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El Pensador (1762-1763,1767) es uno de los periódicos madrileños más leídos durante el siglo XVIII, que además continúa en España la moda de publicar semanarios morales al estilo de las populares revistas británicas The Tatler (1709-1711) y The Spectator (1711-1712, 1714) de Joseph Addison y Richard Steele. (1) En The Structural Transformation of the Public Sphere, Jürgen Habermas destaca la relevancia de las publicaciones periódicas, particularmente de The Tatler y The Spectator en la formación de la esfera pública burguesa en Inglaterra durante el siglo XVIII (42). Ésta constituye un foro de discusión en que los individuos participan de manera libre e igualitaria en el debate crítico sobre los principios, intereses, y modelos que deben gobernar su vida. En el seno de estos espacios de diálogo, surge una nueva noción de lo público compuesta por individuos que en nombre propio se reúnen a debatir y negociar asuntos de interés general. El resultado de estas discusiones constituye lo que Habermas denomina opinión pública y se caracteriza por el consenso universal con que sus miembros definen los principios que han de regular el bien común.
Según este análisis, inicialmente la esfera pública de la república de las letras no es burguesa sino que, por el contrario se inscribe en la publicidad relacionada con la representación de la corte. La clase media educada aprende el arte del debate público, crítico y racional a través de su contacto con el mundo elegante de los salones literarios que proporcionan la oportunidad para que la reflexión pública se entrene en su ejercicio. Cuando la ciudad se convierte en el centro de la vida económica, política y cultural de la sociedad civil, los grupos medianos se separan de la corte y surge una esfera pública de carácter literario que se constituye en espacio abierto para la discusión racional. En un principio, ésta se origina en los salones, tertulias de los cafés y clubes, proyectando la dinámica de sus discusiones a los periódicos. En su fase inicial, y como enfatiza Terry Eagleton: "Criticism here is not yet 'literary' but 'cultural': the examination of literary texts is one relatively marginal moment of a broader enterprise which explores attitudes to servants and the rules of gallantry, the status of women and familial affections, the purity of [...] language, the character of conjugal love, the psychology of the sentiments and the laws of the toilet" (18). De esta manera, la esfera pública del ámbito político evolucionó de la esfera pública literaria cultural y, a través de la opinión pública, el estado se puso en contacto con las necesidades de la sociedad (Habermas 14-26).
El individuo que emerge en la esfera pública burguesa del dieciocho toma conciencia de sí mismo como fuente independiente de autoridad y validación. Incluso, en ocasiones, su voz surge en oposición a los dictados del estado, hasta ese momento considerado la única forma de autoridad pública. Habermas entiende que por su naturaleza y función, la opinión pública sólo puede originarse en el contexto de una fase específica en la historia de la evolución de la sociedad burguesa. Este es el momento en que el tráfico mercantil y el trabajo social se emancipan ampliamente de las directrices estatales. De esta manera, Habermas expresa su tesis principal, según la cual el nacimiento de la opinión pública está ligado a la formación de un espacio público burgués de carácter urbano diferente de la representación del poder del estado, proceso, además, paralelo a la afirmación del capitalismo (57-67). (2)
La valiosa contribución sobre el origen y evolución de la esfera pública burguesa que en 1962 Habermas realizó al campo de la teoría e historia política ha sido recientemente revisada por historiógrafos como Joan Landes y Geoff Eley entre otros. Estos críticos concluyen que en su explicación Habermas idealiza el espacio público burgués ya que a pesar de la retórica de publicidad y accesibilidad sobre la que descansa la esfera pública oficial, Landes y Eley observan que de hecho ésta se constituye con base a un número significativo de exclusiones. Para Joan Landes, el principio clave de exclusión en Francia es la condición sexual de las personas, al entender que la nueva esfera pública burguesa se construye en oposición a la cultura femenina, artificial y aristocrática de los salones (23-8). Según Geoff Eley, las operaciones de exclusión son una parte esencial del proceso de formación de la esfera pública no sólo en Francia sino también en Inglaterra y Alemania. Tomando las conclusiones de Landes como punto de partida, Eley entiende que en estos tres países la exclusión de las mujeres está además en conexión con discriminaciones que tienen sus raíces en el proceso mismo de formación de la clase burguesa (289-94). Erin Mackie estudia en particular cómo el gusto y la moda son dos categorías que desempeñan un papel clave a la hora de distribuir las funciones, espacios y apariencias que les corresponde a los hombres y a las mujeres respectivamente en los albores de la sociedad burguesa del siglo XVIII inglés (146). Por medio de la crítica del gusto, de la moda, y de las costumbres el espacio que The Tatler y The Spectalor crean, aparentemente igualitario e inclusivo, ejerce presiones que excluyen a grupos sociales incapaces de adoptar los criterios que definen al individuo moderno de la esfera pública oficial burguesa (20). (3)
La reconsideración del concepto de clase social de forma menos dependiente de parámetros económicos y más en conexión con elementos culturales e ideológicos, que la actitud pragmática de los sociólogos de los años sesenta promueve, ofrece particular relevancia a los efectos del presente análisis sobre la formación de la mentalidad burguesa en la España de la época. (4) De acuerdo con esta línea de investigación, la clase social no se determina exclusivamente de acuerdo con categorías objetivas sino también por la manera en que sus miembros se conciben a sí mismos. Es decir, la clase social se define por el conjunto de normas, hábitos, significados, costumbres y símbolos con los que el grupo se identifica, aunque las diversas personas no compartan la misma posición en el proceso de producción (Thompson 9-12 citado en Cruz 11). Este acercamiento no implica rechazar de forma total el contenido económico del concepto de clase ya que la propiedad y el dinero son siempre signos de distinción. Sin embargo, el rango social no depende exclusivamente de los recursos económicos sino de otros factores que formarían parte de lo que Pierre Bourdieu llama "el capital cultural." Para Bourdieu, "el capital cultural" se manifiesta en el gusto del individuo y, más en concreto, en las preferencias y decisiones cotidianas relacionadas, por ejemplo, con la comida, la ropa, los libros que lee, los deportes que practica e incluso el peinado (6). (5) Sobre la función del "capital cultural," Bourdieu indica lo siguiente:
Taste classifies, and it classifies the classifier. Social
subjects, classified by their classifications, distinguish
themselves by distinctions they make, between the beautiful and the
ugly, the distinguished and the vulgar, in which their position in
the objective classifications is expressed or betrayed. (5-6)
El historiador español Jesús Cruz recuerda que el "capital cultural," sin embargo, no es patrimonio exclusivo de una clase social sino de varias y, cualquiera que sea el nombre que reciban estos bloques o capas sociales, la idea de que diferentes grupos tienen diversos hábitos de conducta prevalece (11). En un mismo espacio social se pueden identificar diversas formas de cultura que, a su vez, son producto de la interacción entre los diferentes grupos sociales. No obstante, y dado que las relaciones sociales son también relaciones de dominio, existe siempre un grupo social que impone su cultura. Esta dinámica es la que Antonio Gramsci denomina de "la hegemonía cultural" y la define particularmente como la usurpación del lenguaje por el grupo dominante. (6) Siguiendo el análisis de Gramsci, Cruz entiende que la revolución burguesa debe ser interpretada como el intento de la burguesía por pasar a ocupar la posición hegemónica en el panorama social y cultural (10). Teniendo en cuenta, por un lado, las observaciones de Habermas sobre el carácter público, inclusivo e igualitario con que la esfera pública burguesa se presenta a sí misma, y por otro, la noción de clase social…