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La adopción del nuevo modelo de desarrollo neoliberal
El agotamiento del modelo de desarrollo tradicional de México, seguido a lo largo de los últimos quince años, las presiones impuestas por los bancos extranjeros para renegociar la monumental deuda externa y la consecuente crisis sociopolítica que de esto se ha derivado, provocó que el Estado mexicano abandonara su estrategia tradicional de consolidación interna a través del clásico esquema de substitución de importaciones seguido durante las tres décadas pasadas. A partir de este momento el gobierno mexicano adoptó como salida básica para el crecimiento nacional, especialmente desde 1982, el proyecto de anexión urgente al mercado mundial que propone financiar la recuperación y la expansión interna de nuestra economía a partir del incremento de las exportaciones y del aumento de inyección de capital externo.
Con este nuevo cambio en nuestra política de desarrollo, se anunció el término de la etapa paternalista y proteccionista heredada de los gobiernos posrevolucionarios, fase en que vivió inmersa la sociedad mexicana en décadas anteriores y que dio origen al "Estado Asistencial" o "Estado Subsidiador" que se caracterizó por aplicar "la teoría de que el Estado ideal sería aquel en el que todo espacio social, sin faltar ninguna (sic) área, debería estar subsidiado". (1) Así, se reconoció públicamente el fin de un programa de crecimiento y se aceptó que entramos en un "nuevo modelo de desarrollo económico", donde es necesario que el aparato productivo y político se modernice para hacerle frente a la competitividad mundial o el "ímpetu de transformación que hoy vive el mundo arrasaría nuestra patria". (2)
De esta forma, oficialmente se acepta que no podemos sobrevivir fuera de la moderna división internacional del trabajo y se intenta que nuestro país salga del antiguo eje transatlántico euroamericano que ha ejercido la hegemonía a escala planetaria en este siglo y se integre a la nueva reorganización profunda del capitalismo occidental, vinculándose con los tres nuevos polos del desarrollo mundial: el Mercado Común Europeo que está compuesto por doce países y que empezará a funcionar a partir de 1992 (Alemania Unificada, Gran Bretaña, Francia, Italia, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Grecia, Irlanda, Luxemburgo, Portugal, España y los nuevos países socialistas de Europa del Este que se anexen a este bloque); el Mercado Común de América del Norte integrado oficialmente hasta el momento por Estados Unidos y Canadá;3 y finalmente, el mercado de la Cuenca del Pacífico formado por 24 países ribereños, 23 isleños y capitaneado por los "cuatro tigres asiáticos" que son Taiwan, Singapur, Hong Kong, y Corea del Sur. (4)
Bajo dicha modalidad, el Estado crea las bases para la adopción de otro patrón de crecimiento que será el marco determinante en el cual vivirá la sociedad mexicana en el futuro.
La cultura y la televisión ante la nueva dinámica modernizadora
Frente a este nuevo panorama histórico de formación de nuevas zonas hegemónicas creemos que es central y urgente preguntarnos si con el proceso de industrialización que se generó con la substitución de importaciones de 1930 en adelante, la estructura cultural de la sociedad mexicana fue transformada rápidamente por radio y televisión para crear una mentalidad consumista, poco participativa, y una erosión de nuestra identidad nacional; ahora ¿qué nos sucederá espiritualmente como sociedad y como individuos al entrar en la fase de integración mundial y vincularnos de forma acelerada al mercado internacional sin planificar el uso de nuestros medios de comunicación? ¿qué acontecerá con nuestras estructuras de pensamiento y sentimientos cuando el país vive una etapa de retroceso cultural, de pérdida de memoria histórica y de inmadurez cerebral y ahora entrará en contacto intenso con la saturación ideológica de las nuevas hegemonías a través de las redes de televisión y del complejo del video?
Ante esta realidad, pensamos que por la irresponsabilidad que se mostró al no planificar el uso de los medios electrónicos en las últimas tres décadas, la falta de voluntad política para formar desde los canales masivos una cultura para el desarrollo, la debilidad de los gobiernos poscardenistas para defender la cultura nacional, y la complicidad de las autoridades públicas ante la penetración del proyecto transnacional en el terreno psíquico; hoy el Estado mexicano ha perdido un enorme terreno para formar, a través de las industrias electrónicas, un fuerte nacionalismo, una sólida identidad y una cohesión nacional que sirvieran como punto de despegue para el proyecto de crecimiento interno. Esto, a menos de que sucedan en nuestro país profundos cambios políticos que renueven la posibilidad de retomar los intentos de desarrollo autónomo, independiente y democrático que hoy parece que se han pospuesto.
Es decir, sin conocer y asimilar todavía a fondo las alteraciones culturales que nos produjo la conquista española hace 500 años y las mutaciones mentales que nos ocasionó desde la década de los años cincuenta la presencia de la sociedad de consumo con el proyecto de substitución de importaciones durante la industrialización nacional; ahora, de nuevo sin estar preparados culturalmente, nos vuelve a sorprender la profunda dinámica de la reestructuración económica, política e ideológica mundial con la "ola modernizante"; y nuestra sociedad, una vez más, se incorpora a ese proceso sin la creación de un proyecto cerebral propio. Esto es, sin haber resuelto sus conflictos de país …