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1. Martí, un hombre de armas y de letras
José Martí (1853-1895), mentor y actor de la revolución independista cubana (primera etapa 1878-1895; segunda etapa 1895-1898), fue un hombre "de armas y de letras", al mejor estilo clásico. De las armas dan cuenta lo que él llamó en una ocasión "la guerra necesaria" y en otra "la guerra amorosa", pues nada tenía él contra España--"yo soy un hombre sincero / de donde crece la palma"--sino contra los despóticos administradores españoles, que no permitían en Cuba libertades que en España sí se daban:
¿Del tirano? Del tirano Dí todo, dí más; y clava Con furia de mano esclava Sobre su oprobio al tirano.
Por esta guerra independentista, "necesaria y amorosa" prefirió Martí no ejercer oficialmente su profesión de abogado, pues no quería reconocer y defender unas leyes que no compartía; por esta guerra aceptó la deportación a España (25 de septiembre de 1879); por la causa de Cuba viajó a Estados Unidos, México, América Central, Venezuela (fundó aquí Revista Venezolana, llamada "primer manifiesto revolucionario en el mundo de las letras hispánicas"); poco después renunció a las representaciones consulares de Uruguay y Argentina en Nueva York, pues avizoraba sometimientos innobles a Estados Unidos; finalmente, y en síntesis, tras redactar en Montecristy, República Dominicana, el manifiesto revolucionario se dirigió a Cuba para la acción, el sacrificio y el ejemplo. Se cumplirían así aquellos versos premonitorios:
Cuando al peso de la cruz El hombre morir resuelve, Sale a hacer bien, lo hace, y vuelve Como de un baño de luz.
La acción de Martí estuvo siempre secundada por un claro pensamiento político: el de la libertad vivida en la forma más ética posible; distinguía él dos tipos de tiranías, contra la libertad y la de la libertad, porque también la libertad se hace tirana cuando llega al libertinaje: "si la libertad de la tiranía es tremenda--decía- la tiranía de la libertad repugna, estremece, espanta". Por lo mismo, señaló: " el arte de gobernar es encaminar por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en la que no hay un solo derecho mermado"; definió la política como "el arte de combinar, para el bienestar creciente interior, los factores diversos u opuestos de un país"; en fin, señaló para todo buen gobernante y como virtud cardinal, la de prever": Adivinar es un deber de los que pretenden dirigir. Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos ... prever es el deber de los verdaderos estadistas," dejar de prever es un delito público". Por cierto, estuvo entre sus ideas más queridas la del panamericanismo: "de América soy hijo, a ella me debo", solía repetir con frecuencia.
Sin las letras no hay revolución. Martí acompañó en esto la gran obra de otros libertadores latinoamericanos: Bolívar; en forma eminente, Francisco Miranda; escribió Ismaelillo (1882); Versos Libres(1882), La Niña de Guatemala (1891), La Edad Oro (1889) cuatro números de una revista para niños, Versos Sencillos (1891); Cartas a Manuel Mercado, Cartas Americanas," Discursos, Los Zapaticos de Rosa, Los dos príncipes, …