AccessMyLibrary provides FREE access to millions of articles from top publications available through your library.
Create a link to this page
Copy and paste this link tag into your Web page or blog:
1. Introducción
A mi entender, la reflexión ética actual incluye dos aspectos de especial interés. Por un lado, el debate entre quienes niegan a las máximas morales toda pretensión de validez universal, porque ven su fundamento en la cultura, y quienes defienden la posibilidad de máximas cuyo fundamento resida en la razón y sean --consecuentemente-- válidas universalmente. Por otro, la búsqueda de alguna forma de recuperar la unidad entre ser y valor perdida como consecuencia de la primacía otorgada al sujeto por la modernidad.
La reflexión en torno a ambas cuestiones representa una tarea que trasciende los límites del ámbito de la teoría ética para adentrarse en la consideración de exigencias provenientes del campo de la ética aplicada. En primer lugar, porque la capacidad de manipulación técnica de la vida y del medio ambiente de la que hoy disponemos parece exigir normas morales de validez universal que la regulen; en segundo lugar, porque, la exclusión de los valores del ámbito del ser --característica de la modernidad-- constituye a la totalidad de los entes en meros medios entregados al arbitrio de la voluntad de poder.
Ambos problemas, por otra parte, se dan íntimamente entrelazados, porque el a priori como fundamento de la universalidad de las normas morales supone --precisamente-- que el sujeto es la sede exclusiva del valor.
El presente trabajo se propone revisar ambas problemáticas, sus mutuas relaciones y su posible integración en una visión de conjunto. En función de ello analizará el contextualismo de Alasdair MacIntyre, la reformulación hecha por la ética de la comunicación del fundamento para la validez universal de las normas morales y el intento de Paul Ricoeur de integrar como momentos constitutivos de la ética los aportes aparentemente excluyentes entre sí de las tradiciones teleológica y deontológica.
2. Alasdair MacIntyre y su diagnóstico referente a la situación del discurso ético contemporáneo
2.1. Esquema tripartito de la ética aristotélica y medieval
MacIntyre presenta a la tradición ética imperante hasta la Ilustración como fundamentalmente estructurada en torno a un esquema tripartito, heredado de Aristóteles. Los elementos constitutivos de este esquema serían: a) una concepción del hombre tal como de hecho es, b) una concepción del hombre tal como podría ser si cumpliera su telos y c) el conjunto de virtudes que permiten al hombre dar el paso entre a y b. La ética sería, precisamente, la disciplina tendiente a capacitar al hombre para esa transición.
Esta ética tendría un carácter teleológico, en cuanto el criterio para definir la moralidad de una máxima sería el que su cumplimiento redundara en el logro de una meta que --en el caso de Aristóteles-- está dada por la plena actualización del ser potencial del hombre y la felicidad que dicho cumplimento traería consigo. Las virtudes, por consiguiente, presentarían una racionalidad consistente en su relación con un fin que las justifica como medios ordenados a su logro. Se trataría, pues, de una ética tributaria de lo que MacIntyre llama la "biología metafísica" aristotélica, esto es, de su doctrina hilemorfista.
En la ética medieval, por otra parte, aun cuando la meta por alcanzar y el fundamento de las máximas se desplazan al más allá, se conserva este esquema tripartito y el criterio teleológico para definir la moralidad de las máximas.
2.2. La Ilustración, la búsqueda de un nuevo fundamento y la pérdida del sentido
La critica kantiana, al destacar la incognoscibilidad del ser en sí para la razón teórica y la consecuente reducción de la ciencia al ámbito del mundo fenoménico, priva a la ética de la posibilidad de un fundamento ontológico; resulta indiscernible, así, cualquier pretendido fin del hombre en cuanto tal y toda definición de la felicidad asociada al cumplimiento de ese fin. Kant, sin embargo, no rechaza las virtudes recibidas de la tradición teleológica, sino que busca para ellas otro fundamento que aporte la universalidad que no puede ya provenir de la esencia compartida; como sabemos, ese fundamento lo descubre en la razón y, en concordancia con ello, ofrece un nuevo criterio para definir la moralidad de las máximas: que se ajusten al a priori racional, esto es, que se pueda querer que se conviertan en ley universal.
En esta …