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Resumen
En el presente artículo se hace una aproximación conceptual a la propuesta de Ciudad Educadora desde varios autores, partiendo por reconocer las transformaciones de las ciudades contemporáneas, donde se vivencia una desgarradora tensión entre la modernidad y las tradiciones, la masificación y la inseguridad y el deterioro de la ciudad como espacio público. En estas metrópolis, donde el ciudadano común ha perdido posibilidades para reconocerse, se asiste a la necesidad de construir un nuevo "civismo" que permita la vida civilizada en las ciudades. Se acude así a la "cifra pedagógica" que contiene toda ciudad, pues en ella sus pobladores también pueden aprender cómo se aprende a diario en la vida y se socializan, sin que ello signifique el despliegue de la institucionalidad y del poder disciplinario de la escuela sobre ella.
Palabras claves: ciudad educativa, escuela, cifra pedagógica, formación, civismo, ciudadano.
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UN POCO SOBRE LA CIUDAD CONTEMPORANEA
Los fenómenos culturales asociados con los medios de comunicación masiva, así como la transformación física de las ciudades que han cambiado su aire de "parroquia grande" por el de modernas metrópolis, han posibilitado la aparición de nuevos "modos de estar juntos" agenciados por valores y formas del vínculo social más seculares. La ciudad de Medellín tipifica los procesos de otras ciudades latinoamericanas en cuanto la pérdida reciente de un sentido monolítico y homogéneo con que la identificaban sus pobladores. Hoy embarga a las personas el sentimiento de que la ciudad no es "una" sola, pues en ella conviven sus complejas diversidades y contracciones, y que la ciudad ha perdido cierto aire doméstico (Jurado 2002). Se asiste, pues, a una desgarradora tensión entre lo tradicional y lo moderno, dado el generalizado sentimiento de estar viviendo una enorme presión entre unos supuestos valores que dieron cohesión y estabilidad al cuerpo social y las propuestas de modernidad, internacionalización y globalización de la cultura.
Se trata de una urbe fragmentada a raíz de la explosión de su centro histórico en medio de una vertiginosa urbanización de dimensiones metropolitanas, más visible a partir de los años setenta (Botero 1996). Así, la pérdida de centralidad del sello histórico de la ciudad, que suponía la hegemonía de unas formas de vida patriarcales de procedencia campesina, da lugar a muchos centros, a muchas formas de habitar lo urbano, sin conservar como antes "un estilo" cultural. Esto supone la fragmentación de los grupos sociales y sus identidades atomizadas, y la proliferación de una población urbana y migrante más heterogénea (Coupé 1996). Parece haberse desvanecido una sociedad disciplinaria y normatizada, donde las identidades políticas y la moral católica generaban las lógicas del orden social. De este modo, podría decirse que han perdido poder unos discursos y lógicas comunitaristas y totalizantes de establecer los vínculos sociales, y se ha pasado a una mayor autonomía de los sujetos y de las agrupaciones asociadas con su diversidad cultural. Estos procesos de transformación en la cultura urbana contemporánea han supuesto también la vigencia de normas particulares que atomizan el tejido social en medio de la masificación y la inseguridad (Sánchez 2002: 225-226) (1).
En los años setenta, con el crecimiento de la ciudad metropolitana, se perdía su antiguo ambiente provincial, donde las personas mantenían estrechos vínculos entre sí y con las figuras del poder ético, como el policía, el maestro, el cura y el médico. Con el crecimiento masificado de la ciudad, se fueron perdiendo, pues, las formas del reconocimiento mutuo que hacían de la sociedad urbana una "comunidad imaginada", donde se compartían filiaciones políticas, religiosas y morales relativamente unificadas y unificadoras.
Respecto de lo que se viene señalando, el profesor Darío Ruiz (2) dice: "La ciudad de antes de los años setenta era una ciudad pequeña, reconocible, registrable y fácilmente identificable por pobres y ricos". Se trataba de una "... ciudad manejable que se rompe en los setenta, igual que su modelo económico, y comienza el desempleo ... Era una ciudad con una cierta pedagogía de lo cívico, que se derivaba de las instituciones que hacían de la ciudad algo relativamente homogéneo, gobernable, e identificable ... Don Elías, hace 30 ó 40 años, era un viejito que presidía la Sociedad de Mejoras Públicas e iba por la ciudad de Medellín y mandaba cartas al "Colombiano": "En la esquina de Ayacucho con Carabobo, faltan dos bombillos"; esa ciudad de don Elías era una ciudad pequeña, Registrable ..." (Botero 1998: 558).
Y de la ciudad "reconocible" se ha pasado a una urbe que se vive como caótica y masificada; en ella y con el desarrollo tecnológico de las últimas décadas, se asiste a la instauración de un orden urbano al que se superpone el modelo comunicativo, según Jesús Martín-Barbero: flujo de personas, flujo vehicular, flujo de información continua y veloz. "La ciudad ya no está para ser habitada ni disfrutada por el transeúnte, sino para circular por ella sin causar atascamientos al tráfico vehicular", que ahora viene a ser la razón de ser de la ciudad para sus planificadores.
El deterioro de la vida pública no es un asunto meramente urbanístico, pues definitivamente es evidente la incapacidad del Estado para hacer efectivas sus propias regulaciones a lo largo y ancho de la nación. Y es que el Estado, tradicionalmente débil para tener presencia en un país tan vasto y complejo como Colombia, también ha mostrado, según María Teresa Uribe (Uribe 2001: 151), la "evaporación funcional" de su dimensión pública en una ciudad como Medellín, donde los ciudadanos no se sienten plenamente representados y se ven abocados a los efectos perversos de su ineficiencia de dos maneras. Primero, se alejan de lo público y se recluyen gradualmente a los "ámbitos opacos, cerrados de la casa, la familia, los pequeños círculos de amistad y el vecindario que en estos tiempos son los únicos que se perciben como los únicos seguros", y en segundo lugar, las personas asumen por su cuenta y riesgo la defensa de su seguridad y protección (Ariés 1995: 324-325) (3).
Un aspecto asociado con la transformación de la ciudad, la moral pública y la socialización de nuevos y viejos valores es la manera como las élites dirigentes y empresariales restringieron su incidencia en los ámbitos de lo público, después de mediados del siglo XX, para replegarse paulatinamente en su esfera privada. Según las apreciaciones del historiador Fernando Botero, esta "burguesía" circulaba fácilmente por las instituciones públicas y privadas de la ciudad, sin que intereses económicos, como el afán de lucro y el espíritu empresarial, excluyeran su interés personal por la ciudad y sus problemas sociales, esto es, su "espíritu cívico" (Botero Herrera 1994: 7-9) (4).
Sobre las transformaciones urbanas es pertinente referir la fascinación de la sociedad antioqueña y sus dirigentes por el "progreso", dada la presencia de su estilo ingenieril y su mentalidad pragmática, que ha sustentado una forma de gestionar la ciudad de Medellín con criterios técnicos y de planeación racionalista. Ello ha incidido en que las políticas urbanas se hayan orientado, principalmente, hacia los aspectos físicos y económicos, restando importancia a los asuntos referidos a la cultura, la socialización de los migrantes campesinos y de las nuevas generaciones urbanas, la formación de ciudadanos modernos, la ética pública, el patrimonio urbano y el medio ambiente (Uribe 1994: 17). Este desencuentro entre la construcción física de la ciudad y su edificación social se hizo más evidente a partir de los años ochenta, con las violencias generalizadas y los conflictos desbordados de cauces políticos, dejándose de lado la construcción de un "espíritu cívico" acorde con los nuevos tiempos.
En síntesis, y retomando apreciaciones de la socióloga María Teresa Uribe, el tránsito de la ciudad tradicional a la moderna y metropolitana, acontecido en las décadas de los años sesenta y setenta, ha significado grandes desajustes y conflictos sociales que desbordaron la capacidad de instituciones como el Estado, la familia y la escuela para afrontarlos, a pesar de los esfuerzos hechos en el equipamiento urbano para mejorar los niveles de vida. Medellín, a pesar de ser reconocida como la ciudad colombiana de mejores niveles de vida por su infraestructura urbana y sus excelentes servicios públicos y de transporte público, se ha encontrado, pues, sin vida ciudadana y sin ciudadanos. En ella se hace, pues, visible el urbanismo, pero no la urbanidad.
Frente a las rupturas y …
Source: HighBeam Research, Ciudad Educadora. Aproximaciones contextuales y conceptuales.