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Introducción
El dios del fuego ocupó un lugar muy importante dentro del panteón mexica a pesar de que Bernardino de Sahagún lo mencione como uno "de los dioses que son menores en dignidad". (1) Se trata de una deidad polisémica, según se ve por la gran cantidad de nombres con los que se le designa en las fuentes documentales. Sus diferentes apelativos indican que este dios estuvo relacionado con diversos aspectos de la naturaleza y con determinados conceptos cosmológicos; sus múltiples denominaciones permiten localizarlo en los tres sectores del cosmos: el cielo o ilhuícatl, la tierra o tlaltícpac y el inframundo o mictlan. (2)
De igual manera, el fuego constituyó un elemento deificado que tuvo un sitio privilegiado en la cosmovisión mexica, porque su presencia destaca como motivo central en sus mitos y ritos. Además, al asociarlo con acciones tales como la purificación, la transformación y la regeneración, todas ellas dadas en el preciso momento de la transición, fue el encargado de propiciar los cambios en el mundo, por lo que el fuego, como elemento sacralizado, definía y enlazaba los diversos ciclos y procesos sociales, naturales, rituales y míticos. Asimismo, los mexicas lo consideraron como uno de los principios fundadores del mundo, unido al concepto de inicio, pues fue el responsable de la creación del sol, astro imprescindible para la vida del mundo y de los seres que habitan en él. Por otra parte, tuvo la facultad de cohesionar a la familia, a la sociedad y al universo por encontrarse localizado en el centro, sitio desde donde ejercía principalmente su poder transformador y regenerador.
El dios del fuego y el principio dual creador
Con base en algunos de los nombres que ostenta el dios del fuego en las fuentes documentales, se puede decir que este numen estuvo relacionado con el principio dual Ometéotl, el cual se desdoblaba en la deidad masculina Ometecuhtli yen su contraparte femenina Omecíhuatl. Según la Historia de los mexicanos por sus pinturas estas dos deidades, que habitaban en el décimo tercer cielo, no tuvieron principio; (3) por eso, como dice Miguel León-Portilla, "Sólo Ometéotl -dualidad generadora y sostén universal- está en pie sobre sí mismo". (4) Entre las denominaciones del dios del fuego que permiten asociarlo con la dualidad suprema destaca la de Teteo Innan Teteo Inta "madre y padre de los dioses", forma con la cual es mencionado tanto por Sahagún como en diversos conjuros registrados por Hernando Ruiz de Alarcón en el siglo XVII. (5) También fue caracterizado como "padre y madre" del género humano, pues de esa manera era invocado en el conjuro para curar las enfermedades provocadas por el enojo del fuego y para propiciar un buen parto. (6) En relación con esto, Jacinto de la Serna menciona al dios del fuego como "padre y madre en cuyas manos nacimos", lo cual implicaría una relación de esta deidad con las entidades creadoras, es decir, lo identificaría con Ometéotl. Por su parte, el apelativo de Tocenta "Nuestro padre unitario", adjudicado al dios del fuego, hace referencia a los dos principios opuestos y complementarios en una sola entidad. Asimismo, su nombre Huehue Ilama "Anciano, Anciana" lo asocia con la deidad suprema, pues dicho apelativo denota a una deidad conformada por el principio dual creador del cosmos, es decir, por las dos fuerzas sagradas primigenias representadas como dos ancianos de sexo opuesto.
Por otro lado, su denominación Huehuetéotl "Dios viejo" indica que se trataba de una deidad de gran antigüedad tanto en el nivel histórico como en el simbólico. Históricamente, el fuego fue uno de los primeros elementos deificados en la religión de los pueblos del Altiplano Central de México, pues sus primeras representaciones como un anciano jorobado con arrugas y desdentado datan desde el Periodo Preclásico. Simbólicamente, su ancianidad se identifica con una existencia que se remonta a los tiempos inmemoriales en los que el sol actual aún no existía, ya que el primer astro en alumbrar al mundo fue un medio sol hecho de fuego. Por otra parte, antes de la creación del Quinto Sol, los dioses encendieron una hoguera a la cual se arrojó Nanahuatzin, personaje que se transformaría en el astro más luminoso.
Asimismo, su nombre Tota "Nuestro padre" revela su carácter predominantemente masculino y fertilizador. Cabe mencionar aquí que con esta denominación también llamaban al tronco del árbol que veneraban en la fiesta de Huey Tozoztli el cual, junto con el poste hincado en la fiesta de Xócotl Huetzi, representaba tanto a un falo fecundador como al árbol cósmico del centro que, por encontrarse en el eje del mundo, permitía la comunicación entre el cielo, la tierra y el inframundo.
Con base en lo anterior, podemos deducir que Xiuhtecuhtli, al igual que Ometéotl, estaba relacionado con el concepto de "principio" pero, a diferencia de la deidad suprema, al dios del fuego se le rendía un culto específico con acciones rituales bien determinadas. Además de que las ceremonias dedicadas a él tenían como principal objetivo fortificarlo para que pudiera continuar ejerciendo su poder regenerador sobre el mundo y así asegurar su continuidad.
El fuego en la tierra
Según la cosmovisión mexica, el dios ígneo estaba localizado principalmente en la tierra y, de manera específica, en el centro o quinta dirección, donde se encontraba el eje cósmico que comunicaba el cielo, desde su nivel superior, con la superficie terrestre y la capa más baja del inframundo. Por esta razón, llamaban al centro tlaxicco u ombligo y, justo en ese lugar, ubicaban la habitación del dios del fuego. Por ello, esta deidad podía manifestarse en los tres sectores del cosmos, desde los cuales incidía sobre la naturaleza para propiciar su regeneración periódica.
Los nombres del dios del fuego que hacen referencia a su localización en el centro de la tierra y del cosmos son Tlalxictentica "el que está llenando el ombligo de la tierra" y Tlaxicco Onoc "el que está echado en el ombligo o centro". (7) Por otra parte, al dios del fuego también lo localizaban en las cuatro esquinas del mundo, según lo indica su nombre Nanhyotecuhtli "Señor del conjunto de cuatro" o "señor de las cuatro direcciones". Por esta razón, cada cuatro años en la fiesta de Izcalli, los mexicas sacrificaban en su honor a cuatro cautivos que lo representaban vestidos con su atuendo, cada uno con un color diferente: blanco, rojo, amarillo y verde, (8) colores que correspondían a cada una de las cuatro direcciones del plano terrestre.
El fuego en el cielo
La asociación del dios del fuego con el cielo se advierte, en primer lugar, porque uno de los significados de Xiuhtecuhtli era "Señor de la Turquesa", color que los mexicas asignaron al cielo diurno. Por otra parte, según la Historia de México, Xiuhtecuhtli se localizaba en la primera capa celeste, mientras que en la Historia de los mexicanos por sus pinturas se menciona que en la quinta superposición se encontraban las culebras de fuego o xiuhcóatl que eran hechas por el dios ígneo y de las cuales salían las señales del cielo y los cometas. (9) Asimismo, el fuego estuvo muy relacionado con el sol pues ambos compartían la xiuhcóatl. Así, en códices como el Borbónico, el Tonalámatl de Aubin, el Florentino y el Matritense del Real Palacio, Xiuhtecuhtli lleva en su espalda a la serpiente de fuego que es su distintivo, y este mismo elemento aparece bordeando la imagen del astro rey en la Piedra del Sol. En relación con lo anterior, en la Leyenda de los …