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El propósito de este trabajo es caracterizar la situación de la tecnología transgénica en Chile y sus posibles implicancias éticas. La idea es señalarla como un fenómeno tributario del avance técnico-científico de nuestra época y, desde este prisma, ofrecer una visión objetiva que genere espacios de discusión en torno al tema.
Nuestra plataforma teórica la obtendremos del pensamiento de tres relevantes filósofos alemanes: Nietzsche, Heidegger y Jonas, quienes reflexionaron, con profundidad, sobre la figura que la técnica y la ciencia han adquirido en la hora actual.
1. Marco teórico para el análisis
En un célebre curso, dictado en Friburgo, en el semestre de invierno de 1955-1956 (1), Martín Heidegger desarrolla un interesante análisis del estatuto ontológico de la existencia contemporánea. Este pensador, realizando una suerte de radiografía de la forma que tiene el hombre de vivir sobre la tierra, diagnostica un fenómeno de consecuencias insospechadas para la humanidad: una excesiva supeditación del hombre al paradigma técnico-científico imperante, producto de un desvío --tan silencioso como esencial-- que ha tomado la historia humana en su camino.
El filósofo nos dice, a este respecto, que podemos comprender bien lo anterior si logramos atender con cuidado al verdadero sentido de la técnica, esto es, si apuntamos a descifrar su ser, su composición esencial. Entendiendo, básicamente, que la técnica es una creación humana, podemos advertir que ésta tiene como fundamento de su constitución la reducción del mundo a la representación del hombre como sujeto (2). Lo anterior, significa --para Heidegger-- que dicha constitución del mundo de la vida no es un fenómeno más a investigar. El problema de la ciencia y de la técnica es un problema señalado, por expresar la verdadera entraña de la forma de conducirse el hombre con respecto a las cosas. Es a partir de la subjetividad, por tanto, que toda región del mundo--tanto física como simbólica-- susceptible de ser abarcada por el hombre, se provoca, se ordena y se dispone, en suma, se vuelve calculable.
Es así, entonces, que dentro de la visión heideggeriana, la técnica deja de ser mera herramienta o simple instrumento para dar paso a una consolidación más inquietante de su esencia. Ésta comienza a tomar vida propia, se aparta de su creador y lo arrastra a vivir bajo un modelo calculante (3).
Ahora bien, siendo el pensamiento calculador un pensar necesario y hasta imprescindible para el desarrollo de la humanidad es, sin embargo, para Heidegger, un tipo peculiar de pensamiento. "Su peculiaridad consiste--nos aclara--en que cuando planificamos, investigamos, organizamos una empresa, contamos ya siempre con circunstancias dadas. Las tomamos en cuenta con la calculada intención de unas finalidades determinadas. Contamos de antemano con determinados resultados. Este cálculo caracteriza a todo pensar planificador e investigador. Semejante pensar sigue siendo cálculo aun cuando no opere con números ni ponga en movimiento máquinas de sumar ni calculadoras electrónicas. El pensamiento que cuenta calcula; calcula posibilidades continuamente nuevas, con perspectivas cada vez más ricas y, a la vez, más económicas. El pensamiento calculador corre de una suerte a la siguiente, sin detenerse nunca ni pararse a meditar. El pensar calculador no es un pensar meditativo; no es un pensar que piense en pos del sentido que impera en todo cuanto es" (4). El pensamiento calculador impone, entonces, un huir del hombre ante el pensar meditativo, por considerar a éste como un ejercicio en las nubes, sin asidero ni sustrato concreto; poco eficaz y poco práctico.
De este modo, el peligro que radica en la esencia de la técnica moderna se instala en la esencia misma del hombre, emplazándolo ante una sola y única manera de pensar el mundo: el pensamiento calculador que busca asegurar suficientemente todos los objetos bajo su resguardo, de manera calculada y racional. Lo que peligra, entonces, es el pensamiento meditativo, el cual "una vez despierto, debe obrar sin tregua, aun en las ocasiones más insignificantes" (5).
Por lo tanto, lo realmente inquietante para Heidegger, no es que exista el pensamiento calculador, sino que éste se erija como el único modo de pensar posible, y que el hombre no se encuentre preparado para enfrentar, de modo meditativo, las profundas transformaciones inherentes al devenir de nuestra época.
Pensamiento calculador y pensamiento meditativo son ambos necesarios y deben ser asumidos y practicados por el hombre en su justa medida.
Por su parte, Hans Jonas también nos aporta una interesante plataforma de reflexión (6). Este pensador considera que en la época de la técnica premoderna, la idea de progreso parece no haber alcanzado al hombre. Éste no pretende más que constatar sus logros y asombrarse ante ellos; carece de toda disciplina y método comparables a la actual tecnociencia.
Entonces, la técnica premoderna --según el análisis jonasiano-- permite satisfacer las necesidades del hombre sin afectar profundamente el entorno, y sus efectos alcanzan sólo la vecindad inmediata. Como consecuencia de ello, la naturaleza representa, para el hombre, lo estable; aquello sobre lo cual aquel no tiene poder ni, por lo tanto, responsabilidad.
Es de este modo, que Jonas caracteriza la técnica premoderna como "posesión y estado"; el primer rasgo, por cuanto es resguardada como patrimonio, y el segundo, por su carácter de permanencia en el tiempo, ya que los artefactos y herramientas producidas por ella se conservan estables por largos períodos de tiempo (7).
En concordancia con lo anterior, se consolida una ética tradicional que guarda una estrecha coherencia con las características de la técnica premoderna. Los alcances de la acción humana no son amplios --ni temporal ni espacialmente--, por lo cual dicha ética regula las relaciones entre los hombres, pero no entre el hombre y la naturaleza.
No obstante, para Jonas todo cambia con la aparición de la técnica moderna. Esta es definida por el filósofo como "empresa y no posesión, un proceso y no un estado, un impulso dinámico y no un arsenal de herramientas y habilidades" (8). Jonas observa aquí una idea de progreso inherente a la técnica moderna. Como consecuencia de esta inherencia se da una relación circular entre medios y fines, la cual viene a romper el equilibrio entre las necesidades del hombre y los instrumentos tendientes a satisfacerlas.
Esta relación circular se traduce en que determinados fines que el hombre siempre ha buscado, se satisfacen de mejor manera con los nuevos medios creados por la técnica. Sin embargo, estos nuevos medios van a impulsar nuevas necesidades y, éstas a su vez, señalarán la creación de otros instrumentos --por cierto, más sofisticados-- para satisfacerlas.
Como consecuencia de esta constante dinámica circular que, …