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The fundamental assumption underlying this work, stems from the revision of the mediation processes present in the formation of public opinion phenomena. This article proposes the rearticulation of several variables already present in other theoretical and methodological distinct conceptions for the study of the public opinion. However, these variables are now integrated within a production-reproduction scheme which work along the way in which the various political actors intervene in the process and in their public expression of opinions and judgements. Media help in the process of construction of reality, articulating the various scenarios for political communication and showing the arguments which will allow the contact between the political actors involved.
El presente artículo propone revisar los fenómenos de mediación de los medios de comunicación en la formación de fenómenos de opinión pública. A lo largo de un recorrido teórico-metodológico por las diversas concepciones utilizadas en el estudio de la opinión pública y de la comunicación política, toma en cuenta variables adicionales para articularlas dentro de un esquema de producción-reproducción de la realidad acorde con el modo como los actores de la política emiten sus opiniones y sus juicios. Los medios de comunicación ayudan en el proceso de construcción de la realidad, articulando las diversas "realidades" posibles para la comunicación política y mostrando los distintos argumentos que habrán de poner en contacto a los actores de la política.
Introducción
El presente artículo explora los fenómenos de percepción de la realidad a través de los medios de comunicación como formadores de la opinión pública, y propone un esquema de análisis apoyado en algunos enfoques de mediación y de análisis del discurso, así como de algunos otros elementos de producción del imaginario político, para el esclarecimiento del complejo fenómeno de la interpretación de los fenómenos de índole política.
La propuesta anterior deriva del hecho de que tanto la opinión pública como la comunicación política han sido observadas desde marcos teóricos y referenciales diversos que analizan sólo en parte al fenómeno.
Opinión pública y comunicación política
En el caso de la opinión pública, el marco conceptual proveniente de la sociología y de la psicología social utilizado durante mucho tiempo, permitió describir y explicar fenómenos de opinión pública, pero no necesariamente entender la formación de fenómenos de expresión política expresados en la arena pública; es decir, poco ayudó a comprender el fenómeno de la mediación entre ciudadanos y gobernantes.
Durante mucho tiempo el problema de la mediación se trabajó de manera aislada del problema de la interpretación. Los investigadores tardaron algún tiempo en descubrir que los procesos de mediación-interpretación de lo que sucede con el contenido de los medios, son dialécticos, es decir que no es posible entender lo que se hace con los contenidos de los medios alejadamente de lo que los medios necesariamente hacen cuando presentan fragmentos de realidad a sus receptores.
Hoy en día sabemos que la opinión pública y la formación de opiniones entre los diversos sectores de la sociedad, en particular aquéllos que se constituyen en un momento dado como parte del electorado, son mucho más complejos. Sin embargo, todavía hacen falta herramientas metodológicas y conceptuales que permitan vislumbrar el fenómeno como simultáneo y múltiple.
Sabemos, por ejemplo, que en los procesos de formación de opinión pública intervienen diversos factores: los diferentes actores de la política que necesitan comunicarse, entre ellos, los medios de comunicación; el propio contexto político en el que se da la comunicación; los partidos políticos; el electorado; las organizaciones no políticas y no gubernamentales; el gobierno en turno junto con todos sus voceros; los líderes de opinión y otros. Cada uno aporta al fenómeno una característica singular, dependiendo del momento en que éste sea analizado. Al inicio de una campaña, antes del destape para una candidatura, después de un discurso electoral. No es fácil aislar todas las variables para encarar el problema de analizar procesos en formación.
Durante algún tiempo, los investigadores se dieron a la tarea de desmenuzar algunos de estos elementos intervinientes, pero cada elemento de análisis parcializaba el fenómeno y lo descubría ante el observador mostrando sólo alguna de sus partes. Así por ejemplo, desde la tradición clásica que ubica a la opinión pública como piedra angular de la racionalidad occidental y desde el fundamento más ortodoxo de la Teoría Política, la opinión pública es la voz del pueblo emanada a través de sus ciudadanos, misma que tiene por objeto discutir los asuntos del bien común. Desde esta perspectiva, los asuntos públicos son llevados a los ciudadanos quienes se reúnen para discutir y llegar a consensos.
Adaptando el concepto de plaza pública de Habermas, por ejemplo, a una idea más moderna, podríamos decir que la plaza pública ha sido sustituida por los medios, en los cuales se discute día con día el sentir popular (Habermas 1981).
Por otro lado, desde una perspectiva funcionalista empírica, la investigación administrativa asumió, casi de manera automática, que la opinión pública podía ser sondeada (2) y, que si la estadística era utilizada de la manera apropiada, muestras representativas de la población hablarían por boca del universo. La medición de la opinión pública se convierte así entonces, en uno de los parámetros más sensibles del sentir social, un gran avance sin duda, pero todavía no completo, acerca del panorama de la actuación de los medios de comunicación en el proceso (3) (Lazarsfeld 1968).
El análisis del fenómeno
En términos generales, en la investigación sobre medios y opinión pública se han manejado tradicionalmente cuatro reveles de análisis, que para fines de claridad resumiré --independientemente de nomenclaturas varias-- en cuatro conceptos igualmente válidos y comúnmente utilizados que son: la comunicación institucional, el discurso, las características de la recepción y los fenómenos de interpretación. Cada uno de ellos, por las características que conllevan como objeto de estudio, han sido analizados desde perspectivas diferentes, derivadas muy directamente del paradigma de Lasswell (Control Analysis, Content Analysis, Media Analysis, Effect Analysis). Sin embargo, y como mencioné antes, es necesario acotar que, aunque derivados de esta perspectiva original, la aproximación teórica ha variado articulándose de manera tradicional en cuatro niveles de análisis, que resumiré a continuación.
La comunicación institucional
Al análisis de control nos hemos acercado interpretando a la comunicación institucional desde la perspectiva del medio como empresa, es decir de la institución de medios, con condiciones específicas de surgimiento, con políticas internas, con organigramas específicos que nos dan cuenta del tránsito que debe recorrer la información desde que se elige como posibilidad de noticia hasta que finalmente se articula para salir a la opinión pública.
Así, dependiendo de las características de los sistemas de información en cada sociedad, y de la relación que estos sistemas conduzcan en una asociación abierta o no con el poder político, los medios se van a comportar ejerciendo un sistema de contrapeso al poder político o funcionando como su comparsa (4) (Lasswell 1946); de tal suerte, los análisis históricos, los análisis documentales, las entrevistas profundas, la historia de relaciones y alianzas, (5) permitieron comprender el papel que jugaban los medios en cada situación en su correspondiente función de dictar la agenda (6) (McCombs y Shaw 1972). No obstante, hoy en día se sabe que el efecto de los mensajes que nos acarrean los medios de comunicación no sólo depende de las condiciones sociodemográficas de los receptores (7) y de las condiciones de contexto en las que se lleva a cabo la recepción, perdiéndose así momentáneamente, el sustento metodológico con el cual analizar los fenómenos de producción y de recepción de los mensajes. (8)
El discurso
Para el análisis de contenido existe la perspectiva funcionalista, ampliamente desarrollada por el propio Lasswell con las aportaciones de Berelson, o bien, con algunas adaptaciones de la escuela europea, en el análisis del discurso se ha recurrido a teorías estructuralistas varias que permiten establecer la manera en que el lenguaje hace las funciones de primer mediador de la realidad interpretada, y cómo haciendo eco de un sinnúmero de niveles de utilización de léxicos específicos, el lenguaje utilizado representa la posición política del emisor de la nota, del medio institucional por el cual ésta circula, y de los intereses que ésta representa. (9) Asimismo se ha llegado a plantear que el lenguaje utilizado no sirve sino para enmascarar aquella realidad sobre la cual no se quiere proporcionar información porque no se sabe nada de ella, o porque es preferible decir que se informa sin informar. (10)
A partir de análisis diversos, se ha llegado a plantear por ejemplo, que el lenguaje utilizado para la información política seria es muy distinto del que se emplea para la nota de entretenimiento; que normalmente el funcionario habla en términos que el común de la ciudadanía difícilmente comprende; que el político enarbola una serie de argumentos que observados con cuidado pueden ser, además de aburridos, redundantes pero al mismo tiempo faltos de contenido y sustancia. En pocas palabras, que en páginas y páginas de información impresa, o en horas y horas de minutos al aire, se dice mucho y al final no se dice nada.
Las características de la recepción
En cuanto al análisis de medios, en un primero momento los investigadores se dieron a la tarea de encontrar las características de cada uno de los medios y su código muy particular de articulación de los mensajes. Así por ejemplo, se hicieron innumerables estudios acerca del comportamiento de las audiencias; sin embargo, esta perspectiva ha evolucionado para considerar no sólo al medio, sino también las condiciones específicas de la recepción de los mensajes. Las primeras teorías sobre la recepción ensalzaron en demasía el poder de la propaganda (11) al punto que le otorgaban un efecto desmedido y unilateral a los medios; sin conceder que la teoría de la aguja hipodérmica tuviera razón, se argumentó que las características sociodemográficas y psicológicas de los receptores eran las responsables del tipo de respuestas que eventualmente se convierten en fenómenos de opinión pública; siempre tomando en consideración que el electorado se parece mucho en su comportamiento al consumidor, por lo tanto en el caso de fenómenos de comunicación política o de opinión pública, es preciso manejar las mismas estrategias dictadas por la mercadotecnia (12) y la publicidad. Posteriormente aparece la idea de que los medios de comunicación establecen su propia agenda y de que la agenda está construida con dos tipos de variables: por un lado, el tipo de asuntos que pueden mantener unido al sistema …