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COMO cualquier otro día, el 23 de enero de 1995 Gregorio Ordóñez --36 años-- se levantó temprano, hacia las seis de la mañana. El día anterior, mientras Ana Iribar hacía la comida, Goyo se había llevado a pasear a su hijo, Javier, de un año y medio, y luego había cenado en casa junto a su mujer, Ana. Puso la radio, se duchó y se tomó un vaso de leche. Antes de salir, volvió a su cuarto para darle un beso a Ana, como todos los días. Así fue, pero no en un día normal.
Una vez en el Ayuntamiento de San Sebastián, pegado a la Concha, el concejal del PP y presidente del mismo partido en Guipúzcoa, atendió entrevistas (habló en un programa de radio sobre el GAL) y ...