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La pregunta por la identidad constituye un tema de larga discusión en el continente. Hoy adquiere relevancia ante el proceso de globalización, el desarrollo de nuevas tecnologías, la crisis del Estado nación, entre otras transformaciones que afectan y cuestionan los referentes de sentido para la construcción identitaria y los modos de vida establecidos. Ante la homogeneización que pregona la actual globalización surgen voces resistentes desde los grupos identitarios que intentan rescatar lo propio. Sin embargo, el problema es que estos grupos generalmente se estancan en la resistencia, viéndose entre sí muchas veces como enemigos, sin encontrar canales de comunicación que les permitan configurar un espacio cultural de comunicación y transmisión de proyectos de cambio social. El tema que plantea este trabajo se relaciona con que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación pueden convertirse en herramientas para la generación de un espacio cultural, permitiendo transmitir a través de ellas una imagen de lo latinoamericano, como en algún momento lo hicieron la radio o la televisión. En el contexto actual de globalización y de configuración de redes tecnológicas, culturales, sociales y políticas, es necesario pensar cómo hacer visible a América Latina en esas redes, y cómo, desde ese espacio, transmitir proyectos comunes que permitan configurar un espacio cultural común en medio de la red, que permita relacionar el uso de las nuevas tecnologías con la construcción de identidades colectivas.
I. Introducción
La discusión acerca de la identidad está muy de moda por estos días en la región. Como señala Larraín, la problemática de la identidad se hace más fuerte y visible en momentos de crisis de identidad, y hoy se hace presente en el marco de la tan anunciada crisis de la modernidad 1. En América Latina la identidad predominante sustentada en torno al Estado-nación se ha visto fuertemente golpeada por el proceso de globalización y la crisis de los Estados nacionales, que dejan a esa identidad, que había logrado crear un imaginario común, sin su fuente de sentido.
En la configuración de ese imaginario común nacional, las tecnologías jugaron un importante papel como herramientas que permitieron configurar y difundir una idea de nación, donde los latinoamericanos pudieron reconocerse. En este sentido, los medios de comunicación de masas pasaron a ser instrumentos de mediación, de acuerdo con lo que señala Martín Barbero, entre discursos que venían desde el poder y discursos reelaborados desde "las masas". La sociedad encontraba en la radio y luego en la televisión, espacios e imágenes de lo latinoamericano que incorporaban en la configuración de su identidad individual, pero sobre todo, colectiva.
La pregunta que hoy surge ante la entrada de la globalización, las nuevas tecnologías, la crisis de la modernidad, de los Estados nacionales y de la idea misma de identidad nacional, es cómo volver a configurar ese imaginario común donde sea posible reconocerse, pero ya no como una nueva versión de lo que esa identidad nacional significó en términos de homogeneización, sino en el sentido de un imaginario común que permita crear canales o redes de comunicación entre identidades heterogéneas. El papel que jugaron las industrias culturales en la configuración de ese imaginario común durante casi la mitad del siglo XX hoy puede ser retomado en el marco del desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación, creando espacios donde lo latinoamericano se haga visible y donde sea posible constituir un proyecto de sociedad. Pero, sin embargo, según lo que veremos en el desarrollo de esta discusión, aún queda mucho por hacer, un largo camino por recorrer y espacios por conquistar.
I. La oposición entre la red y el yo: la separación del mundo simbólico y el mundo instrumental
Para Manuel Castells, la dinámica que mueve a la sociedad actual se relaciona con la oposición entre la red y el yo. La globalización económica, junto con las nuevas tecnologías de la información y la ideología capitalista neoliberal adquieren un ritmo de avance y desarrollo que produce su desligamiento de las otras esferas de la sociedad. Y de esta manera, la lógica económica parece dominarlo todo e imponerse sobre otros criterios. Frente a la rapidez del desarrollo de estos elementos, surge otra fuerza en oposición relacionada con la búsqueda y afirmación de identidades, las que se configuran principalmente como formas de resistencia frente a la lógica homogeneizadora de la globalización que intenta incluirnos a todos bajo la idea de "aldea global".
Touraine señala al respecto algo similar: Nuestra cultura ya no gobierna nuestra organización social, la cual, a su vez, ya no gobierna la actividad técnica y económica. Cultura y economía, mundo instrumental y mundo simbólico se separan (2). En este marco, el diagnóstico se relaciona con la presencia de una desocialización en nuestras sociedades, donde las mediaciones entre las identidades se han desvanecido, las relaciones sociales se hacen difusas y vivimos todos juntos en una pretendida sociedad mundial interconectada pero paradójicamente separados por nuestras diferencias, ya sean étnicas, religiosas, de edad, sexo, etc. La pregunta planteada por Touraine, ¿podremos vivir juntos?, es aclaratoria de esta situación, ya que lo que hace falta aquí, como también lo señala Castells, es concebir el tema de las identidades de otra manera, ya no como la imposición de una identidad homogénea que engulla las diferencias, a la manera de la identidad nacional, sino que se trata de buscar espacios comunes que permitan la comunicación entre las identidades para generar proyectos comunes de sociedad.
Castells realiza, en este contexto, un análisis acerca de cómo se están configurando las identidades en medio de los cambios que introduce la globalización y el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Si bien el punto de partida de los análisis de Castells es la tecnología y las transformaciones que su desarrollo actual están produciendo en la sociedad, señala que la tecnología no puede definir el rumbo de una sociedad y, por lo tanto, si bien la tecnología ha producido cambios importantísimos para nuestras sociedades, la forma en que las culturas y las personas se apropian de la tecnología también es determinante en este proceso de cambio societal. El desarrollo de las TIC (3) ha posibilitado en gran medida la última ola globalizatoria del capitalismo, siguiendo a I. Wallerstein, que es la globalización actual que conocemos, y este proceso ha tenido impactos no solo en lo económico, sino que también en lo político, con el debilitamiento de los Estados-nación, y en lo cultural y en lo social, principalmente con las transformaciones en las relaciones de la experiencia (4), en …