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NEW OXFORD, PENNSYLVANIA. -- Angélica María Zavala Flores iba a entrar al cuarto raso de primaria cuando sus padres, por la ausencia de oportunidades económicas en México, decidieron emigrar al norte.
"Me gustó mucho eso, quería ir a Estados Unidos para aprender inglés y ganar mucho dinero con mis papás", cuenta Angélica María, quien ahora tiene 12 años de edad y cursa el sexto grado en la Elementary School de Bendersville, en el estado de Pennsylvania.
Pero esta niña mexicana hace tres años vivió un trauma que podría quedarle marcado para siempre, el mismo que pueden enfrentar otros hijos de inmigrantes mexicanos que trabajan en los campos agrícolas del condado de Adams: ser enviados a escuelas para niños retrasados mentales por no hablar inglés.
Angélica María nació en San Luis Potosí, y aunque no tenía las mejores calificaciones de su salón, era una estudiante promedio, "pero no una enferma mental", como dice Carmen Medina, coordinadora de la agrupación no gubernamental, Generación Diez-Siglo XXI, centro comunitario de aprendizaje que ayudó a los padres de Angélica María para que las autoridades escolares del distrito de Gettysburg la colocaran en una escuela normal y no en una para niños con problemas mentales.
"Cuando llegué aquí, primero me hizo un examen un maestro para ver cómo estaba, si necesitaba ayuda para algo. Pero después me mandaron a una escuela en la que necesitaban ayudar en todo a los niños", dice Angélica María en su relato a Proceso.
Con una sonrisa, agrega: "En esa escuela ayudaban a todos los niños, como darles de comer en la boca. Las maestras se portaban muy bien, pero unas veces los niños se portaban muy mal y, por ejemplo, te quitaban tu chamarra o tu mochila. Me llevaron a una escuela de niños enfermos, me sentía muy mal, me quería salir de la escuela, le dije a mi mamá que ya no quería seguir estudiando, que pidiera que me cambiaran a otra escuela ... me daba mucho miedo esa escuela".
El condado de Adams en el estado de Pennsylvania es una de las zonas agrícolas de Estados Unidos más atractivas para la mano de obra de los mexicanos. Pese a que geográficamente el condado es muy pequeño, el área es un bastión importante para la producción de manzanas, duraznos y fresas, además de contar con más de 30 fábricas y empacadoras de verduras y frutas, que se benefician de la mano de obra barata de los mexicanos que llegan con más frecuencia a esta zona.
Medina y una de sus colaboradoras, Amelia Contreras, supervisora de educación a domicilio de Generación Diez, cuentan que en el condado de Adams, pese a que está dando cobijo y mucho trabajo a los mexicanos, las autoridades, sobre todo las escolares, cuando llegó Angélica María a la zona--hace tres años--, no estaban, y aún no lo están, pedagógicamente preparadas para apoyar a los hijos de los inmigrantes de México.
Como se vio con el caso…
Source: HighBeam Research, El pecado: de no hablar inglés: en el estado de Pennsylvania, cuna...