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Se propone una revisión de los postulados teóricos que han servido para definir las solidaridades léxicas, con vistas al desarrollo ulterior de su estudio. Con tal fin se comentan páginas de Walter Porzig, Eugenio Coseriu y Gregorio Salvador.
Se deducen dos posibles vías de desarrollo del estudio de solidaridades, según la naturaleza del objeto de estudio: una de ellas, basada en la observación de solidaridades provistas de expresión específica, quedaría definida como la comparación de estructuras paradigmáticas de relación habitual en el sintagma. Se apuntan observaciones factibles a tal estudio, eventual capítulo de una paradigmática del contenido.
Para una segunda posibilidad de estudio de solidaridades se intenta la reelaboración del concepto de solidaridad de contenido, en procura de un mayor rigor lexemático.
1. PUNTO DE PARTIDA: LAS RELACIONES SEMÁNTICAS DE PORZIG
En Las solidaridades léxicas de Coseriu (1977: 143-161) encontramos definido el concepto que nos ocupará.
Dicho autor postula como antecedente de su elaboración teórica, varios trabajos de Porzig, que culminan en El mundo maravilloso del lenguaje (1957) -versión castellana de 1964-.
Walter Porzig reconoce en 1934 las que llama "relaciones semánticas esenciales" o "campos semánticos elementales" (Coseriu 1977:141), y más tarde "campos sintácticos" (1957). Refiere Coseriu (1977: 143) que este autor postula tales relaciones como dadas entre dos palabras: de ahí la "elementalidad" del campo semántico. Ejemplos (1):
relacionado A relacionado B relación
1 ladrar perro agente
2 relinchar caballo agente
3 florecer planta agente
4 talar árbol paciente
5 morder diente instrumento
6 lamer lengua instrumento
7 cabalgar cabalgadura instrumento
8 pelo rubio calificativo
¿Qué tipo de relación es exactamente la postulada?
Esta clase de relación de contenido entre palabras es [...] de especial importancia para la construcción del discurso, porque hace posible la apropiada combinación de las palabras en la frase (Porzig 1964: 126).
Una relación semántica de consecuencias sintácticas, que define combinaciones apropiadas de palabras. Puesto que tales relaciones se dan en el sintagma, ella se establece usualmente entre palabras que ostentan distintos significados categoriales y funciones oracionales.
La estructura propuesta relaciona, en suma, hechos de significado léxico, sintáctico y categorial.
1.1. TIPOS DE CAMPO SINTÁCTICO SEGÚN LOS SIGNIFICADOS CATEGORIALES IMPLICADOS
Porzig repara en tres posibilidades de sus campos sintácticos, dadas las categorías en relación:
i) relación verbo-nombre
ii) relación verbo-adverbio
iii) relación sustantivo-adjetivo
En primer término hemos dispuesto el elemento que en el sintagma aparece como determinado gramatical o núcleo del segmento (A), y que soporta sintácticamente al segundo, que llamamos periferia (B).
En nuestra tabla, las relaciones 1-7, corresponden al tipo (i). El sustantivo es, respecto del verbo, su agente -situación en la que preferentemente presenta la función sujeto-; otras veces su paciente -preferente función de objeto directo ; otras es su instrumento -frecuentemente en frase preposicional encabezada por con-, etc.
En 8 hay una relación de tipo (iii).
Las relaciones de tipo (i) y (iii) son las que llaman casi exclusivamente la atención de Porzig:
Estos campos [sintácticos] están consumidos de manera que en un verbo o un adjetivo están contenidos ciertos aspectos del fenómeno, que propiamente se expresan superfluamente a veces o regularmente por una palabra especial. En morder ya está contenido diente como órgano de la acción, como también la lengua en lamer. Como sujeto de la acción está ya incluido perro en ladrar, y como objeto, los árboles en talar. También el adjetivo rubio supone el pelo al que se refiere, pues lo mismo se puede decir era rubia como tenía rubio el pelo(Porzig 1964: 125).
La relación de tipo (ii), en el texto de 1964, solo merece breve consideración del autor:
todo proceso, prescindiendo de sus supuestos objetivos, puede ser descrito por una serie de determinantes según el modo de su cumplimiento. Lingüísticamente esto se expresa de forma que los verbos sean determinados por adverbios. Tampoco éstos pueden emplearse arbitrariamente. Se puede, en alemán sanft streicheln "acariciar suavemente" o zärtlich flüstern "cuchichear tiernamente", pero no sanft essen "comer suavemente", ni zärtlich gehen "andar tiernamente", a no ser en una traslación (Porzig 1964:126).
1.2. CONTRASTE ENTRE LAS RELACIONES DE TIPO (I) Y (III)
En la penúltima cita de Porzig aparece esbozada la posibilidad de superfluidad del elemento que funciona como determinante semántico. Tal circunstancia es posible por la regularidad de un "sintagma apropiado".
Al respecto aparece una diferencia entre la relación de tipo (i) y (iii). Cuando el verbo (A) es determinado semánticamente por un sustantivo (B), B puede ser prescindible; pero cuando un adjetivo (B) es determinado semánticamente por un sustantivo (A), es A el que puede ser prescindible.
Es decir, si Porzig concibe su relación como una suerte de "campo magnético", las relaciones de tipo (i) y (iii) poseen, en principio, en el sintagma una dirección de irradiación distinta: El verbo es el imán que proyecta su periferia sintáctica (B: sustantivo); en el caso nominal es la periferia la que evoca su núcleo (A: sustantivo). Al invocar rubio, evoco pelo, y no al revés. Al invocar talar, evoco árbol, y no al revés:
La solidaridad es orientada en un sentido único; es decir que la
implicación no es recíproca. Así, por ejemplo, al. "Baum" ("árbol")
está contenido en el significado de fallen, "talar", no a la inversa
(Porzig 1964: 149).
1.3. RELACIONES ESTRECIIAS Y AMPLIAS
El verbo puede contener bien su agente, su paciente o algún otro tipo de complemento, al punto de hacer superflua su expresión. Existen
coordinaciones enteramente claras, como la de diente y morder, no son más que casos extremos en que la relación es consabida. Pero, en realidad, tienen todas las palabras un campo magnético en torno a ellas, donde sólo pueden penetrar palabras de muy determinada clase (Porzig 1964: 126).
La regularidad es pronunciada, hasta la impresión de redundancia, para la relación entre morder y diente (2). Pero otras relaciones establecidas desde verbos no parecen tan estrechas: Es el caso de talar, determinado por árbol.
La relación muestra la misma dirección, pero ya no parece redundante. Tal diferencia está dada por la amplitud del concepto 'árbol', que puede expresarse en una amplia gama de nombres (alerce, roble, bosque ...). La relación habitual o "apropiada" ya no es tan solo entre dos voces.
En cualquier caso, la relación de morder y diente, tampoco es estrictamente entre dos voces, por cuanto el segundo concepto también subordina muchas expresiones (colmillo, choclero, diente de leche ...). Pero, claro, la gama de distinciones posibles que ofrece un concepto como 'árbol' es bastante mayor.
El imán es siempre, para la relación verbo-nombre, el verbo. En verdad y esperablemente --por constituir los núcleos oracionales-- los verbos son los más poderosos centros magnéticos de la lengua:
Cuando se dice en alemán Morgen backen wir "mañana cocemos (pan)", incluye backen no sólo al Bäcker "panadero" o Bäckerin "panadera", sino también la "masa" (Teig), la "artesa" (Mulde), el "horno" (Ofen) y el "pan" (Brot) o el "pastel" (Kuchen). Esto es: los nombres de todos los complementos necesarios de un proceso se hallan contenidos claramente o ambiguamente en un grado apreciable en la determinación del proceso mismo [...] (Porzig 1964: 125).
En el ámbito nominal, pelo es un determinante semántico que puede expresarse en un conjunto no muy amplio de nombres (es decir, se acerca más al tipo diente que al tipo árbol). Puede aparecer como una relación algo redundante, pero existe igualmente un conjunto de expresiones subordinables a tal concepto --en el español popular de Chile: peluca 'melena', chasca 'melena', pendejos ...--.
1.4. DOS LÍMITES PARA LOS "CAMPOS SINTÁCTICOS
Porzig advierte que no es legítimo desprender "campos sintácticos" a partir de dos tipos de secuencia:
i) las que llama metáforas, como al. auf einem Balken reiten 'cabalgar sobre una viga';
ii) y los modismos como el al. ein Urteil fällen 'emitir un juicio', literalmente 'talar un juicio' (Coseriu 1977: 145).
La salvedad es reconocida como adecuada en Coseriu 1977. ¿Qué se pretende apartar con estos dos límites?
1.4.1. Sobre la metáfora
Con esta etiqueta Porzig aparta los usos fuertemente figurados, es decir, la metáfora que la lengua hablada no prefiere, la que no goza de su privilegio.
Tal metáfora es --en la lengua hablada-- más bien ocasional, aunque en otros registros puede ser frecuente y aun un lugar común, como en cierto tipo de literatura.
Porzig ejemplifica la especie: un dolor que muerde, las llamas que lamen, los cañones que ladran ... Son combinaciones que relacionan verbos con agentes que no les son los más habituales. Se trata de frases "excesivas y pictóricas" y "se tiene la impresión de que debe haber otra expresión más sencilla para el contenido" (1964:123). Las combinaciones habituales, ésas resultan sobrias y objetivas, y son las que generan propiamente los campos sintácticos.
Existen varios recursos para lograr la combinación metafórica: emplear voces anticuadas o bien en acepciones anticuadas, emplear palabras en otras combinaciones que no son aquellas a las que "propiamente" pertenecen (1964: 123). Es decir, la metáfora es una contravención a las irradiaciones de los campos sintácticos.
Como puntualizará después Coseriu (1977: 158-159), metáforas como el frío muerde, urbs senex, Giovanni si é maritato evocan sus determinantes semánticos habituales y ausentes, por contravención del campo magnético ('dientes', 'persona' y 'moglie').
Tal contravención decimos, o es completamente novedosa, o corresponde a un registro que no es el de la lengua hablada e informal (para Porzig los cañones ladran evoca una altisonante literatura bélica; igualmente, emplear una voz en acepción obsoleta, evoca registros obsoletos).
1.4.2. Sobre el modismo
Ein Urteil fällen es el ejemplo alemán. Coseriu lo califica como modismo o frase hecha --tal vez entendiendo por modismo la expresión idiomática de valor verbal--. En tanto traslaticiamente significa 'emitir un juicio', literalmente se entendería como 'talar un juicio'.
Entonces con la etiqueta modismo Porzig aparta los sintagmas idiomáticos, habitualmente considerados especie del discurso repetido. Dada su idiomaticidad, conjuntan voces que habitualmente no comparten un "campo sintáctico".
Se trata nuevamente de un tipo de metáfora. En el ejemplo citado, se ha trasladado el significado del verbo, tal como en los cañones ladran. La diferencia del modismo con la metáfora es que aquél sí es propio a la lengua hablada. No aparece en ella ocasional sino frecuentemente.
El modismo es una metáfora estabilizada en el léxico, que circula como bloque prefabricado en la lengua hablada. Debido a su empleo frecuente, tal metáfora puede menguar hasta el oscurecimiento su motivación.
Al contrario, el primer tipo de metáfora no es aceptada en la lengua hablada. Es percibida como afectación ---una metáfora fuerte--, y connota registros escritos o especiales. Se trata de una metáfora desafortunada en la lengua hablada. Hablar afectadamente es, en efecto y en buena medida, hablar con metáforas desafortunadas.
2. LAS SOLIDARIDADES DE COSERIU: UNA DEFINICIÓN CONTRADICTORIA
Coseriu reformula y renomina la estructura de Porzig en su propuesta semántico-estructural. Para ello se vale de conceptos definidos en otra parte de su lexemática: campo léxico, lexema, archilexema, clase y clasema (1977: 146-148):
Una solidaridad léxica puede [...] definirse como determinación semántica de una palabra por medio de una clase, un archilexema o un lexema, precisamente, en el sentido de que una clase determinada, un determinado archilexema o un determinado lexema funciona como rasgo distintivo de la palabra considerada. Dicho de otro modo, se trata del hecho de que una clase, un archilexema o un lexema pertenece a la definición semántica de esa palabra, en el plano de las diferencias semánticas mínimas (rasgos distintivos) (Coseriu 1977: 148).
No parece formulada con propiedad esta definición. Si retomamos el parangón fundamental entre lexemática y fonología que hace el propio romano al fundar su propuesta, esta definición parece contener una contradicción: tal como en fonología un rasgo distintivo es cosa muy otra que un fonema o un archifonema, un rasgo distintivo en semántica es cosa muy otra que un lexema, archilexema o clasema --aparte el hecho de que el lingüista para nombrar un sema utilice una expresión que es asociada a un lexema, archilexema o clasema--.
¿Es que Coseriu distingue dos niveles de análisis en balde? ¿O es que propone una recursividad en las estructuras léxicas? A nuestro parecer, la confusión nace cuando el estudioso pretende suprimir toda dimensión sintáctica a la estructura original de Porzig. El afán de reducir a pura oposición paradigmática una relación que es también sintagmática, produce una definición viciada.
El rumano enfoca una estructura en el puro plano del contenido. Las consecuencias en el sintagma, poco estables, no le interesan, sino es para reafirmar su perspectiva puramente semántica:
no se trata de una relación entre sólo dos palabras; ello, ni siquiera en el caso de una determinación por medio de un lexema. Así, por ejemplo, fr. aquilin se dice sólo de la nariz; pero a la nariz pueden aplicarse varias otras palabras, además de aquilin (Coseriu 1977: 148-149).
Ciertamente la definición de Porzig es digna de una enmienda, si entendemos que ella postula una relación "entre dos palabras". Más propio parece postularla como una relación entre dos polos, investidos de distinta función …