AccessMyLibrary provides FREE access to millions of articles from top publications available through your library.
Create a link to this page
Copy and paste this link tag into your Web page or blog:
En el presente trabajo pretendo abordar desde una perspectiva de género la vida y obra de la poeta novohispana sor Juana Inés de la Cruz, con el objetivo de precisar el yo escritural femenino y su relación con el sujeto vivencial en la vida y obra de sor Juana. La hipótesis que propongo relaciona la apropiación del cuerpo y la palabra con el nacimiento de un sujeto femenino, que deriva en un "yo" escritural y político. Por otro lado, y como parte de un objetivo específico, pretendo dilucidar los mecanismos que utilizaron las mujeres de las clases aristocráticas para acceder a los espacios públicos y el poder. Con dicho objeto considero de suma importancia la obra de sor Juana, pues en ella se revela el anhelo por constituir un yo femenino auténtico, reciclado del discurso barroco que las agencias de dominio han impuesto a la sociedad colonial. La fénix mexicana, a mi criterio, resignifica los símbolos del discurso y el espacio, apropiándose de los mecanismos de fuga. Para complementar este estudio, he utilizado algunos casos de monjas americanas contemporáneas a sor Juana, como es el caso de la monja chilena sor rsula Suárez, pues en ella se encuentra del mismo modo la ambición de constituirse en un sujeto político y, con ello, acceder a espacios de autoridad y prestigio.
El trabajo se encuentra dividido en dos partes fundamentales; la primera, titulada El Cuerpo, determinará la influencia de éste en la conformación de un sujeto y su apropiación y territorialización como signo de soberanía. La segunda parte se titula La Palabra, comprendida como signo de la individuación y de un reconocimiento público. La verbalización conlleva a la creación y ésta es siempre una subjetivación. La palabra es demiúrgica y quien la formula, un "ser".
Introducción
Sor Juana Inés de la Cruz se movió con habilidad entre estos dos mundos, traspasando el ámbito privado del convento y deslizándose cautelosamente en un juego de máscaras, tanto en palacio como en las tertulias del locutorio. La fénix mexicana se movió en este juego de máscaras y de disfraces, ya fuera dama de la corte virreinal o monja en un convento al servicio de la corona. Cómo poder descubrir su fuero más interno?; cómo no confundirlo con uno de sus tantos disfraces?; cómo no hacerse la pregunta acerca de la autenticidad de la obra escrita de sor Juana?; reproducción de un estilo o innovación barroca? Ciertamente no es tarea fácil responder a estas interrogantes, porque Juana, tan próxima al modelo barroco tridentino, se distancia inadvertidamente hacia el abandono y las soledades del alma moderna. El avis raris es un monstruo exhibido en un teatro palaciego, no como modelo, sino como la excepción. Ella es un sincretismo ecléctico, de muchos influjos, de muchos saberes. La sociedad de su tiempo es sincretismos y mestizaje, posee una vitalidad movediza, siempre inquieta. No solo existe un aleccionamiento desde arriba, desde la cúspide de la pirámide social, evangelizando, fiscalizando, corrigiendo si es necesario, sino también, desde abajo, desde las castas inferiores, donde el discurso oral tiñe de matices las capas de este edificio. No es solo la sangre la que se mezcla dando origen a la Nueva España, sino también las ideas, los antiguos ritos, los antiguos miedos. Y en todos estos ámbitos la poeta asume roles distintos, como un disfraz.
La hipótesis estructural de este estudio relaciona la apropiación del cuerpo y la palabra con el nacimiento de un sujeto femenino, en el caso de Juana, que deriva en un Yo escritural y potente. A esta hipótesis central le sigue el nacimiento de muchas interrogantes que no sé si podrán ser todas bien resueltas en el transcurso de este estudio, como por ejemplo, si el yo de sor Juana, que defiende enérgicamente su derecho a la búsqueda del conocimiento, posee un fuerte matiz femenino. O por otra parte se define como un yo antropocéntrico, ya que el alma, asimilada con su yo, no tiene sexo.
El trabajo se encuentra dividido en dos partes fundamentales, la primera titulada, El Cuerpo, determinará la influencia de éste en la conformación de un sujeto; su apropiación, por parte de las mujeres, como un signo de soberanía pública y emocional, conlleva necesariamente, a mi juicio, a la apropiación de la palabra como puente necesario para expresar la conformación de este sujeto femenino. La segunda parte del trabajo se titula La Palabra y se relaciona íntimamente con el cuerpo y la conquista de éste por parte de las mujeres. La palabra es el signo de la individuación y de un reconocimiento público. La verbalización conlleva a la creación y ésta es siempre una subjetivación. La palabra es demiúrgica y quien la formula, un "ser".
Aunque mi primer deseo era determinar el modelo seguido en la conformación del sujeto por parte de las mujeres en la América hispánica colonial, he decidido, en última instancia, y agobiado por las pocas luces que iluminan este estudio, abocarme a la vida y obra de una sola mujer, la décima musa, sor Juana, advirtiendo, tal como lo señala la estudiosa Margo Glantz, que la realidad de sor Juana, su palabra, sus pasiones y el sujeto que nace en sí, su alma, están fuertemente determinadas por una realidad poco usual, una realidad invertida, esta es la corte virreinal, donde las reglas convierten lo monstruoso en fenómeno. Es por ello que he deseado matizar este estudio con algunas comparaciones de la vida y obra de otra monja americana, pero no intelectual, ni cercana a una corte fastuosa, me refiero a Ursula Suárez, monja chilena contemporánea a la poeta novohispana, quien en su relación autobiográfica redefine signos y señales similares a las advertidas en la obra de la poeta, al momento de delinear los contornos de una identidad y la conformación de un sujeto. Aunque en rsula Suárez no sea la búsqueda del conocimiento el signo determinante de una individuación, sino el linaje y el esfuerzo por alcanzar el señorío y convertirse en una "domina". Aun así, los procesos y el discurso utilizado por ambas mujeres son similares. Ya sea el conocimiento o el linaje en amabas mujeres el anhelo de apropiarse de sí mismas y expresar la individuación de un sujeto es tan fuerte que se sienten obligadas a escribir y expresar su subjetividad. La escritura que en principio puede ser forzada y penitencial, como en el caso de sor rsula, o como intercambio de favores políticos, como en la obra de Juana, deviene rápidamente en expresión del sujeto y del yo escritural.
El cuerpo
El cuerpo es el último espacio de soberanía, porque éste no es únicamente una entidad biológica, sino también reflejo de las estructuras sociales y morales. Existe una íntima relación entre lo que los teóricos han llamado el cuerpo social del Estado y el cuerpo de los individuos. Las analogía son variadas, el Estado es un cuerpo cuyo poder se centra en la cabeza, signo patriarcal del soberano. Michel Foucault señala que las relaciones de poder en los espacios públicos se sostienen en la vigilancia y el castigo sobre el cuerpo. Cualquier trasgresión en el ámbito privado es una afrenta directa al poder. El castigo y el ritual del suplicio son elementos esenciales de cohesión, la unidad de este cuerpo social se equilibra sobre el temor a la dispersión. Pero "los rituales del suplicio" también revisten de otro significado, es la ocasión para que el pueblo ejerza también una cuota de poder, ya que el delito ha trastocado a toda la sociedad, es responsabilidad no solo del gobernante de aplicar justicia, sino también es necesario que el pueblo encause su ira hacia el cuerpo del trasgresor. Mediante este procedimiento, en el cual tanto el pueblo como el gobernante se hacen partícipes del poder y de la sanción, el castigo se convierte en justicia y abandona el ámbito de la venganza (1).
En todo esto, el cuerpo es el objetivo a vigilar y custodiar, como el espejo en cual se refleja el poder. Es en si una propiedad del Estado y del sistema patriarcal. George Duby señala, en su historia de las mujeres del siglo XII, que la Iglesia, como normadora de la institucionalidad, se abocó en Occidente hacia el control de lo que consideraba la base estamental de todo el cuerpo social, la familia, el matrimonio, la sexualidad y el cuerpo de los individuos. Y es que la sociedad occidental no ha descuidado en lo absoluto los espacios privados. Mediante los decretum cívicos y religiosos, las confesiones privadas y el sacramento matrimonial, las agencias del poder extendieron redes de control hacia los individuos, sus cuerpos, ideas y emociones. (2)
En este sistema de enajenación del cuerpo, las mujeres han sido consideradas cercanas a la naturaleza y la materia, en tanto los hombres se asimilan al logos y al espíritu. Por ello se le teme al cuerpo de las mujeres, al que se considera misterioso y desordenado. Lilith, la primera mujer bíblica, es el símbolo patente de las fobias misóginas, lleva en sí los desórdenes comunes a la naturaleza femenina, es voluble, violenta, misteriosa y sexual. Cuando Adán le ordena asumir una posición pasiva en la relación, ésta se niega, desea controlar, dominar al hombre. Adán intenta violar a Lilith y ésta en el máximo acto de …