaíso de septiembre de 2003, poco antes de su muerte Neruda trabajaba en "La rosa de papel", antología poética que le iba a permitir homenajear a un grupo de cinco mujeres poetas, entre las cuales se encontraban Delia Domínguez, Sara Vial, Stella Díaz Varín, Irma Astorga y Nena Gutiérrez. El Golpe Militar silenció entre otros esa "rosa de papel". Hasta hace poco, el proyecto se encontraba en suspenso, al igual que otra de las importantes iniciativas de Neruda: el Proyecto Cantalao. (1) La "deuda de Neruda" con las escrituras de mujeres era sin más la deuda de toda una cultura/país.
Este nuevo volumen de la Serie Monográfica, NOMADÍAS (2), está dedicado a la escritura de mujeres de los años 80 en Chile y se plantea como una incitación a su relectura, particularmente por parte de las nuevas generaciones. Presentamos una muestra. En algunos casos, no se trata estrictamente de textos publicados en esas fechas, como los de Nadia Prado, Guadalupe Santa Cruz o Diamela Eltit. En todos ellos, sin embargo, se ha creído detectar una política estética tendiente a resignificar relaciones binarias tales como arte y vida, cuerpo y letra, forma expresiva y forma de contenido, canon y agenciamientos de poder, motivación para su inclusión en este volumen. Como afirma Diamela Eltit en este volumen, no se trata exclusivamente de una estética de mujeres. Los trabajos de Zurita, Maqueira y Las Yeguas de la Apocalipsis, entre otros, muestran en qué medida se trata de proyectos que erosionan radicalmente el Sistema Sexo-Género en sus operaciones simbólico-literarias.
Los 80 fueron años de gran intensidad político-cultural en el país, y la actividad editorial de las escritoras no se quedó atrás: en 1983, Diamela Eltit publica Lumpérica; ese mismo año, aparece Bobby Sands Desfallece en el Muro, de Carmen Berenguer. Al año siguiente, sale a la luz Vía Pública, de Eugenia Brito y Marina Arrate empieza su producción con "Pintura de Ojos" y "Huelén", poemas publicarlos en la Revista LAR, de Concepción. En 1985 Verónica Zondek publica La sombra tras el muro. En 1986, se publican Por la patria, de Diamela Eltit, Huellas de Siglo, de Carmen Berenguer, Eiliaciones, de Eugenia Brito, Este lujo de ser, primer poemario de Marina Arrate y ¡Arre!, Halley, ¡Arre!, de Elvira Hernández. Meditaciones físicas por un hombre que se fue, también de Elvira Hernández aparece en 1987. El cuarto mundo (1988), de Diamela Eltit y A media asta, de Carmen Berenguer y El hueso de la memoria, de Verónica Zondek son de 1988. La primera novela de Guadalupe Santa Cruz, Salir, es de 1989, el mismo año en que se publican El Padre Mío (1989), de Diamela Eltit y Carta de Viaje, de Elvira Hernández del mismo año. Malú Urriola publica Piedras Rodantes en 1989 y en 1987 aparece la antología, 16 Poetas Chilenos. Campos Minados de Eugenia Brito, texto fundante sobre literatura post golpe en Chile y Escribir en los bordes de Carmen Berenguer cierran la década, ambos ensayos publicados en 1990. Es ya tiempo de reciclajes: Carmen Berenguer publicó recientemente una reedición de tres textos de los 80, bajo el título de La gran hablada. (3)
Ingresa con esta selección, un cuerpo textual de creación verbal y crítico que Neruda no habría podido contemplar en su proyecto. Me refiero a textos que permiten interrogar el canon literario androcéntrico desde las propias prácticas verbales, en el cuerpo voluptuoso y sintomático de la letra.
En el presente volumen dialogan textos de Marina Arrate, Carmen Berenguer, Eugenia Brito, Diamela Eltit, Elvira Hernández, Nadia Prado, Guadalupe Santa Cruz, Malú Urriola y Verónica Zondek en un contexto discursivo lúdico y reflexivo, que se abre a las críticas de Soledad Bianchi y Loreto Chávez, Francesca Lombardo y Fernanda Moraga, Leonidas Morales y Raquel Olea, Grínor Rojo y Cecilia Sánchez. Se han distinguido cuatro partes: el Prólogo, una sección titulada, Pulsiones estéticas, que contiene los textos de creación verbal, otra sección que incluye los poemas de Soledad Fariña, Parafraseando, y los ensayos sobre las creaciones verbales, reunidos en la sección, Resonancias diacríticas.
Me ha parecido importante relevar un núcleo de proyectos escriturales de mujeres porque estoy consciente de tres operaciones: en primer lugar, creo que el sexo (el cuerpo) de quien escribe importa, que más allá o más acá de las "performances" simbólicas estamos inscritas (os) en un horizonte epistemológico y valórico andro y etnocéntrico que obstaculiza en mayor o menor grado la emergencia de las autoras como actantes, como sujetos de ciudadanías culturales. En segundo lugar, me parece que la "autora" no ha muerto, que ella transita en un campo institucional conflictivo ("minado" ha dicho Eugenia Brito), cuyos agenciamientos se establecen en registros tan diversos como lo son los comercios del capital simbólico, los avatares interpretativos, la consagración y degradación de verdades en el procesamiento canónico. En tercer lugar, la crítica feminista ha puesto en evidencia algo que me interpela con fuerza: el canon se ejerce a través de operaciones concretas de recepción estético-políticas, de las cuales este volumen es síntoma y emplazamiento. Los cuerpos textuales son "tatuados" --diría Marina Arrate, y lo son directamente a ras de superficie-- por relaciones de poder que se evidencian en el horizonte indeterminado y polisémico de las lecturas.
El corpus de esta selección designa un campo…