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La importancia y necesidad de la conservación de los montes. Conflictos por leña en Chile colonial: ¿incipientes preocupaciones ambientales? *.(Estudios Latinoamericanos)

Anuario de Postgrado

| January 01, 2005 | Iglesias Zúñiga, Juan Pablo | COPYRIGHT 2003 Universidad de Chile, Facultad de Filosofia y Humanidades. (Hide copyright information)Copyright

La relación que la sociedad colonial estableció con su entorno significó la transformación paulatina pero masiva de los paisajes ecológicos. En la segunda mitad del siglo XVIII, la expansión de la hacienda, la política de la corona de creación de nuevos asentamientos urbanos y el fomento de las actividades mineras generó el surgimiento de conflictos por el acceso y uso de los recursos forestales.

El objetivo de este artículo es preguntarse acerca de las motivaciones que subyacen al surgimiento de estos conflictos. En la primera parte, se identifican los principales mecanismos que produjeron cambios significativos en el paisaje colonial y sus posibles consecuencias en el ambiente, así como las primeras medidas de protección del recurso frente a la escasez y deterioro.

En la segunda parte, se revisan dos conflictos en torno a recursos forestales seleccionados y se analizan cuáles son sus características principales y si es posible considerar sus planteamientos como preocupaciones ambientales por el futuro del recurso.

1. Introducción

El paisaje tiene una historia natural y una historia antrópica de transformaciones que son la base sobre y en relación con la cual se han desarrollado los procesos históricos. A lo largo de su historia, lo seres humanos han alterado su entorno natural, y éste a su vez, ha afectado sus posibilidades históricas de desenvolvimiento, ha condicionado sus posibilidades de crecimiento demográfico, su complejización social y cultural, el potencial de crecimiento económico, etc. (1) El paisaje es un producto cultural que surge de la percepción subjetiva de un observador, desde la cual los individuos y el colectivo se interrelacionan con ese entorno --interrelaciones entre sistemas sociales y naturales. Sus experiencias perceptivas condicionan los tipos de relaciones y valoraciones que se viven y expresan con respecto al paisaje, por lo cual los discursos del pasado que se pronuncian sobre estas percepciones son posibles indicadores de los estados de los paisajes ecológicos, del estado de la cobertura vegetacional, de las comunidades animales y del uso y aprovechamiento de los recursos en general (2). En este marco, los conflictos por recursos serían importantes señales de su posible agotamiento o escasez, en el sentido de la percepción de la pérdida de un bien valioso para esa sociedad.

Frente a la valoración de los paisajes ecológicos como patrimonios culturales que tienen una importante participación en la construcción y reforzamiento de las identidades locales y nacional (3), el estudio histórico de sus transformaciones, de las relaciones que las sociedades han establecido con su entorno y de las ideas y configuraciones culturales que se han desarrollado en relación con ese paisaje natural a lo largo del tiempo, permite comprender cómo se ha ido construyendo una relación insustentable con el medio (una cultura ambiental) y cómo han ido cambiando los paisajes que en la actualidad dan la impresión de ser los característicos de nuestro país.

A finales del siglo XVIII, se podían encontrar en el norte y en la Zona Central del Reino de Chile (4), espacios donde la cubierta vegetacional habría retrocedido significativamente. La roza por fuego, la tala selectiva de ciertos árboles y arbustos por su valor forestal para la economía y la construcción, la introducción de especies de fauna y flora europeas y, sobre todo, la corta de leña para la minería y el desmonte agrícola habrían producido un considerable deterioro de los recursos forestales. En este contexto, se produjeron una serie de disputas por el control de estos recursos, transformándose rápidamente en litigios judiciales que originaron el surgimiento de preocupaciones por su futuro. El objetivo de este artículo es preguntarse acerca de las motivaciones que subyacen al surgimiento de estos conflictos. ¿Son ellos incipientes preocupaciones del deterioro del entorno natural o una simple disputa para derogar los denuncios mineros y poder definir la propiedad de los bosques? Una de las hipótesis a trabajar es que para el siglo XVIII la expansión de las formas europeas de aprovechamiento productivo y propiedad privada del suelo en el Chile histórico habrían provocado importantes transformaciones en el paisaje ecológico, dando lugar al surgimiento de conflictos donde se expresaron preocupaciones por el deterioro de los recursos forestales. Creemos que son antecedentes y que darían paso en el siglo siguiente a las primeras preocupaciones conservacionistas sobre el recurso forestal.

En la primera parte, entonces, se abordan los principales mecanismos que produjeron cambios significativos en el paisaje colonial y sus posibles consecuencias en el ambiente, en la medida en que son estos los factores que dan cuenta de la situación de los bosques a finales del siglo XVIII. ¿Existieron medidas de protección del recurso frente a la escasez y deterioro de los recursos forestales durante la época colonial? En la segunda parte, se revisan dos conflictos seleccionados y se analizan cuáles son sus características principales y si es posible considerar sus planteamientos como preocupaciones ambientales por el futuro del recurso.

II. Los bosques nativos en los siglos coloniales: entre la utilización productiva, la tala y el desmonte

Anterior a la conquista hispana en el siglo XVI, existe el consenso de que la ocupación del territorio por parte de sociedades indígenas no tuvo efectos importantes sobre el paisaje. De los antecedentes disponibles se sabe que aquellos grupos agricultores cultivaban en espacios despejados naturalmente o utilizaron el fuego para preparar espacios para cultivar, y que los animales domesticados (camélidos) tenían un impacto menor a nivel de cobertura vegetal (5). Por cierto que el medio natural presentaba al tiempo de la conquista niveles de alteración según las actividades desarrolladas por la población humana existente, pero estas no habrían significado una presión insostenible para los ecosistemas (6).

La historia de las transformaciones del paisaje ecológico en Chile durante la época colonial podemos periodificarla en dos grandes etapas. La primera, el primer ciclo colonial, comprendería entre la segunda mitad del siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, en donde las mayores presiones sobre la cubierta vegetacional nativa se debieron a las demandas del asentamiento hispano y a la guerra de Arauco. El segundo ciclo colonial comprendería desde finales del siglo XVII hasta comienzos del siglo XIX, donde las mayores transformaciones paisajísticas se debieron al avance de la roturación agrícola, la fundación de nuevas ciudades y el auge minero en la Zona Central y el Norte Chico.

En los primeros cincuenta años de conquista hispana, las transformaciones ecológicas se circunscribieron al espacio comprendido desde la ciudad de La Serena por el norte, hasta el río Maule por el sur, y a la zona de la Frontera (7). En la zona norte, los primeros asentamientos produjeron un impacto en las desembocaduras de los mayores cursos fluviales de la región, donde se asentó gran parte de la población (La Serena 1544--río Elqui), y desde allí, río arriba por las quebradas y valles transversales donde fue avanzando la acción antrópica. Tanto en esta zona como en la cuenca de Santiago, diversas especies nativas fueron requeridas por su calidad para la construcción, para uso de energía calórica al interior de las casas, para su alimentación (con la recolección de frutos de especies que las sociedades indígenas consumían, como el algarrobo, tamarugo, chañar, etc.) y para las primeras actividades de laboreo y fundición mineras.

El fuego y la tala, iniciados en los alrededores de los centros poblados, fueron algunos de los primeros mecanismos que trajeron como resultado la disminución de la vegetación nativa. Las primeras villas y poblados requirieron abundante madera para construir los edificios públicos, las iglesias y las casas de los vecinos, los cuales debían pedir una licencia al Cabildo para cortar una determinada cantidad de madera que necesitasen, aunque la mayoría de las veces la tala se realizaba sin control y a espaldas de las autoridades fiscalizadoras. En los alrededores de la ciudad de Santiago de Nueva Extremadura, por ejemplo, luego de la primaria organización del asentamiento surgieron entre los vecinos frecuentes disputas sobre el control y uso de los recursos forestates, que quedaron consignadas en las Actas de su Cabildo. A través de estas páginas podemos leer, como se dejó por escrito, una gran cantidad de peticiones para cortar madera en los alrededores de la ciudad y, al mismo tiempo, cómo se organizó la tala a través de permisos y prohibiciones, debido a que muy tempranamente (1552) se reconoció que se estaba haciendo gran daño en los "montes" (8) cercanos:

"... por cuanto se tiene noticia que en el monte de esta ciudad que viene señalado por el señor gobernador por proprios y baldios de ella, se ha cortado mucha madera sin licencia y con ella, por manera que dicen que hai gran daño hecho en el monte; lo cual es contra las ordenanzas de esta ciudad ..." (9)

El Cabildo de Santiago comenzó desde muy temprano a tomar control sobre el tema de la tala de la foresta, aceptando su corta solo para la edificación y prohibiendo su comercialización como un bien, quizás previniendo situaciones de monopolio que se hayan dado en otros lugares de América o en España. Si bien las medidas del Cabildo santiaguino contra el "daño" que se estaba haciendo a los bosques de la ciudad tendían a proteger a la vegetación (10), también había otro problema con el cual esta institución vecinal habría de toparse durante muchos años: el tema de la propiedad de las tierras y recursos americanos. A pesar de las drásticas penas que se impusieron contra la tala sin permiso, el Cabildo reconoció en 1559 que quienes cortaban madera todavía lo hacían sin las indicaciones de protección, sino que ... cortan el árbol hasta el nacimiento, de que es muy gran daño y perjuicio, porque en breve tiempo se acabarían los montes ... (11). Veinte años más tarde se vuelve a repetir que los montes estaban siendo destruidos y que pronto quedarían desolados, por lo que se ordena en 1582 que no se corte madera de los montes cercanos a la ciudad (precordillera) y se vaya más allá del Maipo hacia los valles de Llupeo y Talagante y hacia los montes de Cachapoal. Armando De Ramón, al referirse a los materiales de origen vegetal que se utilizaban para la construcción y preparación de la vivienda en la época colonial, señala que un indicador de que la tala indiscriminada había continuado y que las maderas de ciertas dimensiones comenzaban a escasear en los alrededores de Santiago, eran las adquisiciones de madera de alerce y ciprés que se empezaron a traer desde Valdivia durante el siglo XVII para construir y reconstruir la ciudad (12).

Pedro Cunill, en uno de los primeros estudios histórico-geográficos acerca de los factores de la destrucción del paisaje nacional en la época colonial (13), señala que la tala junto a los sistemas de recolección, caza y pesca hispanos habían sido simplemente modos de vida depredadores. Estos coexistieron con las actividades económicas tradicionales, siendo determinantes en el proceso de destrucción de la flora y fauna autóctonas. Este autor menciona además que en cuanto a la corta de madera, los españoles fueron proveyéndose de ella a medida que se fueron desplazando en la real ocupación del territorio, por lo que existiría una relación entre el inicio de la degradación de la vegetación nativa en una localidad con la fecha de fundación de una villa y el asentamiento efectivo de una población.

En el primer ciclo colonial, la presión sobre el bosque nativo de las zonas del Norte Chico y Central tuvo una característica: fue selectiva. La sociedad hispana explotó aquellas especies que le fueron útiles mientras que el resto fue quemado. Se prefirieron, por ejemplo, especies como patagua y canelo para la construcción, que se ubicaban en cantidades en la cuenca de Santiago; quillay por su corteza; palma chilena y algarrobo por sus …

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