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Resumen: El presente artÃculo formula una propuesta heterodoxa del concepto de novela histórica y en particular la historia polÃtica en la literatura, a la luz de la novela Hala feliz de un joven llamado Esteban (2000), del escritor colombiano Santiago Gamboa.
Descriptores: Novela histórica; HistoriografÃa literaria; Vida feliz de un joven llamado Esteban; Gamboa, Santiago; Novela colombiana.
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No existen en español dos términos distintos que, como en inglés, nos permitan diferenciar el "conjunto de los sucesos o hechos polÃticos, sociales, culturales, etc., de un pueblo o una nación" (1) y la disciplina que se encarga de su estudio (history), de la narración de unos hechos (story), que pueden ser reales o ficticios. En ocasiones (no muchas) distinguimos una palabra de otra mediante la mayúscula, pero lo cierto es que la economÃa del lenguaje nos tiene habituados a emplear un mismo término para dos realidades diferentes e incluso, rizando el rizo, para dos realidades opuestas: tan historia es la "narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados" como la "narración inventada"; dicho de otro modo, con el filtro de la palabra, realidad y ficción se igualan. (2)
En la América hispana los hablantes utilizan el verbo historiar como sinónimo de --complicar, confundir, enmarañar--; no yerran demasiado, por cuanto la historia oficial --como en la pelÃcula homónima del director argentino Luis Puenzo-- tergiversa a menudo los hechos, aproximándose vergonzosamente a la patraña. Si el poder se mete a literato y, siguiendo el consejo que Aristóteles daba a los poetas, cuenta lo que pudo suceder en lugar de lo que efectivamente ocurrió, entonces los escritores tienen el deber de inmiscuirse un poco en la labor de los historiadores para, narrando lo que pudo haber pasado, terminar acercándose, por raro que resulte, a lo que realmente aconteció. Todo esto, claro está, sin una merma de los valores estéticos, dejando a un lado el panfleto, sin olvidar que, según Aristóteles, "la poesÃa es más elevada y filosófica que la historia, pues la poesÃa canta más bien lo universal, y en cambio la historia lo particular" (1974, 1451b). AsÃ, la cifra hiperbólica de 3.000 muertos que el narrador de Cien años de soledad diera para la matanza de las bananeras, terminó ajustándose a la verdad mucho más de lo que lo habÃan hecho las cifras oficiales; a nadie se le ha ocurrido acusar al Nobel colombiano de practicar una literatura panfletaria. En esa lÃnea, Fernando Ainsa considera que la caracterÃstica fundamental en la obra de escritores como Carlos Fuentes, Jorge Ibargüengoitia, Fernando del Paso, Abel Posse o Edgardo RodrÃguez Juliá, entre otros, es la "vocación subversiva de la ficción en relación a la historia oficial" (1997, 115).
La crÃtica ha subrayado insistentemente que la narrativa colombiana de los últimos años posee un fuerte dinamismo. Este hecho ha provocado que los marbetes tradicionalmente empleados al establecer categorÃas literarias hayan quedado obsoletos y resulten insuficientes para dar cuenta del amplio panorama de la nueva narrativa. La literatura colombiana, nos dice Luz Mery Giraldo, ha cambiado a la vez que lo hacÃa el sistema de valores, y esto ha obligado a los escritores a cambiar el punto de mira:
La convicción de que se vive en una constante crisis de valores a nivel nacional, mundial e individual, la puesta en escena de la vida nacional en confrontación con la internacional, la disolución del sujeto, la revisión de la historia y de la cultura en sus más variadas expresiones, el desarrollo de la ciencia y de la técnica, la legitimación de los saberes y de los poderes, la cada vez más caótica experiencia de la vida citadina son circunstancias que intervienen en la vida cotidiana contemporánea generando un cambio de nociones, de valores y de perspectivas (1995, Prólogo, 11).